Llegó fría, amoratada, con el pelo escarchado de hielo. Estrella había cumplido la promesa que se había hecho. Media muerta, media viva, estaba feliz. Amarrada a la puerta del avión había volado, a la intemperie, desde la ciudad de los Lagos hasta el aeropuerto de El Arenal. La azafata que abrió la puerta no lo podía creer. ¿En qué momento pudo atarse al fuselaje? ¿Cómo pudo haber sobrevivido al frío, a la falta de oxígeno, a la velocidad del moderno jet? ¿Y cómo es que nadie se dio cuenta? Pero las preguntas, aunque comenzaran a recorrer la cabeza de todos, estaban demás. Estrella estaba en una suerte de éxtasis. En su hazaña o locura, se había jugado la vida. No demoraron en llegar los periodistas que cubrían las noticias en el aeropuerto. El diluvio de flashes la reanimó un poco. Lo suficiente como para prestar atención a las sirenas de la ambulancia y los bomberos. Resultó sencillo deshacer los nudos que la sujetaban al avión. Ella dejaba hacer, se sentía muy débil, totalmente extenuada. Su cuerpo fue depositado en una camilla.
La radio y la televisión se apresuraron a dar la noticia. ¡Milagro en las alturas! ¡Loca o santa! ¡Algo inexplicable! ¿Por qué alguien quisiera hacer algo así? Y, sobre todo, otra vez, ¿cómo pudo haber sobrevivido? En muy poco tiempo toda la ciudad sabía de Estrella y su insólito viaje. Y las reacciones comenzaban a perfilarse. Es una desquiciada, una loca, alguien a la caza de una efímera inmortalidad dijo el Dr. Y. , consultado en el canal de televisión más importante de la ciudad. Es una santa que nos trae un mensaje que nos cambiará la vida, dijo la profesora A., entrevistada en la radio. Las opiniones se dividían. La mayoría pensaba como el Dr. Y. ¿qué se ha creído esa demente? ¿cómo se atreve a robarnos nuestra tranquilidad? ¿quién nos repondrá de este sobresalto? ¡Hay que ignorarla!, ¡no le hagamos el juego a la locura! Pero la verdad es que cuanto más despotricaban de Estrella menos la entendían y mayor era la curiosidad por oírla. Pero también había gente que pensaba que Estrella era una santa, que ella traía ese mensaje que hace tanto tiempo se esperaba. Y había otros que sospechaban que el viaje de Estrella era sólo una campaña publicitaria, algo nuevo y muy bien estudiado. Entonces se preguntaban ¿qué producto estará vendiendo? ¿Será una clase de ropa contra el frío? ¿Un nuevo tipo de tela? Pero ¡qué irresponsables! ¡cómo se les ocurre arriesgar la vida de una joven! ¡La empresa debería recibir una fuerte multa!
Estrella, ajena a todas las especulaciones que se tejían en torno suyo, estaba en la cama de un hospital. En realidad, hace tiempo que Estrella vivía con miedo. Tomaba pastillas para dormir pues de otra manera se quedaba insomne. En las noches soñaba con que era una bruja y que un motín de gente furiosa la condenaban a la hoguera. En los días Estrella dibujaba, era una artista gráfica. En el último año se le había dado por ensayar autorretratos. Quería identificar todas las expresiones de su rostro aunque no supiera bien por qué o para qué. Había hecho decenas de autorretratos. Y se había observado sin amor ni piedad, pero también sin odio. Entonces su arte cobró un giro inesperado. Sus autorretratos eran cada vez abstractos y menos figurativos. Si, ese es mi rostro, se decía, pero igual podría ser el rostro de cualquiera. Estrella comprobaba que los gestos que creía más personales eran también los más comunes. Y no sabía qué pensar. Cuando exhibió sus autorretratos la crítica se dividió. Algunos comentaron que su arte era banal e intrascendente, en el mejor de los casos, meramente decorativo. Pero hubo otros, muy pocos, que señalaron que Estrella había logrado la proeza de llevar al lienzo una imagen llamada a convertirse en clásica, algo así como una figuración de lo humano que resultaba, a la vez, universal y concreta; un arquetipo que pudiendo representar a todos terminaba por no asemejarse a nadie. Pero Estrella se sintió muy decepcionada con la recepción de su obra. Su sentimiento de ser tan especial había sido defraudado. Entonces no lo pensó mucho. Al día siguiente de leer las críticas de su exposición compró las sogas y se dirigió al aeropuerto. No, ella no era cualquiera…
En el Hospital Estrella desfallecía. No se reponía pero tampoco terminaba de morir. En los días siguientes desapareció la mancha de reporteros que hacía guardia en el hospital. Estrella ya no era noticia. Los partes sobre su salud eran cada vez más pequeños y ocupaban las últimas páginas de los diarios. No obstante, algo muy diferente sucedía con su obra. Sus trabajos alcanzaban precios cada vez más altos. Se hacía consenso de que el país había tenido la bendición de producir instantáneamente una obra clásica.

