Entre la dolorosa constatación de que es imposible realizar el ideal del amor romántico y, de otro lado, la banalidad del sexo casual; en ese “entre” es donde se sitúan las búsquedas contemporáneas de nuevas formas de estar con el otro, de construir otros vínculos de pareja, ya que, después de todo, mejor se vive de a dos. Más vale estar bien acompañado que pasarlo solo.

El amor romántico era la expectativa de que el deslumbre del encuentro inicial se prolongue en una fusión de los cuerpos y de las almas que durara hasta la muerte. La belleza y capacidad de seducción de este ideal ha sido uno de los fundamentos del horizonte moderno, uno de los ingredientes básicos de la concepción de felicidad que hemos heredado. Después de todo el amor, en sus múltiples versiones, es el gran antídoto contra la insensatez inherente a la condición humana. Pero este mandato tiene también un lado oscuro: producir la mortificación de no poder encarnar el ideal a plenitud. De allí las decepciones a menudo inconfesables. La apuesta por el todo o nada. La incapacidad para contentarse con menos. La frustración sistemática.

Sea como fuere el ideal del amor romántico ha perdido mucha vigencia. El temple contemporáneo es más realista; menos ambicioso pero también más libre. En el vacío dejado por el (relativo) debilitamiento del amor romántico comienzan a explorarse nuevos guiones para las relaciones entre las personas. Uno de ellos es el “choque y fuga”, el encontronazo sin consecuencias. Esta modalidad de relación corresponde a la liberación del erotismo de las jóvenes mujeres y a la insaciable búsqueda de sexo en los jóvenes varones.

Entre estos dos extremos hay toda una variedad de experiencias que correspondería cartografiar. Y un documento que puede ayudar para elaborar este mapa es el excelente film “Simplemente no te quiere “(He is just not that into you). La película explora las relaciones de pareja entre los jóvenes de clase media de base dos y tres. Se trata de un momento de la vida donde todavía no han venido los hijos pero donde comienza a sentirse la necesidad de echar raíces.

Lo primero que debe relevarse es el tono cómico y desprejuiciado, hecho que impide que la narración naufrague en los escollos de lo “políticamente correcto”. La perspectiva cómica tiene la gran virtud de reconciliarnos con los límites y debilidades de nuestra condición humana. Es posible entonces una veracidad que no juzga ni condena sino que solo muestra las cosas tales como son.

Las reglas del juego son las siguientes: a) para los hombres la belleza y el sexo son, en un inicio, lo más atractivo; pero, sin embargo, no son suficientes, por sí mismos, para fundar una relación b) Las mujeres buscan sobre todo estabilidad y compromiso pero igual están dispuestas a experimentar y gozar con la sexualidad. c) Finalmente lo que se valora en el otro es sobre todo la posibilidad de una complementariedad alegre y divertida. No obstante, los hombres siguen valorando la belleza y la atracción sexual y las mujeres, mientras tanto, valoran la solidez del vínculo, la disponibilidad a una vida en común.

Entonces resulta que la idea del predestinado, de esa persona única, especial e intransferible, ha perdido vigencia. El enamoramiento no tiene como norte la fusión con la “media naranja”. Entonces, aunque la atracción sea mutua, desde un inicio se sabe que toda relación tiene sus altos y bajos. Las expectativas son pues mesuradas. La ruptura con el romanticismo está dada porque ya no se espera el deslumbre, el gran amor y la felicidad para siempre. Pero la continuidad está dada por la importancia de la ilusión, por la apertura, a partir de la relación con el otro, de un horizonte de futuro que produce alegría, buen ánimo, ganas de vivir.

En estas dinámicas post-románticas puede ocurrir que la persona que nos deslumbra no es necesariamente la que nos conviene. O que en una amistad se desarrolle el amor. O que, sin saber la razón, terminemos atrapados en una relación que tenemos que romper. O que nos demos cuenta que somos tan impositivos como para echar a perder cualquier vínculo.

II

Otro film interesante es “two lovers”. Leonard, un joven de 35 años, se ve precisado a sentar cabeza. Es decir, identificarse con un trabajo y lograr un vínculo de pareja. El joven viene de una decepción amorosa que casi lo hunde. De pronto se le abren dos oportunidades. Michelle, la muchacha rubia, es amante de un hombre mayor. Es muy bella y Leonard se siente infinitamente atraído por su físico y, también, por la posibilidad de ser su salvador. Michelle vive en la indecisión y el tormento de no saber qué hacer con su vida. Entonces Leonard le ofrece todo su amor. Paralelamente, Leonard conoce, gracias a su entorno familiar, a Sandra, una chica castaña. Es también bella pero no tanto como Michelle. Sandra quiere experimentar con Leonard la posibilidad de un vínculo de pareja. Ella si sabe lo que quiere. Pero Leonard duda, prefiere a Michelle. En algún momento la narración apunta a la consolidación de ese vínculo. Michelle está cansada de la desatención de su amante casado. Añora que alguien le brinde una atención total. Entonces, sin estar deslumbrada por Leonard acepta su propuesta de fugarse juntos. De otro lado, Leonard aprecia a la chica castaña pero no está fascinado por ella.

