Nos guste o no, la naturaleza no es justa. A veces, tiende a los extremos: un niño nace con insuficiencia cardiaca y muere en pocos años. Y una anciana cumple cien años, lúcida y rodeada de su numerosa descendencia. Y no se trata de la salud y la vida, únicamente. Otros dones se distribuyen también azarosamente, sin relación con los méritos de quien los reciben. Hay gente bella. En la lotería genética les tocó la suerte de una proporción de rasgos que todos admiramos. Y hay gente fea. Y hay también, la mayoría, aquellos que no sabemos muy bien lo que somos. Lo mismo podría decirse de otras capacidades. La inteligencia es muy apreciada. Pero igualmente lo es la empatía con los otros. Por no hablar de la habilidad para los negocios o de los talentos artísticos. No sabemos sino muy vagamente lo que hemos recibido. Y vemos gente que ha recibido más y gente que ha recibido menos.
Y la sociedad es aún más injusta que la naturaleza. No todos tienen las mismas posibilidades de desarrollar sus dotes. O, más decisivamente, la posibilidad de hacer de este desarrollo una empresa satisfactoria, el camino de una vida bien vivida. Y así por todas partes vemos que la desigualdad y la injusticia conspiran contra los talentos de la criatura humana. Y también somos testigos de vidas que tienen “todo” pero que están acosadas o destruidas por mortíferas obsesiones. No hay duda: arrancarle un poco de felicidad a la vida es una ardua tarea pues la criatura humana no está bien hecha.
Desde el ideal de que tod@s debemos tener las mismas oportunidades de llevar una buena vida, la naturaleza y la sociedad nos resultan injustas. Y la situación podría ser peor si no hacemos nada. Y así las cosas estamos arrojados al dilema y al desgarramiento. De un lado, como miembros de la colectividad aspiramos a la justicia de la equidad. Pero, de otro lado, como individuos pensamos que ese ideal es remoto, por lo que no podemos dejar de sentir consuelo por tener más que los otros. Entonces, finalmente, oscilamos entre el escepticismo de que nada va a cambiar y el sentimiento de que podríamos hacer algo más.
Pero como individuos ¿cómo valoramos nuestra posición en la repartición de los bienes? ¿estamos contentos con lo recibido? ¿qué necesitamos para no sentirnos desilusionados, amargados?
II
Muchos te dicen que has tenido bastante suerte pues eres muy querido y que posees, además, grandes capacidades que es tu responsabilidad desarrollar. Te dicen que tienes, prácticamente, todo; entonces, antes de quejarte, y fastidiar, tendrías que pensar en los muchos que tienen menos que tú. Y eso que te dicen, aunque no te calma, te parece sensato; de manera que tú se lo repites a otros. Pero en medio de todo hay algo que no te cuadra pues, de un lado, tú necesitarías más, y, del otro, a cada rato te topas con gente que ha recibido mucho más que tú.
Entonces no acabas de estar contento. Con frecuencia piensas que te ha tocado muy poco, o que en todo caso te ha tocado bastante, pero que tú, por alguna razón, necesitas mucho más. No obstante, tratas de acallar eso que piensas pues no quieres ser impertinente o majadero. En todo caso, no estás convencido y te preguntas ¿cómo han sido conmigo la naturaleza y la sociedad? ¿no será que la vida es para todos una desilusión interminable?
Claro, te dices, me gustarían muchas cosas. Ser joven, alto, delgado, buen mozo, extremadamente atractivo, rodeado de bellas muchachas. Tener éxito, dinero, poder. Ganar premios, estar en la boca de las gentes. Ser el salvador de muchos, el campeón de la justicia. Todo eso te gustaría. Pero ahora que lo dices te entran dudas sobre si realmente lo deseas. Comienzas a sospechar que esas aspiraciones no son tan tuyas como pensabas. Las has recogido, o te las han impuesto, tus padres, tus profesores, tus amigos, los anuncios de la tele y de la calle. Entonces te das cuenta que son las aspiraciones de todos. En realidad, solo eres uno más, alguien que no termina de entrar en sus propios límites, un individuo trastornado por lo infinito. Entonces, piensas, que mejor fuera percibir tu historia como cómica en vez de trágica. Pero eso no te resulta fácil pues algo en ti persevera en verse como una víctima anónima y desechable de esos mandatos imposibles; es decir, como un infeliz que solo quiere más y que desprecia lo bueno que pasa por su vida. Pero llegado a este punto te percatas de que, en efecto, tu vena trágica es graciosa pues tampoco eres tan así… lo que sucede es que te gusta dejarte llevar por las exageraciones…

Creo que el clima frió de estos días, inspira que percibamos lo que nos sucede de una forma reflexiva, realista y exigente, sin embargo, vale la pena estos instantes místicos, para que finalmente, apreciemos la vida que nos ha tocado vivir aquí y ahora, amando cada momento vivido con la fortaleza y la ternura que se nos da desde el Infinito. Buena lección maestro.
Comment by .. — 2008 08 @ 8:25 pm
Que identificada me he sentido con cada palabra de tu post. Pensabe mientras leía que la falta es ese algo que todos compartimos. Será la carencia un lugar desde el cual se pueda imaginar genuinamente el camino hacia la igualdad?.
