Ya era la noche del día tantas veces prometido. Todo estaba listo para la huída, para iniciar nuestra vida en común. Pero algo pasó. ¿Cómo poder describir tu expresión, tan fugaz como contundente? No era una orden, tampoco era un pedido de clemencia. Era algo diferente. Algo así como una distancia, mínima pero insalvable. El hecho es que no terminabas de estar allí, conmigo. Algo remoto que no descendía. En ese momento te estabas sacando el vestido. Me permitías ver lo que por tantos años solo había podido imaginar. Pero por más que quisiera no me fijaba en ti. Supongo que quería darte la libertad para que terminaras de expresarte sin presiones. A eso me habían enseñado, y a eso lo llamaban caballerosidad. En todo caso, a mi deseo parecía aguardarle un horizonte ilimitado. Esa sería la primera de las miles de veces que haríamos el amor. Pero, ahora, con tu ausencia nada de eso ocurrirá.
Desde la mañana estuve aprestando la huída. No dejaba de sorprenderme tu callada complicidad. Después de tantísimos años de rechazo, de pronto me habías aceptado. No quise preguntar por la razón de tu cambio pues no quería arriesgarme a explicaciones que acaso pudieran conducir a una nueva negativa. Acepté de inmediato tu escueto sí. Y estaba feliz pero cierto temor me acompañaba.
Durante el día preparé las mochilas y compré los pasajes. Poca ropa y algunos libros: las personas felices viajan ligero. Eso lo había escuchado siempre y me parecía convincente. Además, yo sabía que los objetos no nos importaban mucho. Todo era pues muy simple. Solo un viaje en bus que nos llevaría a instalarnos en el nuevo mundo de nuestro vínculo. Me inquietaba que pudieras cambiar de opinión. Pero me tranquilizaba tu aceptación que pese a ser breve e inesperada provenía de una persona que nunca dejaba de honrar sus compromisos. Quedaba una tarea pendiente: teníamos que llevar los exámenes del colegio donde enseñábamos para calificarlos en el viaje. Había que enviar las notas al colegio. No me importaba irme sin avisar pero lo que no podía hacer era dejar sin calificaciones a los estudiantes. Era una molestia pero nada grave.
En la noche pasé a recogerte. Me sentía apurado por partir e iniciar mi nueva vida. Pero, pese a la prisa, todo mi cuerpo te anhelaba. Entonces te propuse sellar nuestra unión con el amor de nuestros cuerpos. No me respondiste pero te sacaste los zapatos y bajaste el tirante derecho de tu vestido. Nada tan feliz me había ocurrido en la vida. Pero fue en ese momento cuando me miraste de ese modo que no puedo describir pero que fue como caer del cielo. No es que me dijeras que no. Pero me dabas a entender que tú preferirías no hacerlo. Vacilé un instante. No, en definitiva, eso que estaba viviendo no era justo. Tantos años de espera, de amor y paciencia, para esa respuesta que insinuabas con ese gesto que ni siquiera puedo describir. Por un instante pensé continuar, haciéndome el desentendido. Pero imposible. No podía traicionarme. Eso era el fin. Dejé de mirarte de reojo y me fui, rápido, tratando de eliminar cualquier duda. Mientras me iba me pregunté si debería odiarte. Y, de inmediato, acudió un rotundo no a mi cabeza.
Solo tiempo después pude comprender la razón de mi negativa. ¿De dónde venía mi contundente resistencia al impulso de odiarte? Al formular una y otra vez la pregunta, en mi cabeza se fue quedando una expresión que me resultó consoladora: lo insondable. Si, lo insondable. Lo insondable es esa presencia que se entromete sin avisar. De allí vienen esas preguntas eternas que no tienen respuesta pero que no podemos dejar de formular. Y cuando lo insondable nos atrapa y nos sumerge en sus brumas y divagaciones llegamos solo a conjeturas que quizá hoy nos parecen convincentes pero que mañana más tarde nos pueden semejar improbables y extrañas. El hecho concreto es que ni llegué a saber porque me habías aceptado, ni, tampoco, logré descifrar de donde venía ese gesto con el que me decías que preferirías no hacerlo. Pero mira: con el tiempo has ido desapareciendo en ese abismo.