En el último momento, previo a la fuga, Michelle le dice a Leonard que su amante ha decidido dejar a su mujer para irse a vivir con ella. El plan queda entonces cancelado. Esa misma noche el joven Leonard busca a Sandra y le entrega el anillo de compromiso que había comprado para Michelle. La película termina anunciado el éxito de la nueva pareja. Ella quiere ser feliz, no es atormentada; y él descubre en ella una entrega resuelta que es la garantía del vínculo sólido que está buscando. En retrospectiva, Michelle aparece como un espejismo. Triunfa la simpatía sobre el deslumbre erótico. El vínculo se fundamenta en la previsión de que es posible tener juntos una buena vida. No hay deslumbrón, pero si aprecio y amistad. Y ellos son más que suficientes para construir un amor que ya no responde al ideal romántico pero que sí aparece como satisfactorio y realista. El joven pasa de Michelle a Sandra, sin mayores problemas, en la misma noche. De la exaltación romántica a una ilusión más cotidiana. Total lo que Leonard buscaba era emparejarse. El triángulo se estructura de la siguiente manera. Leonard está fascinado con Michelle pero ella lo aprecia como amigo y confidente. Mientras tanto Sandra está entusiasmada con Leonard pero éste solo simpatiza con ella, no está deslumbrado o enamorado. Sandra y Michelle no se conocen entre sí, aunque Michelle si sabe de la existencia de Sandra. Leonard está dispuesto a dejar sembrada a Sandra. Prefiere a Michelle. Pero su rechazo lo lleva de vuelta a los acogedores brazos de Sandra. Allí se dará cuenta que para el vínculo amoroso la amistad es un cimiento más firme que la atracción erótica, aunque esta pueda ser más intensa.

III

Finalmente me refiero a un último film “Sex and death 101”, traducido al español como “Atrapando al seductor”. Roderick es un ejecutivo exitoso que está a punto de casarse. Pero realmente no está comprometido con su futura esposa. Está preso de una voracidad sexual que es seguro que no se detenga después de su matrimonio. Misteriosamente le llega una relación de las mujeres con las que tendrá relaciones sexuales. Son tantas, y el panorama le resulta tan atractivo, que decide romper su compromiso. Se dedica entonces al sexo casual. Sus amigos casados lo miran con envidia. Roderick es el conquistador, una tras otra las mujeres caen en sus brazos. Pero su voracidad por más lo impulsa hacia adelante. En la lista figuran 101 mujeres y la última de ellas es Death Nell. Conforme se suceden las conquistas su entusiasmo decae.

Mientras tanto, Death Nell es una mujer que se dedica a asesinar seductores. En realidad trata de vengarse de las humillaciones sufridas a manos de su primer marido. Está poseída por el ánimo de castigar las demasías de los hombres. Primero los seduce y luego los mata.
De pronto, y ya sin quererlo, la lista se ha agotado de manera que el encuentro de Roderick con Death Nell es inevitable. Roderick está muy deprimido, decepcionado de la vida decide ir al encuentro de su muerte. Pero he aquí que algo inesperado sucede. También Death Nell está cansada de su vida como vengadora. En la reunión se hace evidente que Roderick ya ha saciado su voracidad sexual y que Death Nell ya se cobró las cuentas y no está resentida con los hombres. Resulta entonces que la última mujer es la definitiva. Roderick y Nell serán una pareja feliz.
La propuesta de la película es que los hombres están dominados por la voracidad sexual y las mujeres lo están por el deseo de venganza. Entonces un encuentro significativo solo es posible cuando el hombre haya saciado esa voracidad y cuando la mujer esté libre de rencores. La compulsión sexual masculina desestabiliza cualquier posibilidad de vínculo. Y lo mismo sucede con el resentimiento femenino. Existe una suerte de círculo vicioso. La promiscuidad masculina alimenta la desilusión y la rabia de las mujeres. Y, a su turno, la ira femenina dificulta el vínculo intensificando la tentación de reducirlo al “choque y fuga”.