La lengua de los argentinos
Los argentinos, específicamente los porteños, suelen sorprender con su manera de hablar. Seguros y enfáticos, pero también, y sobre todo, necesitados de confirmación. Y cuando no la encuentran, la dan por supuesta. Así son de contradictorios. Dada esta situación los vínculos que establecen entre ellos están marcados por la búsqueda de un reconocimiento (¿mutuo?) que resulta difícil de lograr.
Esta apreciación es una síntesis intuitiva que nace de la escucha en calles y cafés. Pero creo que se podría llegar a lo mismo con un análisis más detenido.
Empecemos por rescatar algunas frases oídas o leídas.
Tenés un cigarrillo,
Reservá tus entradas,
Adelantá tus compras,
Si manejás no te excedas.
¿Querés disfrutar la vida hoy?
Se trata de enunciaciones que se sitúan en el plano yo-tú, en el campo de la comunicación inmediata. Es decir, en la oralidad y su simulación escrita. Estas enunciaciones ordenan, sugieren o interrogan. En todo caso suponen:
Una transgresión de la norma del castellano estándar, una transgresión que es colectiva, que crea un nosotros, “los que hablamos así…” Este transgredir, o quizá sería mejor decir, este ignorar la norma y crear otra, vale solo para el lenguaje hablado pues en la escritura se suele emplear la versión oficial. Lo que significa que en la escuela, en las clases de castellano, los niños aprenden “tú tienes” pero en el hogar, y en la calle, se acostumbran al uso de “tu tenés”. Se configura una situación de diglosia. Se usan diferentes formas de expresarse según la ocasión. Se separa lo formal de lo amical.
Desde el punto de vista fonético ocurre que en el hablar porteño el énfasis suele trasladarse a la última sílaba. En vez de “manejas”, manejás El cambio del acento a la última sílaba alarga la emisión del sonido (manejáas) de manera de sostener al hablante más tiempo en la posición activa de enunciador. La transgresión lleva implícito pues un reclamo de protagonismo. El hablante se apropia de la palabra de una manera que excede a lo convenido en la norma válida en otras comunidades castellano parlantes. Es claro que el “yo” reclama como derecho consagrado el ser oído. La vigencia de este reclamo implica inmovilizar al oyente en la escucha y en el papel de quien está llamado a comprender, y a vivir a través del otro. A ser el espejo de su imagen. Es evidente que en este contexto la posición de mayor prestigio es la del hablante. También es claro que al hablante no le gusta tanto ser oyente. Entonces en la medida en que (casi) todos los argentinos son “hablantes netos”, o pretenden serlo, ocurre la superposición de los enunciados. Es decir, hablan a la vez. Hay hablantes pero no hay oyentes. En todo caso hay muchos “oyentes” pagados, los analistas. Por tanto la comunicación está interferida por una competencia por hablar, por tratar de hacerse oír. Pero este tratar es infructuoso pues esa persona silenciada por la vehemencia del hablante difícilmente escuchará. En síntesis, en el alargamiento de los vocablos, por el cambio del acento hacia la última sílaba, se pone en acto una pretensión de imperio, una necesidad de expresión, que implica tener por más tiempo la palabra. Lo que comunica ese exceso en el uso de la palabra es “aquí estoy yo”. Lo decisivo del caso es que la sociedad avala la pretensión desmesurada de ser centro de atención. Hecho que genera problemas de comunicación entre personas que no se deben obediencia o admiración. En todo caso la idea es ser más seductor que impositivo.
En efecto, ese protagonismo del hablante pretende quiere ser simpático, quiere encantar, construir una familiaridad con un oyente idealmente embelesado. En principio no se trataría de imponer. Lo que se desea es sugerir en vez de ordenar. Manejaá con cuidado. No obstante acá encontramos una tensión. En efecto, el hablante supone que su reclamo de protagonismo no tiene porque ser mal recibido dado que su enunciación estaría depurada de lo imperativo, que se daría desde la gratuidad de la sugerencia; pero el problema está en que se impone, en que se da por supuesto, un pacto de intimidad con un oyente a quien no se le da oportunidad de rechazar o aceptar el arreglo. Es decir el hablante da por supuesto una actitud que el oyente no tiene porque tener. En realidad la manera en que la enunciación será recibida depende en mucho del oyente y sus (in)justificados prejuicios sobre el hablante.