‘Lo Insondable’, por fin un nombre para lo que no se explicar. Bueno también, saber que esas personas y las preguntas que de ellas no podemos responder, pueden terminar desapareciendo de ese abismo.
Comment by Tal — 2008 12 @ 8:20 pm
¿O ROMANTICISMO O UNA INTERESANTE COMPOSICIÓN, O CURSILERIA O IRREALIDAD, O SIMPLEMENTE SENSIBILERIA FUGAZ? Quizás más bien es Imaginación y sólo creatividad, o finalmente una tierna utopía para siempre. Poco creíble para estos tiempos. Emana frescura al escribir.
Comment by victoria — 2008 12 @ 10:12 pm
Le aclaro que l@s docentes tienen que estar en los I.E. hasta la clausura a fines de diciembre, no hay tiempo para paseos, ni otras cosas más. Bueno, si se ven a diario en el barrio y en el colegio ¿cómo él pudo hacerla desaparecerla de su vida? ¿Qué explicación podría utilizar ella para su reacción? Realmente, es situación bastante complicada. Dos profesores en tales circunstancias… mmm, no me imagino ese desenlace. En tu post presentas un caso único… realmente sublime, el docente, un caballero.
Comment by ... — 2008 12 @ 3:26 am
Releyéndolo otra vez diría… Mira…qué lindo….. Súper sensible…..tierno…humano…. Hmmmm….. Me quedo sin palabras… te imaginas una situación así para un varón??? Es todo un lindo caballero que vale oro… ¿existen, dónde están? ¿Dónde queda ese colegio?
jejejejjejeje….. Parece que como escritor, quisieras manejar, controlar, subyugar todo, y no puedes… Bueno, describes una situación creada, no??? Curioso, logras describir a los protagonistas de modo original y sublime. Gusta, en verdad, su articulito, ehhh.
Comment by victoria — 2008 12 @ 4:39 am
Eso de Insondable, llama la atención, punto para ti. Mira, no sería otra cosa si esa bonita pareja de jóvenes o adultos, decidiera después de “Tantos años de espera, de amor y paciencia…” formalizar su relación, compartiendo su alegría, con toda su familia y las personas de su entorno cercano, a través de su Matrimonio en la Parroquia que los vio crecer, o la del vecindario de uno de ellos… Si han tenido tanto tiempo de compartir lindos momentos, se conocen bastante mejor y esta historia romántica hubiera terminado simplemente con mucha felicidad para todos, por lo menos en la primera parte, pues los siguientes capítulos serían parte de otros capítulos, es decir de un proceso normal de crecimiento de esposos. Hmmm Este post, sirve de punto de conversación-reflexión sobre el presente, las alternativas, futuros y elecciones para la vida auténtica… ¡Felicitaciones!!!!!
Comment by AnaTeresa — 2008 12 @ 3:05 am
Listo para converirlo una novela pero no necesariamente a la mexicana o brasileira. Puede salir hasta un cortometraje… verás que sí. Hoy por hoy, otros lo plantearían de modo más frío, calculador y oportunista… pero es tan considerado el muchacho -según tu descripción.
Realmente es original el post.
Comment by Anonymous — 2008 12 @ 5:00 am
Me intriga algo, cual será la posible posición de la joven frente a esa circunstancia -aparentemente romantica, tal como lo presentas.
Es allí donde surge para el protagonista el concepto de lo insondable. Esas cosas que no pueden terminar de saberse pero con las que tenemos que vivir. Desde fuera de la historia podría decirse que parece que ella se rinde ante al asedio y vislumbra la posibilidad de una vida con él. Pero no está totalmente convencida. Hay algo que no está dispuesta a darle. En realidad no está en la capacidad de hacerlo. De repente ella esperaba un arrebato furioso que nunca llegó. Un ideal de amor que es una forma de defenderse de la posibilidad del amor. Y después de años todavía no puede renunciar a ese sueño. Y él no quiere una dádiva. En eso él se parece a ella pues lo quiere todo.
Comment by diciembre — 2008 12 @ 1:46 pm