A propósito de “la teta asustada”

Felicitaciones a Claudia Llosa y Magaly Solier por su asociación pues a ella debemos la realización de algo que parecía imposible: que la gente de abajo pueda comenzar a simbolizar la hondura de sus sentimientos. Pedro Pablo Ccopa afirma que la imagen melancólica del migrante, tan en boga en la década de los años 50 y 60, es, en realidad, una imposición criolla. Benevolente pero paternalista. A partir de los 70 el migrante comienza a hablar por sí mismo. Y según Ccopa su mensaje es de fe en la lucha por el progreso y el reconocimiento. Más fuerte que la auto conmiseración son las ganas de salir adelante. Estoy muy de acuerdo con este autor. No obstante, creo que la continua reafirmación voluntariosa ha reprimido en el mundo popular sentimientos profundos de miedo y soledad.

Y son estos sentimientos la materia prima del film “la teta asustada”. Y la sensación de fragilidad es transmitida no tanto por los diálogos y los conceptos sino por la atmósfera que tan acertadamente el film consigue crear. Puede que la enorme distancia entre la primera película de la dupla, Madeinusa, y, la que ahora comento, tenga que ver con la comunicación entre Llosa y Solier. En todo caso la eficacia del film se enraíza en la capacidad que tiene Solier para transmitirnos la incertidumbre que envuelve a su personaje.

Fausta está tomada por sus recuerdos. Le está negado vivir el presente. Ella ha heredado el miedo que fluye de un abuso primordial. Ella sabe que cuando estaba en el cuerpo de su madre, cuando aún no había nacido, su madre fue violada repetidas veces mientras era obligada a comerse el pene de su marido asesinado. Y, más que un saber, es un sentimiento. Ella es todavía esa niña que antes de llegar al mundo ya ha sido agredida por una violencia y una crueldad imposibles de imaginar. Y la secuela del trauma es el miedo y la desconfianza, el enriquecimiento doloroso de la sensibilidad. Quizá lo que el film no muestra es la cólera que es el correlato necesario del miedo. Quizá Fausta, y el mundo que ella representa, está aún demasiado intimidado.

Pero no se trata de una narrativa que se agote en el campo del lamento y la desgracia. Fausta logra hacer progresos en su vida. No espectaculares pero si prometedores. Aprende a confiar. Y lo hace gracias al jardinero que es el único personaje que de veras se interesa por su intimidad, que respeta sus sentimientos. En efecto, en el mundo urbano donde ha migrado Fausta no es abusada pero si es desconocida. A nadie le importa gran cosa. Es la candidata ideal para ser un objeto útil y desechable. Entonces no puede superar sus temores. Solo el jardinero le da ese reconocimiento que hace posible la confianza. Alguien que sabe de ella y sus necesidades, y que no va a abusar de ese conocimiento.
Es muy grande el mérito de la película. Y para este resultado es muy difícil separar la contribución de Claudia Llosa, como guionista y directora, de la Magaly Solier, como protagonista. Acá lo nuevo y milagroso es la compenetración entre una joven que ha tenido todas las ventajas, todas las que se pueden tener en nuestro país, y otra joven que sólo está presente en base a su fuerza y talento. La muchacha criolla y la chica andina. ¡Quién lo hubiera creído! Ojalá esto sea augurio de más. Un síntoma de que el Perú puede mejorar.

Grandes son los desafíos que tendrán que enfrentar en el futuro. La teta asustada es una varilla que da miedo por su altura. Pero eso ahora no importa. Lo que en este momento toca es el agradecimiento por la hazaña lograda.

Termino con una nota personal. No me gustó para nada Madeinusa. A mi modo de ver el encuadramiento social de la historia destruía cualquier mérito del film pues el mundo andino es retratado como exótico y salvaje. Entonces, antes de ver “la teta…” estaba prejuiciado. Pero la calidad del film me ganó.