¿Qué es mejor: olvidar o recordar?
En el intercambio de ideas sobre la pertinencia de la construcción de un museo de la memoria, el único debate argumentativo sobre el que vale la pena reflexionar es el que opone a los que piensan que es necesario “recordar para no repetir” respecto a los que piensan que es mejor “olvidar para seguir viviendo”. Para estos últimos la hora del recuerdo, si acaso llegara, vendría mucho más tarde, cuando el tiempo haya aligerado la vehemencia de las emociones. Solo entonces fuera posible recordar sin sufrir inútilmente.
Pero otros se oponen a la memoria desde consideraciones interesadas; es decir, se trata de aquellos que quieren encubrir sus responsabilidades, que no están dispuestos a reconocer errores y, menos, pedir perdón. En realidad la gente no les interesa, solo les preocupa sus carreras, sobre todo políticas, desde las que sirven las apariencias. Entonces rechazan la posibilidad de la memoria porque no quieren cambiar sino apuestan a permanecer haciendo lo mismo. Pero sobre ellos no pienso ocuparme, al menos, esta vez.
La idea de que es necesario recordar para no repetir apela al efecto liberador, supuesto o real, de la verdad. El argumento va como sigue: solo re-conociendo lo sucedido podríamos realizar los aprendizajes necesarios para no caer, otra vez, en lo mismo. Entonces por más dolorosos que sean los recuerdos, enfrentarlos, y hacerlos reflexivamente nuestros, sería la única posibilidad de situarnos más ventajosamente en la vida. De otro lado, olvidar es imposible porque los recuerdos siempre regresan. El odio y la tristeza no pueden ser simplemente sepultados. Esos sentimientos emergen de cualquier entierro voluntarioso como penas o fantasmas. Y producen amargura y violencia. Y ese regreso ocurrirá en los sueños y en los momentos menos pensados. Allí somos alcanzados por esos sufrimientos que quisiéramos olvidar. No hay forma de deshacerse de ellos. Entonces, continua el argumento, la mejor opción es “elaborar” el trauma. Es decir, hay que encarar el pasado y producir un relato que lo reconstruya. Así podríamos amortiguar el dolor, facilitar el duelo, pasar la página. Esta es la tesis del Psicoanálisis y de su apuesta por sumergirse en los recuerdos, una y otra vez, hasta despojarlos de su capacidad de lacerar y mortificar la vida. Admitir la realidad de lo que fue no significa necesariamente perdonar u olvidar. Pero sí, al menos, dejar de huir, superar el miedo. De tanto contarnos una, y la misma historia, podríamos ir sintiendo que su cruel realidad no nos destruye. Es decir, lo que Freud llama hacer el proceso de duelo. Atravesar lo más doloroso confiando en que la vida continúa y que existe un más allá de ese horror que interrumpió el flujo deseado de nuestra existencia.
II
La idea de que es necesario olvidar para vivir nos invita a no hacernos cargo del pasado, a tratar de ignorarlo mediante una suerte de conjuro o mantra que sería una apuesta firme por el futuro. En vez de la lástima y la queja, dice este pregón, hay que apostar por la confianza en seguir adelante. El olvido es la única forma de escapar de las garras del pasado. Entonces, lo que se debe hacer es “encapsular” el trauma, “tragarse” de una buena vez el dolor, y seguir adelante con la vida. La alternativa sería anclarse en el sufrimiento. Vivir en la cruz. Mejor no remover en el pasado y saltar hacia el futuro. Aunque las heridas queden sin cerrar se logrará abrir un nuevo horizonte, un espacio para la vida.
Desde esta idea el tiempo de la memoria puede venir pero sólo mucho después. Cuando, por el propio paso del tiempo, los recuerdos no sean tan dolorosos. Entonces estarán dadas las condiciones para el ejercicio de la memoria y hasta quizá de la reconciliación.
III
Ahora me refiero a mi experiencia personal. He tratado de manejar la cuota de sufrimientos que me ha tocado vivir de una manera que no me destruya. Siempre pensé que los golpes no tendrían porque acabar conmigo. No se de donde salió esta confianza ingenua en que podría sobrevivir. Pero también tengo que manifestar que durante mucho tiempo el dolor me ha aturdido tanto que me vi precisado a sumergirme en la oscuridad del silencio.
