La cosa no es sencilla pero tampoco imposible, repetía el abad. Todo es cuestión de empeñarse. Lo que hace falta es intensidad, compromiso y paciencia pues ya nos acercamos, solo falta un paso. En realidad, el maestro ya lo había dicho todo. No obstante, su obra tenía que ser aclarada, sistematizada, purificada. Solo así llegaríamos al ansiado conocimiento, a descubrir la fórmula de la felicidad perdurable. (more…)
Mi padre hacía orgullo en torno a no recordar su infancia. Decía que no le interesaba. Solía pensar: el pasado es solo un lastre. No obstante, no podía dejar de recordar la terrible agonía de un hermano menor, cuando él –mi padre- tenía solo tres años. Y, además, tampoco podía olvidar una horrible injusticia, el maltrato de un indio, que a él le tocó presenciar, horrorizado. Allá en su Huancabamba natal. (more…)
Lo sabía, aunque no se hubiera dado cuenta. Cierto, toda su vida había sido la búsqueda de algunas frases que lo cambiarían todo. ¿Una fórmula? ¿Una oración? ¿Un conjuro? No lo sabía pero tendría que ser algo compacto y poderoso. Un texto que transformaría su vida y, quizá hasta el propio mundo. Lo suyo, eso lo supo desde siempre, no era entonces acumular una erudición que lo engalanara. Era verdad que leía desde niño, metódicamente. Pero dejaba que lo leído fluyera sin esforzarse en retenerlo. Suponía que todo iría acomodándose en ese texto pequeño pero decisivo, en esas frases que algún momento habrían de cristalizarse en su mente. Sería como una irrupción, de eso no podría dudarse. (more…)
Los (des)arreglos de la pareja moderna
El matrimonio burgués suele ser un contrato de venta de servicios sexuales a cambio de ternura, protección y dinero. Para empezar, el deseo está desalojado del cuerpo femenino. Eso significa que, en el campo de lo erótico, la esposa o compañera es un objeto para el otro; es decir, está en la cama para que el hombre patriarcal escenifique su deseo, esa mezcla de ternura y violencia que la mujer burguesa finge acoger con gusto. En todo caso, el control de la sexualidad es el arma con que la mujer negocia su posición en la relación de pareja. Y su gran recurso es su capacidad de hechizar el deseo masculino. Y el hacer, y dejarse hacer, tiene, desde luego, su buen precio. (more…)
En la última semana dos veces he estado expuesto al lente fotográfico. Se trataba de ilustrar entrevistas en periódicos con mi imagen. Las entrevistas eran sobre cosas sesudas. Y me imagino que las fotógrafas quieren presentar una imagen de mí acorde con la expectativa de cómo puede ser un hombre que pretende decir cosas sesudas. (more…)
Tenías razón al sospechar que tu pensamiento, buscando acercarse a la vida, se había extraviado por senderos que se alejaban de ella. Me refiero a varios textos recientes donde reflexionabas sobre el narcisismo. Hiciste tuya la idea de que el objeto que ama el (supuesto) narcisista no es tanto su realidad inmediata cuanto una imagen idealizada de sí mismo. La observación viene de Freud y Lacan, pero también está en otros autores, desde fines del siglo XIX. La idea implica que, a medida que la criatura humana se desarrolla, mucho de la libido deja de centrarse en su propio cuerpo y, como efecto de sucesivas intervenciones de la autoridad, ese erotismo es reconducido hacia otros objetos que resultan más alejados de lo inmediato y sensible. Esos otros objetos son los ideales que fundan la sociedad, las metas que se imponen sobre los individuos. A cambio de la obediencia, la sociedad promete un reconocimiento social que sostendrá el sentimiento del propio valer. No obstante, esa sumisión no es ninguna garantía de felicidad. Resulta que el precepto de ¡cumple tu deber, se bueno, y serás feliz! es un engaño. (more…)
Me dices que el cristianismo es opresivo. Crees que sus valores son tan exigentes que terminan por ser inhumanos. Entonces su gente, y tú entre ellos, vive maniatada, casi sin moverse, pero, a la vez, soñando, perdida en consuelos imaginarios. En esas condiciones, continuas, es muy díficil saber quien se es realmente. Un cristiano, como tú aunque seas agnóstico, está sepultado por una buena voluntad que ni siquiera es la suya.