Estrella si es demasiado especial… no sé si es valiente o intrépida o aventurera. Creo que si hay mujeres que sí tienen mucha creatividad y fortaleza. La gente de su entorno admira a las personas así, yo también… será porque no soy así. Ese nombre se relaciona con una señal o iluminación en la oscuridad.
Comment by Yohanna — 2009 06 @ 5:30 am
Parece que Estrella no se consideraba tan especial. Quizá por ello realizó su viaje, ella misma no estaba segura si podría llegar hasta su final. Pero no lo pensaba mucho, estaba manejada por una fuerza que no sabía de donde venía. Esta fuerza tambien le ayudó llegar a su destino. Pero porque tenía que ir hasta allá? Que sentido tuvo realizar aquel viaje si no se podía recuperar de él? Y para la gente que compraba sus dibujos fue importante el viaje que hizo? O era simplemente por su fama de loca? Acaso su trabajo era mas importante que su vida?
Comentario al comentario
¡qué buenas preguntas! Yo pensaría que Estrella no llegó a valorar su genio artístico, que su propuesta no fue entendida, que fue decepcionante para ella descubrir, al dibujarse tantas veces, que era como cualquiera. Hay un conflicto en Estrella. De un lado quiere expresar su intimidad, objetivarse a sí misma, y su fantasía es dar forma a algo grandiosamente bello que ella contiene. Pero, de otro lado, aspira también a un reconocimiento social. Entonces haciendo una y otra vez su autorretrato ella descubre que es como cualquiera. Y si es como cualquiera, ¿por qué habría de ser reconocida? De hecho las críticas a su exposición son mayormente adversas. Esto la termina de disuadir y piensa entonces de que su obra carece de valor. Por tanto, la hazaña que la llevará al reconocimiento ya no será su arte, pues ya no cree más en él, sino será la empresa casi suicida de volar fuera de un avión. Estrella quiere llamar la atención, necesita que la gente se de cuenta de su singularidad. Pero Estrella se equivoca pues ya había hecho la hazaña pero no la había valorado como tal. En efecto, mirarse tanto a sí misma como para representarse y comprenderse como uno más requiere de una gran capacidad de observación y de análisis, y también de la sabiduría necesaria para aceptarse a sí mismo. Todo ello lo tiene Estrella, pero, de todas maneras, algo le falta, y eso que le falta es el reconocimiento de la sociedad. Entonces se desespera. Estrella es una heroina que toma una decisión equivocada. Le falta paciencia, no puede esperar. Pero cuando después de su viaje, su extravagancia llama llama la atención de la sociedad sobre su obra, entonces la gente se da cuenta de su valor artístico; es decir, que ha creado un lenguaje, unas imágenes en las que todos pueden reconocer algo suyo. Como Chagall o Picasso cuando trascienden la figuración realista. Surge entonces una suerte de profundidad simple y esencial que hace visible lo que nadie ha podido mostrar en forma tan contundete.
Estrella es joven y vehemente, es un heroina que se deja devorar por la impaciencia. El arte es su vida.
Comment by Dora — 2009 06 @ 4:17 pm
CREO QUE PODRIA SER UN ASUNTO CONTROVERSIAL PARA LA JOVENCITA, EL SENTIDO DE LA VIDA Y NADA MÁS… CON ESO SE EXPLICARIA SU PROCEDER TAN IMPACIENTE Y ARRIESGADO. ¿CON EL TIEMPO APRENDERÁ…? ¿SE DISPONDRÁ A ELLO? SEGURO QUE SÍ.
Comment by Yohanna — 2009 06 @ 6:36 am
Estrella se muestra como una persona que se embarca en recargados y complejos asuntos por ser artista y con espíritu juvenil. Por eso mismo hay inexperiencia y es impaciente como si se acabará el mundo. Justo por su tipo de labor, así serán los artistas, escritores, etc.
Comment by Victoria — 2009 06 @ 1:56 am
El reconocimiento ajeno no tiene el porqué ser tan importante. Si Sócrates hubiera muerto de forma natural ahora no lo conocería nadie. No puede decirse que le preocupara mucho ese detalle.
Comment by Vicente Torres — 2009 08 @ 4:13 pm