Ahora tengo las cenizas de mi padre en mi escritorio. En la parte alta de un estante de libros. A veces las siento como una buena compañía.
IV
Hay un punto central a tener en cuenta en las discusiones sobre la política de la memoria. Es obvio pero puede ser relegado.
Se trata de que la mayoría del pueblo peruano no sufrió mucho durante el período de la violencia. Hubo, desde luego, miedo y cólera, carestía y empobrecimiento, y entre los que simpatizaban con el igualitarismo radical de Sendero, quizá esperanza. Pero es un hecho que los casi 70,000 muertos que ocasionó el conflicto estuvieron concentrados en unos pocos departamentos de la sierra sur, y sobre todo en la población rural nativo hablante. Fue en ese contingente poblacional donde el horror se concentró: familiares muertos y desaparecidos, torturas, absoluta falta de garantías, zozobra permanente, el mismo infierno en la tierra. Y todo ello resultó del autoritarismo senderista y de la brutal respuesta del Estado y las Fuerzas Armadas. La sociedad peruana no logró frenar el conflicto. A excepción de los senderistas, nadie quiso la extensión de la barbarie pero tampoco nadie la impidió.
La verdad es que esas vidas destruidas no importaron demasiado a quienes realmente cuentan, a los sectores integrados e influyentes. Hasta los muertos de Barrios Altos han encontrado defensores. Pero no los muertos campesinos de raíz indígena.
Todos tenemos grados de responsabilidad en la producción de ese infierno que fue la vida en el Ande durante la violencia. Este es un tema que amerita mucha reflexión.
IV
La idea de “olvidar para vivir”, como mensaje a los que sufrieron de cerca la violencia, es una imposición impertinente. Me parece que lo ético es identificar las víctimas directas de esa dinámica de barbarie y concentrar allí las compensaciones económicas y las reparaciones simbólicas. Es decir tratar de reconocer y reparar el dolor y el sufrimiento de los más afectados. Solo en ese camino nos podremos confirmar como nación.
V
Muchas veces he escuchado a gente de clase media declararse víctimas del conflicto interno. Ojala esa gente pensara un poco más para que pudiera discriminar la diferencia entre lo que ella sintió -la incomodidad de los apagones, el miedo a la violencia, la incertidumbre sobre el futuro del país- y, lo que pasó en el Perú profundo, el horror que se apoderó de la población campesina cuando se vio aprisionada entre el delirio de los senderistas, el absoluto racismo de las fuerzas armadas y el desinterés de las mayorías urbanas. Esos pobladores que sufrieron el horror necesitan ser reparados y reconocidos. Y los peruanos que hicimos poco para evitar la tragedia necesitamos saber que situaciones como ésta pueden repetirse de distinta manera hasta que no se imponga como una marca de fuego en la conciencia de cada uno que aquí todos tenemos derechos.

Duele… Da indignación recordar cuando volaron el Enatru frente al parque, la PN perseguían a algún padre de familia del barrio, una mamá recién llegada de Huamanga se quiso matar, o cuando los niños ni entendían porque lloraban… Quizás porque habían declarado al barrio, zona roja. Aunque no queremos que se repita tanto oprobio, duele hacer memoria.
Pensando en el presente y futuro, surge el desafío, la corresponsabilidad para sembrar vida.
Aliento sincero en la tarea de reconciliar a los peruanos. Si hay esperanza.
Oportunísimooo este post, justo en Semana Santa.
Comment by ... — 2009 04 @ 9:36 pm
Creo que uno de los temas trascendentes del antagonismo que señalas y que es central en la discusión es el de las fuentes de la memoria.
A pesar del impecable trabajo de la CVR, muchas personas han cuestionado el producto de sus investigaciones (el informe final). Claro, habría que preguntarse si alguien lo leyó, pero más allá de eso, está un tema más importante: La legitimidad de la CVR misma.
Un sector importante de la población (quizás fujimoristas y apristas) nunca dudaron de la veracidad de las conclusiones producidas por la CVR, dudaron de la conformación de la CVR y de la pertinencia de sus comisionados.
¿Cómo proponer recordar, si quienes construyeron el relato que llamamos “memoria” han sido (injustificadamente) cuestionados?
