Presentación de Ernesto Laclau
Si pudiera resumirse en unas pocas palabras la figura de nuestro invitado yo escogería las siguientes: Ernesto Laclau nos convoca a no abandonar la política. Nos da instrumentos conceptuales para entenderla y nos precisa a comprometernos con las fuerzas que buscan impulsar la causa de la justicia y la democracia.
Para valorar el significado de su posición debemos tener en cuenta la desilusión radical de las clases ilustradas con el proceso político: desilusión que va más allá, incluso, del abandono de la militancia, pues se proyecta en la duda de que la política pueda ser entendida de una manera racional. Es decir, de un lado el desinterés por la política y del otro la presunción de que ella es el reino de lo absurdo y lo contingente. Algo que no vale la pena molestarse en entender pues allí lo que domina son las pretensiones de poder y los arreglos pragmáticos.
Hubo una época, hoy lejana, en que la política aparecía como la actividad que haría posible una salvación colectiva, la construcción de una sociedad justa y solidaria, donde, para referirme a Marx, el desarrollo de todos fuera la condición para el desarrollo de cada uno. Esos fueron los tiempos de auge del marxismo como discurso que garantizaba no solo una comprensión de la realidad sino también, y por medio de esta comprensión, el cambio revolucionario, el advenimiento de ese futuro mejor, anticipado como glorioso e inminente.
El marxismo aparecía como una verdad científica indiscutible. En realidad, vista la situación en retrospectiva, los aportes de Marx estaban opacados, por una tendencia triunfalista más deudora de la profecía y el mito que de la razón. En efecto, desde nuestra época podemos entender a Marx como el último profeta de la tradición judeo cristiana a la vez que como el hombre de ciencia que radicaliza el proyecto ilustrado de un mundo donde la felicidad sería posible gracias a la inteligencia.
Sea como fuere, ya antes de la caída del muro de Berlín, y del derrumbe del mito socialista, habían aparecido serias dificultades teóricas en el edificio marxista. Y es que el marxismo de los años 60 se aferraba a la idea de centro, o esencia o fundamento, idea de la cuál la filosofía contemporánea no hacía más que alejarse. Este impasse aparece claramente en la obra del más creativo de los marxistas de los años 60, el filósofo francés Luis Althusser. Se trata de la dificultad, o mejor de la imposibilidad, de armonizar la idea de determinación en última con la idea de autonomía relativa. En el fondo se apostaba a salvar la creencia de que existe un centro, una realidad objetiva que puede ser conocida científicamente pues tiene una dinámica propia. Es decir, se trataba de defender los dogmas clásicos de la economía como la realidad fundamental y de la lucha de clases como el medio de su transformación. Mientras tanto, la política y la ideología quedaban relegadas como superestructuras o hechos meramente fenoménicos.
Conforme daba vez menos cuenta de la realidad, esta matriz teórica tenía que volverse cada vez más dogmática. Estamos hablando de la proliferación de luchas sociales no asimilables a la confrontación entre la burguesía y el proletariado y a la importancia creciente de la cultura en el mundo social. Es en este panorama que debemos ubicar la contribución de Ernesto Laclau. Alimentándose de la reflexión Gramsciana, sobre la importancia de la ideología, y de la crítica a la noción de centro o fundamento, vigorizada por Derrida, Laclau comienza a postular una imagen distinta de la sociedad. Nos propone la visión de un mundo social heterogéneo y descentrado donde coexisten múltiples luchas y en el que el futuro no está garantizado. Entonces, bien se entiende la pertinencia de la nominación post-marxismo para su empresa teórica pues Laclau introduce una ruptura profunda con la tradición marxista a la par que reafirma su telos liberador y justiciero. Este es el logro del libro que escribiera con Chantal Moufe “Hegemonía y estrategia socialista”. Entonces de lo que se trata es de profundizar la democracia a través de la articulación de los movimientos sociales que luchan por el cambio y la justicia.
Escapa a mi propósito reconstruir la trayectoria intelectual de Ernesto. No obstante, si quisiera señalar algunos rasgos de su pensamiento.
