Hay gente que reivindica una mayor atención en base a su sufrimiento real o imaginario. Desde el trono del dolor, el enfermo, el que no la pasa bien, proclama que merece recibir más de lo que puede dar. Este reclamo pretende apelar a un sentido de justicia que impulse acciones reparativas. Ten piedad de mí, cuídame, quiéreme. No sabes cuánto lo necesito.
Desde luego, la persona que se “hace la víctima” termina por despertar antipatía. Convertir el supuesto malestar en tiranía sobre los demás implica instaurar una lógica del tipo: amo-esclavo. La dominación se basa en culpabilizar al otro como egoísta e insensible. Si todo sale bien, ese otro se convierte en la o el enfermer@, cariños@ y comprensiv@. En realidad, si el otro acepta dar más que recibir es porque se ha instalado en él algún mecanismo que le permite sacar algún goce de su sistemática postergación. Y ese goce es el de sentirse mártir, de embelesarse con el propio sufrimiento.
En mi vida he conocido muchas gentes así. Reclaman lo que no están dispuestas a dar induciendo a que el otro se convierta en la persona buena pero amargada, esa que sufre pero goza de su elevación moral. Dentro de mí siento la tentación tanto de convertirme en el enfermo tiránico, como también la embriaguez por ser el enfermero redentor. Pero no se me escapa que sólo soy uno más y que, en todo caso, hay formas más conducentes de procurarse el afecto que necesitamos.
Creo que en nuestros tiempos esta dinámica pierde importancia. Nadie está dispuesto a postergarse. Se puede pedir comprensión pero solo por momentos. No indefinidamente. Esto me parece muy bien.
II
Hay muchos enigmas en la obra de Arguedas. Conseguir entenderlos es ampliar nuestra experiencia de la condición humana. En los Ríos Profundos, el Padre Linares es comisionado para hablar a los indios que se han rebelado. Entonces en su discurso establece una jerarquía basada en el amor y el sufrimiento. Quien más ama y más sufre es quien manda. En la cima está desde luego Dios pues su amor es tan infinito como fue su dolor en la pasión de Cristo por salvarnos. Luego vienen los sacerdotes que se preocupan y sufren por su grey. Y, a continuación, están los señores hacendados, los patrones, que velan y se desviven por sus indios que son como sus hijos. Y, finalmente, están los propios indios que están encerrados en su dolor. Entonces, con sus quejas y protestas se revelan como unos ingratos y egoístas que no comprenden que hay gente que sufre mucho más que ellos. Los indios son pues reconvenidos por el Padre Linares para que se den cuenta de su situación, de la injustificada obstinación con que desconocen la realidad. A medida que avanza el discurso, los indios lloran, se sienten mal, culpables; pero también liberados pues ahora comprenden que para ser verdaderamente buenos tienen que olvidarse de sus caprichos.
El propio Arguedas sufría mucho. Muchos demonios lo torturaban. En sus vínculos de pareja reivindicaba ser el centro de atención y cuidados. Su primera esposa, Celia Bustamante, aceptó entusiasta la propuesta. Postergaba su vida pero, eso sí, exigía el control total de la persona de Arguedas. Era tan posesiva y celosa como para estar todo el tiempo pendiente de él. Para Arguedas este vínculo fue un apoyo y una cárcel. Su segunda esposa, Sibila Arredondo, que era mucho más joven, no quería renunciar a la vida propia, pero igual lo amaba. Entonces su propuesta es la de ser una enfermera pero por solo por un tiempo, el que demorara Arguedas en encontrar su deseo de ser feliz. Pero Arguedas ya estaba muy ganado por la muerte, que lo “amasaba” desde niño. Además Arguedas estaba acostumbrado a que lo atendieran. Y Sibila era una muchacha que no estaba acostumbrada a gestionar un hogar.

Una pariente enferma nos impacta pues es un reto asumir la cotidianidad, con las acciones y emociones que genera, tal como lo manifiestas, sin embargo, varia mucho, si el que está en el trono, es un niño, adulto o ancianita de 92años. ¿Pero, en el trono? Uhmmm
En tales circunstancias, aflora la corresponsabilidad en la familia dentro de un clima de crecimiento y entusiasmo hasta que se mejore. Total esta experiencia forma parte de lo que tú dices, nuestra condición humana. Acaso no es, también un proceso de formación familiar e interpersonal.
Me has hecho acordar a dos parientes muy queridas, una ya retornó a su trabajo, y la otra, ya está en el Cielo. Gracias por ello.
Comment by Anonymous — 2009 02 @ 5:25 am
“…yo, que no me había acordado de avisarle que sin el miedo existía el mundo…”
Comment by ...! — 2009 03 @ 4:22 am
para entender a arguedas, su muerte, no sólo hay que analizar el zorro de arriba y sus otros libros. creo que es necesario vivir lo que él vivió, ir más allá…
felicitaciones por el blog. siempre lo visito, me olvido de él, pero luego vuelvo…
saludos desde chimbote,
augusto
Comment by augusto — 2009 03 @ 6:34 pm
Una profesora de literatura de colegio se considera super seguidora de Arguedas. Él tiene magníficas obras con un contenido que permite comprender la historia peruana con sus grandes brechas sociales de aquellos años, sin embargo, siempre intriga esas sombras y esa tendencia autodestructiva hacia la muerte. Debe ser que por visión de la realidad le generó su enfermedad, la depresión, sin embargo, tuvo suerte, pues lo acompañaron seres que siempre lo querían mucho.