II
En el mundo castellano-parlante circula el siguiente chiste sobre los argentinos: “¿cuál es la forma más fácil de multiplicar tu dinero? Comprar un argentino por lo que vale y venderlo por lo que él dice que vale.” La humorada condensa un prejuicio muy vigente sobre los argentinos (porteños). Son arrogantes y creídos, siempre pretenden imponerse. Resultan pues antipáticos e insufribles. No tienen en cuenta a sus interlocutores aunque los necesiten para validarse a sí mismos. Es evidente que esta visión tan crítica coexiste con sentimientos de admiración por los innumerables logros de Argentina. La misma seguridad personal de los argentinos, esa fuerza que se hace valer en el empuje de su futbol… por ejemplo.
En una sociedad como el Perú el uso del lenguaje es más convencional, apegado a la norma. En el mundo criollo hay un ideal de pureza, el “habla culta”, que supone un buscar diferenciarse del castellano “motoso” del mundo andino. El apego a la norma es entonces síntoma de un elitismo jerarquizador. Las madres de la clase media corrigen a sus hijos la pronunciación, la gramática y la sintaxis pues de otra manera podrían ser “confundidos”. Si a alguien se le “escapa” un “hayga” (¡Ojalá que hayga tiempo! ) ese alguien puede quedar (¿sutilmente?) excomulgado del número de la gente respetable. Pero la situación es más complicada pues en la comunicación oral en el Perú no está tan presente la urgencia de un reconocimiento como ocurre en el caso de Argentina. En el Perú la gente sabe más cuál es su lugar de manera que no es necesario hacerlo evidente o construirlo en el momento mismo del diálogo. Maruja Barrig dice que en el Perú hay un 10% de la población que habla de tu al 90% pero que se sentiría ofendida si ese 90% no devolviera ese tu con un Usted. Las cosas son más complicadas pero el aserto es preciso.
En todo caso es claro que en un diálogo, donde la diferencia y la jerarquía están claramente determinadas, no cabe ese exhibicionismo tan propio del hablante del castellano en Argentina. Desde la Argentina los peruanos somos estereotipados tradicionalmente como apocados e inseguros. Lo que tiene bastante de cierto. En cualquier forma resulta que la desigualdad en la comunicación entre los peruanos se vincula con su inseguridad como miembros de una colectividad. Aún los peruanos de origen más aristocrático carecen del aplomo (¿excesivo?) de los argentinos porteños. Y entre estos últimos se rechaza la mayor vigencia de la democracia mediante estrategias empleadas por los hablantes por medio de las que tratan de construir performativamente su superioridad. Lo que resulta en las consiguientes dificultades de comunicación. Es como si entre los porteños hubiera aún la necesidad de una jerarquía pero es como si esta solo pudiera establecerse en la propia comunicación pues no está definida de antemano como si ocurre en el Perú donde las diferencias físicas y gestuales encasillan a las personas. Llegamos entonces a la conclusión de que esta necesidad de protagonismo de los porteños revela una debilidad del sentimiento ciudadano.
Estamos todavía ante una sociedad post-colonial. Mucho más democrática que la peruana pero todavía lejos de la pauta de “desatención cortés” que caracteriza a las sociedades de mayor raigambre ciudadana. En forma esquemática tendríamos tres situaciones: a) En la comunicación entre desiguales no es necesario mostrar nada pues ya todo está dicho. b) Si la comunicación ocurre entre gentes que se conciben como iguales entonces se impone el “respeto frío”; en todo caso hablantes y oyentes construyen una socialidad que se basa en pacto explícitos. c) Finalmente tendríamos el caso argentino donde persiste el ideal de desigualdad pero no hay manera cierta de dar por establecida una jerarquía; entonces en la propia comunicación se performa la anhelada superioridad sobre el interlocutor.

Gracias por la descripción e interpretación de esa forma tan curiosa que tienen los argentinos en su hablar cotidiano… resulta sugestivo la forma en que planteas la relación de cómo y porqué son así l@s bonaerences clásicos como colectividad. Super interesante cuando presentas la analogía con la forma de expresarse de los peruanos. ¿Qué más nos contarás…
Comment by .. — 2008 08 @ 3:16 am
No se por que mis mejores amigos latinoamericanos son argentinos.
Comment by leo — 2008 08 @ 2:15 pm
No se por que mi desprecio a los argentinos es mastodóntico. Jaja, bueno, muy buen post, y sí, indiscreto, che.
