I
El bien de la colectividad aparece para Batman como un fin absoluto en este film (Nolan 2008). No se debe escamotear ningún sacrificio para alcanzarlo. Hasta renunciar a la propia vida e incluso dejar atrás la expectativa de la gloria como recompensa justa al esfuerzo efectuado. El único motivo para actuar bien tendría que ser la satisfacción de estar haciendo lo que se debe. Hasta aquí la ética de Batman no puede ser más sencilla. Dar todo a cambio de una buena conciencia. Pero las cosas son más complicadas. Esa fórmula no alcanza para explicar el compromiso de Batman con el bienestar de todos. De hecho, aunque no sea explícito, está también el goce de castigar a los malos, y, de otro lado, la emoción, la adrenalina, de exponer su propia integridad física. Es un hecho que a Batman le gusta arriesgarse para dar “su merecido” a los que han roto con la ley. Ese disfrute resulta ser una recompensa escondida, una suerte de aliciente ¿extra? por hacer bien su trabajo. En todo caso, ese goce es también la ganancia de los espectadores que festejamos con júbilo las palizas que el héroe propina a los malvados.

Pero Batman no es una máquina y no siempre hace lo que debe. Entonces, cuando tiene que escoger a quién salvar, si a la chica bella de la que está enamorado o al hombre importante para la comunidad, su impulso es salvar a la chica. Sin embargo, esa humana debilidad ha sido prevista por quien le tiende la trampa, el Guasón, de manera que Batman termina salvando al hombre importante y no a la chica que ama. Resulta entonces que, escogiendo realizar sus deseos privados, Batman cumple su deber para con su comunidad. Pero pese a todo es culpable pues colocó a su amada por encima del interés de la colectividad. Además, las cosas se complican porque al hombre importante que Batman ha logrado salvar le interesa más su venganza personal que el cumplimiento de la ley y antes de morir asesina a todos los traidores que permitieron su captura. Inesperadamente, el hombre importante se deja llevar por el odio y la venganza, desoyendo el llamado de la ley y la justicia.

Si Batman pretende servir el bien de todos, el Guasón, su contrincante, ama el caos. Su nombre lo dice todo, él pretende gozar, siempre. Quiere probar, además, que todos somos –potencialmente- como él. Para el Guasón el heroísmo es una impostura autolimitante y ridícula, es la actitud de los cobardes a quienes les falta el valor para perseguir sus verdaderos goces optando entonces por limitarse, comprometiéndose con la ley. A diferencia de los criminales a quienes desprecia, pues solo quieren dinero, el Guasón es un amante apasionado de la muerte y la destrucción. El sufrimiento de los otros le produce un éxtasis momentáneo que es como una droga de la que siempre quiere más.

Finalmente, Batman no ha hecho nada malo, no obstante pretendió hacer lo indebido y por ello, consciente de su culpa y debilidad, decide atribuirse los crímenes del hombre importante. Se convierte entonces en un proscrito, pero logra salvar la reputación heroica del hombre que salvó sin haberlo querido. Escondiendo la debilidad del hombre que rescató, Batman preserva la vigencia de la figura heroica. ¿Por qué se sacrifica? ¿Culpa y arrepentimiento? ¿Trata de reparar su infidelidad al bien? No parece ser el caso. La razón de su acto está en que Batman evalúa que en ese momento el mejor modo de servir a su comunidad es protegiendo la idea de heroísmo. El supuesto que lo lleva al sacrificio es que el gran público no podría entender la caída del virtuoso, de manera que esa caída tendría un efecto desmoralizante, sería un pésimo ejemplo. El gran público es como el niño que debe ser protegido de la verdad, necesita creer que los héroes existen y que no pueden desertar. En realidad, sin embargo, la situación es más compleja pues lo que plantea la película es que el héroe es aquel que ha sido capaz de atravesar el mal. Alguien que ha caído pero que ha logrado levantarse. Pero este conocimiento no sería conveniente para el gran público que debe permanecer en la inocencia de que es posible el héroe de una sola pieza. La absoluta integridad. Pero, claro, una cosa es el público dentro de la película, los habitantes de Ciudad Gótica, y otra muy distinta el que ve la película. Los segundos, los espectadores reales, saben la amarga verdad que los primeros, los personajes anónimos del film, desconocen. Los espectadores reales son llamados a identificarse con la decisión de Batman. En este aspecto la película toma partido por la mistificación opresiva. La gente requiere ser manipulada para que se porte bien. Una opción alternativa y liberadora hubiera sido que Batman confesara su caída y también la del hombre importante. No estamos exentos de hacer cosas malas. Solo conociendo nuestras debilidades podremos actuar mejor. Lo que es seguro es que si desconocemos nuestras debilidades vamos a actuar peor.