Por otro lado, me acordé de la pequeña descripción que haces de tí en tu perfil, donde terminas diciendo que has tenido suerte en la vida. Esa -aunque pueda ser inconstante- es una sensación que basta y sobra!. Un beso
Comment by Tal — 2008 08 @ 8:14 pm
Yo también, me he sentido absolutamente identificada con este post. Qué bonito que escribas sobre cosas que sentimos todos…y qué complicado vivir con la eterna falta…
Comment by tilsa — 2008 08 @ 3:29 pm
Comparto con Tilsa su sentir, pues lo que has escrito forma parte de las sombras (y luces) de nuestra naturaleza humana, además, quien no pasa por esos momentos al vivenciar situaciones que no comprende y que nos afectan mucho pues provienen de la familia y/o del entorno social… Lo bueno es que contamos con una fuerza interior que se activa cuando uno se dispone a estar en contacto con la bondad-fortaleza del Creador.
Como dicen algunos pocos o quizás muchos, no estoy segura, “con limones… una riquísima limonada”, de lo contrario nos podríamos hacer daño o sería más bien que ese momento, ese instante sirva para buscar la … Fuente de la Armonía.
Definitivamente nos has hecho meditar en lo que últimamente nos ha ido sucediendo.
Anteayer, llovizno bastante y ayer salió el sol… Así es la vida???
Comment by AnaT. — 2008 08 @ 7:46 pm
Cito del texto:
“En todo caso, no estás convencido y te preguntas ¿cómo han sido conmigo la naturaleza y la sociedad? ¿no será que la vida es para todos una desilusión interminable?”
Es curioso, fueron esas las preguntas que me movieron a estudiar sociología (bueno aparte del afán de deseo de superación inculcado por mis padres). No tenía ninguna intención de cambiar el mundo o aportar algo extraordinario digno de admirar.Actualmente, la sociología no ha respondido esas preguntas, solo ha ampliado mi conocimiento de la naturaleza de ciertas cosas. DE lo que si estoy seguro es que buscar en una disciplina como esta la respuesta es vano. En fin, la seguiré buscando…
Saludos
Comment by Roger — 2008 08 @ 2:06 am
yo pienso q este criterio no se puede estudiar en ningun lado en ninguna asignatura tb pienso q nadie en este mundo por muy listo q sea lo va a descifrar, estas cosas son los misterios de la vida q son inexplicables e impensables q no son como las matematicas q se puede decir q 2+2=4. Lavida pienso q es amarga con towues dulces q hacen q a sobereemos los mas afortunados.
Comment by nazira — 2008 08 @ 10:54 am
Yo pienso q esto es el curso de la vida siempre ha sido asi y siempre lo sera, no hay ninguna ciencia q etudie xq esta tan desproporcionada las riquezas y miserias las cosas buenas y las malas, esto no es como las matematicas q se puede aprender 2+2=4. solo falta esperar en esta vida q seamos privilegiados y tengamos unos momentos confortables por desgracia hay muschos q no lo seran tanto.
Comment by nazira — 2008 08 @ 11:01 am
Pienso q no se puede saber nunca xq esta tan desproporcionada las justicias y las alegrias eso no se puede estudiar con ninguna ciencia q hay en el mundo ni la persona mas culta podra saberlo nunca esto no es como pitagoras. Solo podemos esperar a que seamos privilegiados y tengamos muchos momentos felices en la vida como se suel,e decir si DIOS lo desea.
Comment by nazira — 2008 08 @ 11:07 am
¿Estoy contento?
El título del post lo he tomado de una entrada de la Página de Gonzalo Portocarrero, un blog de contenido social muy bueno. Recomiendo leer dicha entrada para poder entender por qué me animé a escribir al respecto.
Definitivamente coincido con el D…
Trackback by El vendedor de sueños — 2008 09 @ 2:48 pm
Cada vez parece más difícil sentirse contento. Por más que recalquen la fortuna de tus condiciones siempre se encuentra un pequeño agujero o un absceso que te maltrata e impide tu andar tranquilo por una llanura agradable.
Veo que la inconformidad es considerada una cualidad que te permite mirar el futuro con mayores expectativas y, a la vez, esforzarte en el presente para que tales “esperanzas” sean satisfechas. Si no fuera así la expresión “eres un conformista” no sería despectivo y más bien consagraría al aludido como un cualificado estupendo. Pero ¿hasta qué punto la inconformidad es saludable? ¿En qué momento el lamento por la injusticia de aquella repartición azarosa termina por consumir los atributos que te fueron entregados? Entonces, se vive en un interminable recorrido de cavilaciones y nostalgia. En el extremo negativo de una existencia perturbada que se aleja cada vez más del anhelado equilibrio. Por eso sufres: no te sientes bello, no eres suficientemente alto o lo eres mucho, no te gustan tus manos, podrías ser más inteligente, podrías ser más “popular” o serlo menos, podrías expresarte de una mejor manera. Podrías, podrías, podrías…
Pero ¿Por qué siempre debes comportarte como una víctima de las circunstancias? Sí, es cierto que puede ser que lo que sucede realmente es que “te gusta dejarte llevar por las exageraciones”…
Comment by ...! — 2008 10 @ 5:49 pm
Desechable… sonreí ante esta palabra. El cuerpo es desechable en verdad. Igual las ideas.
Me encanta esta frase “un individuo trastornado por lo infinito”. Y ¿cómo no trastornarse ante lo infinito?. Muy divertido tu texto.
Comment by bajoeldesierto — 2009 01 @ 3:06 pm