Comment by gaffie — 2008 08 @ 3:28 am
el año pasado estuve viviendo en buenos aires y llevé cursos en la uba, uno de ellos fue referente al lenguaje, donde se discutió el “español argentino”. primero, el uso del podés, tenés, apreciá, del voseo (http://es.wikipedia.org/wiki/Vos), como le dicen lingúísticamente, tiene una connotación doble, no solo se trata de tú, sino también del usted, es decir que ellos consideran que ese voseo también puede ser bien respetuoso, de hecho el voseo era parte del habla culta argentina de años anteriores. Para nosotros acostumbrados a hacer una diferenciación (tú/usted) pasa totalmente desapercibido, ese matiz se nota de acuerdo al cómo de la pronunciación. El voseo es más común en latinoamérica de lo que se piensa, así que considerarla como “transgresión”, no creo que sea del todo preciso, sí lo es, si se considera cada variante del castellano de castilla (que existe efectivamente en cada país, por pronunciación, no solo por escritura) que dió pié al español de la rae es transgredir. Personalmente, creo en una aparente rigidez de las normas de lenguaje que varían cuando los usos se vuelven más comunes y forman parte del “español oficial” (el panhispánico es una prueba de ello). Cada país, de una u otra forma, “ignora la norma y crea otra”, de ahí la riqueza del lenguaje, por su misma esencia de creación colectiva, y vale recalcar que no por eso es “menos” castellano una lengua que otra (xq esté más a apegada a la norma o no). Otro punto, en el colegio ya enseñan el voseo como norma oficial, la real academia argentina la reconoce como oficial un poco tarde en los 70’s creo sino 60’s, pero es cierto antes enseñaban el “tuteo” en las escuelas, pero ahora los libros escolares vienen con el vos, así que esa dicotomía ya no existe. Lo que sí es cierto es que, en la mayoría de porteños, existe una actitud egocentrista inmensa, pero que se caracteriza mas que en el voseo, en la pronunciación en voz alta y fuerte, unido al lenguaje corporal intrínseco que actúa en el momento(que viene de sus raíces italianas).La jerarquía entre los porteños se da igual que acá, proviene de una clase terrateniente, que vive en ciertas zonas, y va a ciertos lugares, y aparece en ciertas revistas, etc, es lo mismo, la diferencia es que la clase media es muuucho mayor en buenos aires que aquí en lima, además que la población es mayor, y que como la UBA es realmente gratuita, casi todos llevan cursos aunq no terminen la carrera.Pero en argentina hay momentos en que las jeraquías desaparecen (casi por completo): cuando argentina va al mundial o rumbo a él, el grito de gol puede ser compartido en un abrazo entre el presidente del hipódromo y el que limpia los establos en él. La necesidad de protagonismo que tienen,creo, revela más que una debilidad del sentimiento ciudadano, un sentimiento de inubicación en el plano territorial, creo que se podría decir que siente que latinoamérica “les queda chico”, y esto se puede percibir en una cosa, mientras p.e. si alguine en latinoamérica quiere dar un paso más allá en sus estudios piensa en argentina o en méxico o chile como plazas serias para ir a estudiar; un argentino siente que el paso más allá solo es posible en europa (a usa lo odian a morir). ahora tengo una pregunta ¿a qué se refiere con debilidad del sentimiento ciudadano exactamente?.
Comment by eramos — 2008 08 @ 6:18 am
Estimado Gonzalo:
Mil gracias por tu mensaje en mi blog. El comentario anterior no llegó ¿Podrías reenviarlo, por favor? Me encantaría conocer tu perspectiva en torno a mi versión del tema de las “ficciones”.
Como digo en el post, el seminario es sumamente provechoso para el diálogo académico.
Saludos,
Gonzalo.
Comment by gonzalo gamio — 2008 08 @ 4:32 pm
Estimado Gonzalo:
Mil gracias por tu mensaje a mi blog. El comentario no llegó ¿Podrías reenviarlo, por favor? Me encantaría conocer tu perspectiva en torno a mi versión del tema de las “ficciones”.
Como digo en el post, el seminario es sumamente provechoso para el diálogo académico.
Saludos,
Gonzalo.
Comment by gonzalo gamio — 2008 08 @ 4:35 pm
¿Cómo, tú te escribes a ti mismo? ahhhh, ya me di cuenta, es otro Gonzalo. Ten la amabilidad de compartirnos el tema de “ficciones” y de ese seminario mencionado… suena interesante ¿verdad?
Comment by .. — 2008 08 @ 11:14 pm
A pesar de que la lengua de los españoles no se caracteriza por su dulzura.., la lengua de los argentinos me pareció a menudo difícil de digerir. La sentí muy altiva y peleona. O embaucadora.
Nunca entendí esa buena fama del argentino “galán” rompecorazones de la española (¿de la europea también?), pero es real, he conocido casos.