II
La película sugiere que el Guasón es también un vengador. Al provocar sufrimiento está buscando que los otros sientan lo que a él le ocurrió en su infancia, cuando fue víctima de toda clase de abusos. Entonces el mal no solo es un espectáculo gozoso e irresistible, es también una venganza, el cobrarse una deuda haciendo pagar a los otros lo sufrido. Pero si bien es cierto que el Guasón logra hacer caer a los héroes, tampoco es que su tesis triunfe. La película sostiene que hay (¿mucha?) gente que, acaso sin sospecharlo, es capaz de actos heroicos cuando el momento así lo demanda. No es que a todos solo nos importe nuestro disfrute. Es el caso del presidiario que pudiendo matar a otros para salvarse decide abstenerse de hacer daño. Es decir, que prefiere morir a matar. O el del ciudadano corriente que, a último momento, descubre lo mismo aún cuando estuviera decidido a matar para no morir.

De otro lado, el héroe tiene licencia para transgredir las leyes siempre que lo haga en función de metas más elevadas. Así Batman no duda en torturar al malvado Guasón para tratar de salvar a la joven heroína. La tortura del malvado se justifica para defender la vida del honesto. El argumento puede ser plausible, el problema es que rápidamente la tortura deja de ser un medio y se convierte en un fin en sí misma, en crueldad. Entonces sería el Guasón quien gana.

En la Torah (ver Forster 2001:99) se cuenta que en algún momento Dios erradicó el mal del mundo. No obstante, al poco tiempo alguien enfermó y no se conseguía un huevo para sanarlo. Y es que las gallinas estaban desganadas. Entonces hubo que traer al mal de regreso. En la historia se plantea que el mal es fértil y el bien sería estéril sin su presencia. De la misma manera, sin el mal no habría héroes y la película sería aburrida. Batman no gozaría reduciendo a los bandidos y estos carecerían del encarnizamiento que los hace malvados.

En términos lacanianos podríamos decir que el mal es el goce no sujeto a la ley. Es el disfrute que -por falta de límites- se convierte en excesivo, en sufriente y hasta mortífero. Es la voracidad (auto)destructiva del querer siempre más. No podemos prescindir del goce, pues entonces la vida carecería de interés, pero tampoco podemos abandonarnos a él pues nos condenaríamos a la soledad del adicto que se mata a sí mismo. La ley es la posibilidad de recortar el goce para recuperarlo en el campo limitado y apaciguado del deseo lícito, aquel que permite la sintonía con los otros. En breve, el mal es el goce desquiciado y el bien es el goce comedido. Entonces el bien, al ser limitado, no es todo lo bueno que se pueda imaginar. Mientras que el mal tampoco es todo lo malo que se pueda pensar pues, en su núcleo, es una satisfacción.

Esto nos lleva a un último punto. El malvado que usa a los otros como medios para su goce quebranta la ley. En algún momento, la sociedad, representada en su mundo interior como su conciencia moral, lo acusará. El malvado sentirá entonces culpa y necesidad de castigo. Pero nada de esto sucede con el Guasón. Él no le debe nada a la sociedad y no siente ningún deber para con sus prójimos. Más que un psicópata es un excluido de la comunidad humana. Por ello es que representa el goce sin ley. El mal radical.

Bibliografía

FORSTER, Ricardo
2001 Walter Benjamin y el problema del mal. Buenos Aires: Altamira.

NOLAN, Christopher (director)
2008 Batman. El caballero de la noche [película]. Estados Unidos.