Pero también me dices que el ser humano te da vergüenza. La tentación del mal es fuerte, la lucidez, escasa, y el placer, furtivo. ¿Y el dolor? El dolor está por todas partes. Piensas que, arrojada a la vida con tan pocos recursos, la criatura humana está, definitivamente, condenada a la infelicidad. (more…)
Necesidad e imposibilidad de juzgar
La posibilidad de juzgar parece evidente. Ese es un violador que se aprovechó de su fuerza para gozar a una niña. Una vez capturado dice que la pasión fue más fuerte que su conciencia. Implora la piedad que no tuvo para que su condena no sea tan drástica. Tales confesiones me perturban pues no puedo descartar totalmente su argumento. (more…)
La ciencia del cuidado
Seguir tratando, siempre;
aunque tampoco se pueda del todo
Capítulo 1 ¿qué hacer con el orgullo?
Al borde de cumplir los 57 soy demandado por la gente. En Chiclayo, en el contexto del Congreso Nacional de Sociología, muchos jóvenes se quieren fotografiar conmigo, me piden autógrafos. Me apresuro a complacer pues es cuestión de cortesía y buena educación. (more…)
- “Al venir al mundo, lanzaste un gran grito, sin la menor traba, pero más tarde te has visto estrangulado por toda clase de reglas, de ritos y de principios educativos. Tienes por fin la dicha de gritar libremente. Cosa curiosa, no oyes tu voz. Con los brazos abiertos, gritando, jadeando, afanándote, corres, sin percibir ningún sonido.” Gao Xingjian. La montaña del alma
En la Metamorfosis de Ovidio, la versión clásica del mito, Narciso está llamado a un futuro trágico pues su belleza es tan deslumbrante que termina por ser mortífera. La perfección del recién nacido es una interrogante para sus padres. Consultan, entonces, a Tiresias, el adivino. El pronóstico es claro. La situación de Narciso es problemática. No queda más que luchar contra el destino. Puede vivir solo si ignora su hermosura. Por tanto, los padres lo alejan de los espejos y tampoco sostienen su mirada. La salvación de Narciso es no saber como es. (more…)
Respuesta a un autor sin lectores
Aunque sean banales, los problemas que me cuentas no dejan de ser interesantes. Incluso su misma trivialidad los hace ridícula, profundamente, humanos. Te quejas de que el éxito que tanto añoras no llegue pese a tanto esfuerzo. Por más que te rompes la cabeza tus libros no logran audiencia. Entonces envidias la resonancia que otros han logrado, según tú, con mucho menos empeño. No sabes a qué atribuir tu desgracia. A veces, piensas que el mundo está tan equivocado que no vale la pena seguir viviendo. Pero, en medio de tanta insatisfacción sigues escribiendo. Y, según me dices, no dejas de (more…)
Las olas del mar me dejaron en las puertas de tu casa. Mis tobillos estaban atados a mis muñecas. Una capucha cubría mi cabeza. Los torturadores habían trabajado mi cuerpo antes de abandonarme por muerto en el océano. No sentía nada, era como un sarcófago vacío. Por qué la vida se habrá aferrado en mí, me interrogaba vanamente. Amaneció. Era verano y comencé a sentir el calor en mi piel. De pronto a través de la tela puede ver tu figura. Eras todo lo que había imaginado para ser feliz. La ilusión me pasmó. Ese futuro que se abría también me pesaba. Bajaste las gradas y te acercaste a una cauta distancia. Yo quería adivinar palabras de compasión pero asustada gritaste: ¡saquen de aquí esta basura!
Se trata de un sueño que tuve una y otra vez
Camino sin rumbo por una amplia plaza peatonal circundada por edificios de unos cuatro pisos. La plaza está cubierta por una bóveda de cristal de color ámbar. Me gusta la luminosidad del ambiente pues es cálida y relajante, familiar. El patio y sus edificios son como una célula que se repite para formar un vasto conjunto arquitectónico. No me imagino sus límites pero calculo que es inmenso, prácticamente infinito. Resulta fácil perderse. La construcción es antigua y elegante. El diseño me recuerda el cuento de Jorge Luis Borges, “La biblioteca de Babel”. En realidad estoy perdido. Pero hay algo que, a la vez, me inquieta y me asegura. Estoy convencido de que (more…)
Escribo un montón. Mayormente cosas sesudas. O que pretenden serlo. Cuando niño me gustaba dibujar pequeños monstruos. Las figuras eran fuegos humanizados, a la manera de llamaradas tristes, como ánimas que arden en un purgatorio. Algo expresaban. Trataba de decir: estoy aquí, y no lo paso tan bien. En realidad yo mismo era el destinatario de esos dibujos. No se los mostraba a nadie. En cualquier forma eran un consuelo. Además, pensaba que en algún momento esos monstruos serían reconocidos como una obra de arte. Había pues orgullo en el dolor. La cuestión era perfeccionar su diseño. Ellos serían mi salvación.
En algún momento dejé de hacerlos.
Luego, en otro momento, comencé a escribir. Asuntos muy personales, mensajes a mi mismo en los que trataba de (more…)