Curiosamente, en un primer momento no encuentro término medio entre los argentinos: o me caen muy bien, o muy regular… Los segundos se caracterizan siempre por su labor para con el prójimo, como Patricio (y no es porteño.) O bien son “analistas”, artistas o historiadores. Sólo en ese caso consigo sentirme del todo cómoda. Como si su labor social brindara la seguridad de que a pesar del habla, no hay una actitud prepotente.
¿Y qué conclusiones sacarías de la lengua de los salvadoreños?… Cuando estuve una temporada por allí, quedé muy impresionada. Estoy segura de que descubrirías cosas muy interesantes de su carácter.
Saludos
Comment by eva — 2008 08 @ 1:18 pm
Creo que en este post y en los comentarios hay muchos prejuicios lingüísticos insostenibles. Un ejemplo: el voseo no es exclusivo de los porteños: cruza los Andes y llega hasta Centroamérica; por eso lo leemos en los personajes de Asturias y Alegría. El uso de la forma “tenés” es una derivación de “tenéis” y no tiene nada que ver con alargar la última sílaba para extender la participación del hablante. Por otra parte, no hay ninguna evidencia científica de que la lengua sea evidencia de la cultura de los hablantes (por cierto, la performance lingüística sí lo es pero esto es totalmente distinto; ya Saussurre distinguió entre Lengua y Habla y Chomsky entre Competencia y Actuación. No se puede pasar por alto estas categorías fundamentales si se quiere analizar las performances de los hablantes). También es cuestionable, por no decir científicamente injustificable, la idea de que el hablante “trasgrede” la lengua o la norma oficial. Es al contrario: más bien la normativa es un conjunto artificial de reglas que impone arbitrariamente definiciones de correcto vs. incorrecto sin que medie para ello ninguna justificación científica; de esta manera, la normativa transgrede el modo natural de formación de las gramáticas particulares.
Por cierto, las ideologías lingüísticas existen y han sido extensamente estudiadas. Los peruanos calificamos ciertas maneras de hablar como superiores y otras como inferiores, de la misma manera que tenemos el prejuicio de que el acento argentino es pedante e impositivo. Lo curioso es que este mismo ensayo (y los comentaristas, especialmente “eva”) no se haya podido librar de los prejuicios que nos impulsan a juzgar y calificar el lenguaje de los otros. Para una explicación de cómo el lenguaje no tiene nada que ver con la cultura, léase el excelente y explicativo libro de Steven Pinker “The Language Instinct: How Mind Creates Language”.
Comment by Daniel Salas — 2008 08 @ 9:58 pm
Realmente divertido tu articulo, Gonzalo, pero francamente no se sostiene. Los chilenos, los andaluces y los cubanos (que son la gente con mas autoconfianza que conozco) se tragan la mitad de las palabras y no “alargan al hablante” en ninguna direccion! Por otro lado, Daniel indica algo que he podido comprobar al menos en Colombia y Guatemala: el voseo esta generalizado en distintas zonas de America y no parece tener nada que ver con un supuesto espiritu nacional…
Comment by Eduardo Gonzalez Cueva — 2008 08 @ 2:46 am
Realmente, creo que el intento de caracterizar el “ego colectivo” de los bonaerenses a partir de algunos rasgos de su lenguaje es insostenible, como bien han señalado Daniel Salas y Eduardo González.
De hecho, lo único que quisiera añadir aquí es que las razones por las que este análisis es vácuo está en la idea tan extendida de que exite algo así como un estandar que “se usa” y que “tiene vida” en comunidades más conservadoras.
Esto es absolutamente falso, incapaz de sostenerse después de décadas de investigación de la escuela variacionista de William Labov. La multiplicación de la variación, sus intrínsecas características idiosincráticas, incluso en los sectores más conservadores, hace imposible decir que los peruanos (ni siquiera los limeños, menos la “aristocracia limeña” si es que hay alguna manera de fijar tal grupo social de modo definitivo) tengamos una especie de fijación o culto por la “corrección”.
Absolútamente todo lo que se dice en este artículo no se sostiene, y creo que el profesor Portocarrero debería echarle un vistazo a algún manual de sociolingüística. Él, que es un renombrado sociólogo, debería cuidarse más de saber lo que se ha venido haciendo en una ciencia tan afín a la sociología como es la SOCIOlingüística.