En primer lugar su pretensión de sistematicidad, su esfuerzo por construir un sistema mediante una reflexión metódica que se cristaliza en la elaboración de conceptos como: antagonismo, articulación, hegemonía, significante vacío, populismo. Esta aspiración al sistema lo aleja del ensayismo impresionista que caracteriza mucho de la producción intelectual contemporánea. Resulta que en un momento en que pareciera imposible elaborar un sistema conceptual, Laclau nos entrega, especialmente, en La Razón Populista, un conjunto integrado de nociones e hipótesis que nos permiten pensar de manera muy sugerente procesos políticos que parecen, a primera vista, totalmente irracionales y contingentes.
En segundo lugar me gustaría llamar la atención sobre el hecho de que esta reflexión metódica está enraizada en la vida. No se trata pues de un sistema abstracto que pretenda imponerse sobre la realidad, buscando ejemplos que lo validen. Es una construcción que ha ido surgiendo en diálogo con el análisis de los procesos políticos. Es a partir de los análisis de casos que Ernesto va reelaborando sus conceptos. Y este momento clínico o inductivo es el fundamental en el proceso de su elaboración teórica. Aquí no hay reglas, solo vale la inspiración poética y la rigurosidad conceptual.
El hecho es que el lector de Laclau sale enriquecido del contacto con su obra que abre nuevas perspectivas de inteligibilidad a lo que hoy aparece como confuso o caótico. De allí, finalmente, que, como dije en un inicio, el pensamiento de Laclau sea una invitación a regresar a la acción política a través de una comprensión de su dinámica.
II
No ha sido fácil que hoy el profesor Laclau esté con nosotros pues lo que le sobra en voluntad de comunicarse le falta en disponibilidad de tiempo para atender las invitaciones que recibe. Durante varios años lo hemos invitado, obteniendo la misma respuesta, cálida, de postergación de su venida. Esta vez, sin embargo, hemos tenido la suerte de que pudiera “articular” nuestra invitación en su agenda.
Para que estas conferencias sean posibles fue necesario el apoyo de diversas instituciones y personas con las que nuestra gratitud ha quedado comprometida. El departamento de CCSSS, a través de su Jefe el Dr. Aldo Panfichi nos apoyó desde un inicio. Igual agradecimiento debemos al Departamento de Humanidades cuya Jefe es la Dra Pepi Patrón. También manifestamos nuestro reconocimiento a la Facultad de CCSS pues la decana, la Dra. Catalina Romero, no dudó en apoyar la iniciativa. Y ahora toca expresar nuestra satisfacción de colaborar con la Universidad Antonio Ruiz de Montoya pues ésta es una invitación conjunta que ha requerido de reuniones de coordinación y acuerdos previos. . Y, finalmente, toca agradecer a Erik del Pozo estudiante de Antropología que organizó los talleres académicos preparatorios a la visita de nuestro ilustre invitado.
Gonzalo Portocarrero

Motivador para leer un segundo post sobre los aportes de sus ponencias tan concurridas… excelente invitado. Sigue ilustrándonos al respecto.
Comment by Anonymous — 2009 06 @ 12:57 am
Las conferencias salieron geniales, felicitaciones!
Comment by Stephan — 2009 06 @ 4:46 am
OH!! ¡¡QUÉ AVENTURA INTELECTUAL DE LUJO!!!! BIEN PARA LOS ORGANIZADORES POR SU ESFUERZO Y ESMERADA DEDICACIÒN . SIGAN ASÍ.
Comment by Anna — 2009 06 @ 6:07 am
Muy buen post. Gracias por el resumen e interpretacion. Saludos cordiales.
Comment by Pablo — 2009 06 @ 4:07 am
¿Qué pensaria Lacau de lo sucedido en Bagua y como lo interpretaría según su postura política y que nos sugeriria? Claro que aqui es más significativo entender la cosmovisión de los Aguarunas, Huambisas y de los mestizos de Bagua respecto a “su madre tierra” que es su historia y su vida. ¿verdad?
Comment by Lucero — 2009 06 @ 5:47 am