Comment by Anna — 2009 03 @ 4:45 am
Interesante su blog profesor, podria ser que Arguedas tambien sea enfermo y enfermero a la vez, puedo leer a Arguedas en algunas obras como el enfermero de los “indios”.
Esperaba un articulo relacionado con el dia internacional de la mujer. ¿Cree usted que es “justo” decir que la violencia de genero en la cultura andina se debe a “practicas culturales”.
Comment by Sara — 2009 03 @ 6:11 pm
El dramático “necesito tu atención”, -pregunto: ¿podría sustituirse con el aplauso complaciente a cualquier tontería que se le ocurra..? Para el efecto, ¿no es lo mismo..?
Un poco difícil aceptar que quien se “hace la víctima” termine necesariamente despertando antipatía. Para desmentirlo tenemos a Jaime Bayly, quien vive subrayando la tragedia de su impotencia. Le gustan las mujeres, lo pregona, pero adrede provoca repulsa de ellas lastimándose, incluso anuncia su muerte, implícita, deseada.
Convertir la desgracia en tiranía, en efecto, permite asaltar a boca de jarro a quien mezquine “piedad” y no se deje torcer el brazo de puro “capricho”
“La dominación se basa en culpabilizar al otro como egoísta e insensible. Si todo sale bien, ese otro se convierte en la o el enfermer@, cariños@ y comprensiv@…”
“En realidad (…) se ha instalado en él algún mecanismo que le permite sacar algún goce de su sistemática..” (”postración”). Lastre que lo hace sentir mártir y lo embelese con el propio sufrimiento.
La muerte de Arguedas fue anunciada: la depresión, por aquellos años, era un interminable tormento que en nuestro medio terminaba con la enajenación o la muerte.
La historia de Arguedas es muy parecida a la del gran escritor norteamericano John Steinbeck, aunque éste no se suicidó. Steinbeck es el autor de la novela Al Este del Paraíso que después Elia Kazán llevó al cine con la magistral actuación de James Dean.
Steinbeck ha sido considerado una persona de dos personalidades distintas. Por un lado el norteamericano de clase media con todas las comodidades; por el otro, el sentimental identificado con el dolor del desarraigo de su madre, hija de una inmigrante irlandesa que siempre recordó el sufrimiento de la abuela que jamás se “integró” a la nueva residencia. Sentimiento que su madre y él también sintieron. Ganó el Premio Pulitzer justamente con la novela “Las Uvas de la Ira” libro cuya temática es las incertidumbre de los inmigrantes viajeros. Después de ganar el Premio Nóbel nuevamente quiso sentir el sentimiento del desarraigo y viajó con su perro más de 15 mil kilómetro a lo largo y ancho de los EEUU. Siendo un adolescente sus padres se mudaron de la Florida a California y este cambio lo afectó. Dicen quienes lo conocieron que John Steinbeck fue como una planta que cambiaron de lugar y nunca pudo acostumbrarse en ningún lugar; igual a la abuela y a su madre. Su esposa contó las profundas depresiones que padecía mientras escribía y que estuvo a punto de enloquecer o acabar con su vida.
Comment by Claudio — 2009 03 @ 11:02 pm
¡LA VIDA! ¡CUANTO VALE ¡! DE UNA VIDA SANA Y ORDENADA PROVIENE LA BUENA SALUD. SIN EMBARGO, CUANDO LLEGA ALGUNA ENFERMEDAD A CASA O ALGUN SER QUERIDO, NOS CAMBIA MUCHO, EN LO QUE DECIMOS, SENTIMOS Y REFLEXIONAMOS POR UN LADO, PERO TAMBIEN, HAY LA POSIBILIDAD DE REACCIONAR CON DESGANO O ABURRIMIENTO POR LO COSTOSO EN TIEMPO Y DINERO INVERTIDO.
PERO, ¿CUANTO CARIÑO SE REQUIERE PARA ASUMIR ESTA SITUACION DIFICIL? ESTO COMO ENFERM@ O ENFERMER@ QUE PRETENDEN MEJORAR. ¿QUÉ ACTITUD TENDREMOS CUANDO TENGAMOS UN ENFERMIT@?
Comment by ... — 2009 03 @ 3:25 am
Cuando hoy Rossmary(17) la han cambiado del hospital de Collique al Sabogal y finalmente, al Rebagliati por una anemia de grado 1, ¿quedan tantas preguntas…? No solo está su padre sino también K, su amigo verdadero junto a los demás. Solidaridad con cada enfermit@ y enfermer@.
Elevemos una oración por ell@s. 29-mar-2009
Comment by AnaTeresa — 2009 03 @ 8:23 pm