Por ejemplo, decir que el alargamiento al final de los imperativos propios de la conjugación del voseo obedecen a la intención de “extender la presencia del hablante más allá de lo permitido por le estandar” no tiene ni pies ni cabeza. Una sola razón es que si se mide en microsegundos el alargamiento própio de las vocales acentuadas al final de palabra puede notarse que es mínima como para que se les pueda considerar “vocales largas” en un sentido fonológico (que es el único sentido en el que los sonidos pueden poseer algún tipo de influencia en la consciencia de los hablantes al permitir las distinciones de significado, como en paTa/paLa). Este dato lo recuerdo claramente de mis clases de fonología. Entonces no hay base alguna para decir que haya una invasión del espacio del otro” o cosas así.
Comment by Carlos Molina Vital — 2008 08 @ 2:06 am
creo que el post es una tomadura de pelo, ¿no?.
Nila: no es asi. En cualquier caso la invito a que argumente su discrepancia en vez de descalificar la observación de una manera irónica y autoritaria.
Comment by nila vigil — 2008 08 @ 5:22 pm
Estimado Gonzalo:
Conozco a Nila Vigil y puede decir que su postura suele ser combativa pero no autoritaria. Es una especialista en leguas amazónicas y uno de sus argumentos constantes es la lucha contra la discriminación lingüística, ese juicio llamado lingüicismo. Hace un tiempo yo pensaba que Nila exageraba en sus demandas, creyendo, desde mi ignorancia, que la discriminación lingüística no era tan seria como ella la veía. Pero esta creencia se debía a que suelo extender como comunes mis propias creencias. El lingüicismo me parecía cosa del pasado. tan absurdo como creer que los judíos son necesariamente tacaños y los serranos ociosos. Los estudios de Nila Vigil me han demostrado que no es así y por ello se lo agradezco. La discriminación lingüística es una dolorosa realidad que afecta a una enorme cantidad de ciudadanos en el Perú y obstaculiza nuestro desarrollo.
No creo que Nila (especialista con la que he discutido agresivamente varias veces) haya querido ser irónica y, mucho menos, autoritaria. Lo que yo veo es que en esta breve reflexión se hace lo opuesto a lo que se dice y esto produce el efecto de que no parezca escrita en serio: para desmontar el cariz impositivo y jerarquizante del lenguaje de los argentinos, se recurre a una categoría impositiva y jerarquizante como es la normativa. Esto para mí evidencia de que incluso personas inteligentes e informadas han asimilado los valores jerarquizantes de los prejuicios lingüísticos. Entonces veo que la ironía está contenida en la argumentación misma. Lo cual me parece revelador porque muchos de los posts que aquí se publican logran un efecto deconstructivo de otros discursos que yo encontraba interesantes. Tal vez es más difícil ver las propias contradicciones que las contradicciones de los otros. Lo digo en buena onda, por supuesto, porque en otros temas hay más filo.
Comment by Daniel Salas — 2008 08 @ 10:43 pm
Siento haberlo malinterpretado. Debo decirle que Ud. también me ha malinterpretado. En verdad, pensé que el irónico había sido Ud. Le ruego me disculpe si le ha parecido autoritaria mi frase.
Ya que me invita a que argumente mi discrepancia, le debo decir dos cosas:
No lo hice en el comentario anterior porque estaba convencida de que no hablaba en serio.
Daniel Salas, Eduardo Gonzalez y Carlos Molina ya han dado argumentos con los concuerdo que no vienen al caso repetir.
——-
Usted dice: “Desde el punto de vista fonético ocurre que en el hablar porteño el énfasis suele trasladarse a la última sílaba. En vez de “manejas”, manejás”
Esta forma no es privativa de los argentinos, se da en los distintos espacios dialectales voseantes e incluso en el habla coloquial del castellano de Chile, donde el uso de vos está estigmatizado, el verbo en segunda persona singular es igual que en las zonas voseantes: tú manejás, tu vivís.
Usted dice el castellano argentino es: “Una transgresión de la norma del castellano estándar, una transgresión que es colectiva.”
Bueno, al respecto quisiera señalarle que la noción de norma estándar ha sido puesta en entredicho. Así, Tuson señala:”lo que se suele llamar ‘estándar’ o bien es un dialecto magnificado por la administración, la escuela y los medios de comunicación; o bien no es sino una variedad social que casi siempre se ha edificado sobre las bases de un dialecto prestigiado por causas que nada tiene que ver con los hechos lingüísticos” TUSON J (1997) “Los prejuicios lingüísticos”. Barcelona, España: Octaedro Universidad p. 9
Lo que para usted es una trasgresión colectiva del estándar para mi son variedades del castellano, legítimas y validas, no “faltosas”
Y al respecto, le comento que Carlos Garatea señala que solo a mediados de 1950 la Real Academia Española dejó de considerar el seseo como un vicio de dicción. (cf. Garatea 2006:146).