Pensé que la solución podía ser plantear el debate sobre los hechos probadamente incontrovertibles, pero cada vez que veo la TV, leo los diarios, escucho la radio o navego en internet, me da la impresión de que la mayoría de personas ya tienen una opinión formada que dificilmente cambiarían. Sin mencionar que el nivel de los debates son lamentables, los comunicadores no manejan la información suficiente para establecer los hechos sobre los cuales se habla y, entonces, las discusiones se desvían hacia temas personales, muchas veces con insultos de por medio.
Creo que un museo de la memoria y la difusión de la información sobre los años de la subversión y la dictadura son básicos para iniciar el proceso del duelo que señalas, pero pensando que esto es solo el inicio, que el debate debe ser trasladado a las escuelas y, si se puede hacer el puente, a las familias.
Comment by Itaca — 2009 04 @ 1:37 am
“…solo re-conociendo lo sucedido podríamos realizar los aprendizajes necesarios para no caer, otra vez, en lo mismo.” Eso tiene ser así, pues habremos madurado al rechazar de plano tanta formas de violencia y terror.
Siguiendo la inquietud de Itaca, mañana mismo lo trabajaré este tema en la escuela y posteriormente con los comités de aula. Eso si es ¡urgente! …para formar conciencia ciudadana enrumbada a tener una sociedad civil más comprometida, digna y responsable.
Comment by AnaTeresa — 2009 04 @ 4:46 am
Recordar para seguir viviendo. El recuerdo no debe servir en el sentido nostalgico. No se trata de se recuerdar para se quedar preso al pasado, ni tampoco, utilizarlo para repetir los errores del pasado. Lo último tambíen és una manera de se olvidar, o sea, una manera de negar el pasado.
El recuerdo, como decia Flores Galindo, o mas precisamente la História, debe tener un sentido de libertación. Una manera de analisarmos el pasado y proponer solucciones que nos liberten de los fantasmas del presente. Incorporar el pasado al presente como manera de proponer nuevos objetivos en nuestras vidas. En ese sentido, recordar para seguir viviendo.
Obs: perdoname por el terrible castellano… soy de Brasil.
Muchas gracias por el comentario con el que no puedo estar más de acuerdo, recordar para seguir viviendo con una mayor libertad, la histoira no tiene porque ser condena sobre todo cuando la conocemos, también es posibilidad
saludos
Gonzalo
Comment by Marcos Pinheiro — 2009 04 @ 10:57 pm
Creo que cada país tendrá su trauma historico. Hay paralela con la era comunista en mi país o la historia Nazi de Alemania. Sobre todo los alemanes enfrentan ese trauma muy bien. Es interesante ver que hasta hoy día hay jovenes alemanes que asumen la responsabilidad por los hechos de sus bisabuelos. En el Perú ya se ha dicho que pasó, y ahora les tocará buscar las respuestas porqué. Y recordar, recordar y recordar. Para no perderse.
Comment by Dora — 2009 04 @ 9:23 pm
me sorprende que un sociologo escriba ideas tan ajenas a la vida social.
esto del museo no es un debate filosofico o abstracto, el tema es que muchos no queremos ese museo “limeño” en donde se construira y se impondra la version de la historia que quieren contar las ONG’s pro-terroristas.
tan simple como eso.
Comment by Pablo Antonio — 2009 04 @ 4:06 am
Interesante, Y que es lo mejor para el que sufrió directamente la violencia? No creo que pueda dejar de recordar. Y no creo que recordar para ellos tenga un efecto liberador.
Para los que lo vivimos de lejos, creo que mas que recordar, hay que conocer que pasó.
Para que no vuelva a ocurrir, no basta con conocer todos los muertos, eso no va ha evitar nada, se tiene que recordar como llegamos a una situacion tan critica, como fallaron las instituciones para que sendero aparezca y para dejarlo crecer tan monstruosamente.
Recordar el cancer avanzado? Tambien tenemos que recordar como dejamos que avance.
Comment by Max — 2009 04 @ 11:21 pm
“No se de donde salió esta confianza ingenua en que podría sobrevivir.”
APESAR DE TODO, MANTIENES LA ESPERANZA SALUDABLE. ¡QUÉ BIEN!
Comment by .... — 2009 04 @ 3:56 am
para ayudar a nuestra memoria, recomiendo que visiten yuyanapac, yo he ido y es en verdad muy triste saber que eso en la vida real ocurrió.
Comment by ananda vasquez — 2009 05 @ 4:44 pm