Gracias
Comment by nila vigil — 2008 08 @ 4:37 am
Siento haberlo malinterpretado. Debo decirle que Ud. también me ha malinterpretado. En verdad, pensé que el irónico había sido Ud. Le ruego me disculpe si le ha parecido autoritaria mi frase.
Ya que me invita a que argumente mi discrepancia, le debo decir dos cosas:
No lo hice en el comentario anterior porque estaba convencida de que no hablaba en serio.
Daniel Salas, Eduardo Gonzalez y Carlos Molina ya han dado argumentos con los concuerdo que no vienen al caso repetir.
——-
Usted dice: “Desde el punto de vista fonético ocurre que en el hablar porteño el énfasis suele trasladarse a la última sílaba. En vez de “manejas”, manejás”
Esta forma no es privativa de los argentinos, se da en los distintos espacios dialectales voseantes e incluso en el habla coloquial del castellano de Chile, donde el uso de vos está estigmatizado, el verbo en segunda persona singular es igual que en las zonas voseantes: tú manejás, tu vivís.
Usted dice el castellano argentino es: “Una transgresión de la norma del castellano estándar, una transgresión que es colectiva.”
Bueno, al respecto quisiera señalarle que la noción de norma estándar ha sido puesta en entredicho. Así, Tuson señala:”lo que se suele llamar ‘estándar’ o bien es un dialecto magnificado por la administración, la escuela y los medios de comunicación; o bien no es sino una variedad social que casi siempre se ha edificado sobre las bases de un dialecto prestigiado por causas que nada tiene que ver con los hechos lingüísticos” TUSON J (1997) “Los prejuicios lingüísticos”. Barcelona, España: Octaedro Universidad p. 9
Lo que para usted es una trasgresión colectiva del estándar para mi son variedades del castellano, legítimas y validas, no “faltosas”
Y al respecto, le comento que Carlos Garatea señala que solo a mediados de 1950 la Real Academia Española dejó de considerar el seseo como un vicio de dicción. (cf. Garatea 2006:146).
Gracias
Comment by nila vigil — 2008 08 @ 4:38 am
Creo que los últimos comentarios pierden de vista que el tema de este post no es la gramática ni la fonética del castellano, sino las formas en que los argentinos interactúan y conversan. Obviamente se trata de entender a los argentinos sociológicamente: como una comunidad cualitativamente diferenciada de la suma de sus individuos, siguiendo a Durkheim. Un texto que recomiendo leer al respecto es la introducción de Peter Burke a su libro The Social History of Language.
Acá hay dos observaciones de Gonzalo que encuentro muy interesantes. La primera es la situación de diglosia —ya superada— entre el voseo de la calle y el tuteo en la cultura letrada. No basta con señalar los orígenes de esta práctica o las similitudes que tiene en otros países, pues para el análisis social importa tanto o más el “significado” que los hablantes le dan en sus interacciones, esa “aceptación” de la diglosia. La comparación con el caso peruano es sugerente, pues efectivamente ayuda a dimensionar el papel excluyente que juega entre nosotros la escolaridad y el castellano de las academias. Este apego al “habla culta” puede ser socavante para la identidad de las propias elites. Sería el caso, por ejemplo, de varias elites urbanas de la sierra que han ido cercenando su propia diglosia castellano-quechua durante las últimas décadas, perdiendo presencia y liderazgo a nivel regional.
Otra observación interesante es sobre el uso del modo imperativo en el habla argentina, bastante recurrente y reblandecido. Comparto la impresión de que denota, en efecto, un tipo de intimidad socialmente aceptada, como lo hacen en general las formas de saludo y las reglas de distancia corporal. Establecer, sin embargo, a partir de ahí regularidades sobre la cultura política de una comunidad creo que puede ser algo apresurado. Sobre todo si no se toman incluyen otras manifestaciones de la cultura al análisis. Una discusión abierta sobre el tema en Alan Knight, “Is Political Culture Good to Think?”, en Political Culture in the Andes, 1750-1950, eds. Nils Jacobsen y Cristóbal Aljovín.
Saludos.
Comment by Anonymous — 2008 09 @ 7:23 pm
Las observaciones descritas por el autor (en vez de “manejas”, “manejàs”) ya son por sí mismas inexactas. La forma canónica u original es “manejáis” (vos). Resulta que el acento ya estaba, y se ha perdido una vocal.
En forma imperativa, de “manejad” a “manejá”. Se perdió la consonante final.
Parece olvidarse que el tratamiento de “vos” en castellano existe desde su origen, que siempre fue considerado normativamente correcto, y que fue de uso general en el habla común hasta hace bien poco (entre 100 y 150 años en España), cuando fue substituído por el actual “usted” (restringido al trato de respeto) y se generalizó el uso de “tu”. Cosa que no sucedió en Argentina ni en otros lugares, ya bien poblados de hispanohablantes, por razones que ignoro -soy de ciencias- pero que intuyo de interés socio-lingüístico.
Ergo, el término de comparación adecuado son las formas verbales de “vos” y no las de “tu” y, si su teoría fuera correcta, el habla de los porteños sería síntoma de economía expresiva, contención verbal, personalidad discreta, etc, etc.
¿Corregirá su tesis, como buen científico?
Comment by Santiago — 2008 09 @ 9:14 am
Creo q definitivamente Portocarrero cayó en un error y debe reconocerlo, como académico que es. Los argumentos lingüísticos en contra de su tesis ya han sido expuestos. Ahora, para el señor Igue, no es que los comentarios que hacen referencia a cuestiones de índolde fonética y gramatical estén de más, ni pierdan de vista el aspecto sociocultural del problema, sino que si se trata de dar los fundamentos y explicaciones de un problema con criterios científicos, no podemos apelar a especulaciones basadas en juicios de valor, ya que estos se convierten en simples pareceres y pierden su objetividad, hecho característico de TODO quehacer científico (sea este lingüístico o sociológico. Los conceptos de ‘incorrección’, ‘corrupción’, ‘desvío’, ‘no estándar’, etc., no hacen más que oscurecer la realidad, imponiendo las valoraciones sociales sobre las herramientas teóricas y los hechos concretos. Existen, sí, los niveles del lenguaje -que propiamente son niveles en el habla-: superestándar, estándar y subestándar, pero no olvidemos que estos estratos están basados en criterios ajenos al sistema propio de la lengua, que en sí misma no es ‘mejor’ ni ‘peor’ que otra; lo mismo sucede para las variación diatópica (dialectal, tomando la noción más difundida de dialecto como la variante regional de una lengua). Para finalizar, únicamente me queda añadir un punto, acerca del concepto de lengua estándar. A propósito de este concepto, Alvar es claro en afirmar que « […] difícil definirnos por una ‘norma estándar’ porque variará de unos lugares a otros y siempre será culto quien la emplee de una u otra forma, o se repudiará en unos sitios como incorrecto lo que es correcto en otros. […] cuando hablamos de lengua estándar habrá que volver los ojos hacia la lengua literaria: lo que en ella es correcto, es lo que ha producido la estandarización». Y en más adelante apunta sobre el carácter ideal de lo estándar: « […] existe en todas partes, está aceptada por todos los hablantes (no sólo por los escribientes), pero nadie la utiliza. Sin embargo, mantiene la unidad del sistema. […]» Manuel Alvar. Dialectología y cuestión de prestigio. pp. 18-19.
Recordemos que la normativa sólo existe fuera de la ciencia, y de la lingüística en particular. Espero haber aportado algo. Saludos.
Comment by Javier A. Arnao Pastor — 2008 09 @ 3:32 am
Creo q definitivamente Portocarrero cayó en un error y debe reconocerlo, como académico que es. Los argumentos lingüísticos en contra de su tesis ya han sido expuestos. Ahora, para el señor Igue, no es que los comentarios que hacen referencia a cuestiones de índolde fonética y gramatical estén de más, ni pierdan de vista el aspecto sociocultural del problema, sino que si se trata de dar los fundamentos y explicaciones de un problema con criterios científicos, no podemos apelar a especulaciones basadas en juicios de valor, ya que estos se convierten en simples pareceres y pierden su objetividad, hecho característico de TODO quehacer científico (sea este lingüístico o sociológico. Los conceptos de ‘incorrección’, ‘corrupción’, ‘desvío’, ‘no estándar’, etc., no hacen más que oscurecer la realidad, imponiendo las valoraciones sociales sobre las herramientas teóricas y los hechos concretos. Existen, sí, los niveles del lenguaje -que propiamente son niveles en el habla-: superestándar, estándar y subestándar, pero no olvidemos que estos estratos están basados en criterios ajenos al sistema propio de la lengua, que en sí misma no es ‘mejor’ ni ‘peor’ que otra; lo mismo sucede para las variación diatópica (dialectal, tomando la noción más difundida de dialecto como la variante regional de una lengua). Para finalizar, únicamente me queda añadir un punto, acerca del concepto de lengua estándar. A propósito de este concepto, Alvar es claro en afirmar que « […] difícil definirnos por una ‘norma estándar’ porque variará de unos lugares a otros y siempre será culto quien la emplee de una u otra forma, o se repudiará en unos sitios como incorrecto lo que es correcto en otros. […] cuando hablamos de lengua estándar habrá que volver los ojos hacia la lengua literaria: lo que en ella es correcto, es lo que ha producido la estandarización». Y en más adelante apunta sobre el carácter ideal de lo estándar: « […] existe en todas partes, está aceptada por todos los hablantes (no sólo por los escribientes), pero nadie la utiliza. Sin embargo, mantiene la unidad del sistema. […]» Manuel Alvar. Dialectología y cuestión de prestigio. pp. 18-19.
Recordemos que la normativa sólo existe fuera de la ciencia, y de la lingüística en particular. Espero haber aportado algo. Saludos.
Comment by Javier A. Arnao Pastor — 2008 09 @ 3:34 am
Divertida la gama de comentarios expuesta. Pero muchos pierden de vista que tu post es obvio que no se pretendia como una tesis extrictamente linguistica, sino como una especulacion que diera cuenta de estereotipos verbales y culturales argentinos en relacion con su habla portena.
De ahi que sea risible alguien diga que “el habla de los porteños sería síntoma de economía expresiva, contención verbal, personalidad discreta”
Un porteno estandar con contencion verbal y personalidad discreta?
Jajaja. Ni Borges cuando hablaba. Lo que habria alli, especulo, es una implosion.
En todo caso, felicitaciones por las divagaciones sociolingusticas, dan pie a muchas conversaciones (No solo a auqellas cerradas en los cuatro parametros de sus respectivos paradigamas o anteojeras)
Comment by sebastian zunik — 2008 09 @ 6:19 am
Para Javier: No hay ningún dialecto o idioma más correcto que otro, salvo que quieras hablar quechua en Moscú, eso ya está aclarado por la lingüística. Pero desde la sociología o la historia lo que resulta interesante estudiar es el prejuicio mismo como hecho social. Algo parecido sucede con el tema de la raza: casi todos los biólogos descartan su existencia, pero no por eso las ciencias sociales dejan de echar mano de las categorías raciales, por razones que no cuesta entender. Similarmente, el “estándar” podrá no tener validez científica, pero sí existe socialmente y circula por medio de creencias y prácticas que conviene estudiar. Vale la pena preguntarse, por ejemplo, por qué en algunas sociedades el estándar funciona de una manera, y en otras, de otra, etc.
Comment by José Luis Igue — 2008 09 @ 6:42 am
¿Por qué Portocarrero no responde? Después de tantas elucubraciones y disparates, parece que a él le ha dado por la continencia verbal y la personalidad discreta.
Comment by joan — 2008 09 @ 3:14 pm
Justamente me disponía a señalar la noticia que el pasado martes apareció en un periódico de la ciudad en la que vivo: “El acento argentino, el más valorado por los españoles”:
“A más de la mita de los españoles les gustaría hablar con acento argentino si tuviera que cambiar el suyo, según una encuesta publicada ayer. Así, el 57 por ciento de los entrevistados declaró que le gustaría hablar con acento argentino, mientras que uno 16 por ciento preferiría el mexicano, si tuviera que reemplazar el suyo. Los acentos venezolano y colombiano, con un 10 y un 8 por ciento respectivamente, son las otras preferencias de los españoles” (…)
Y me encuentro con algunos comentarios a raíz de tu post… No sé si hay cabida para hablar de impresiones o de gustos sin ser tachado de prejuicioso.
Comment by eva — 2008 09 @ 11:04 pm
Es increíble el enorme error que (VOS) cometés al describir la forma de hablar del porteño promedio.
* “Se trata de enunciaciones que se sitúan en el plano yo-tú” En Argentina el voseo pronominal y verbal reina por sobre el tu. El tu es considerado como una forma de expresión propia de los extranjeros. Al leer “Adelantá tus compras” estas leyendo “(VOS)Adelantá tus compras” en lugar de “(TU) Adelantá tus compras”.
Partiendo de esa simple premisa, es sencillo darse cuenta que desarrollaste toda una teoría sobre falsos cimientos.
Podes encontrar más sobre el voseo en muchos sitios de internet, entre ellos el más conocido wikipedia o en la página de consultas de la RAE.
Argentina es el único país que reconoce al VOSEO como la normal culta de expresión, por ser la forma primordial de la segunda persona singular.
Comment by Gastón Yanibelli — 2009 09 @ 1:42 am