Despertó demasiado temprano y, pese a sus ayudas habituales, la pastilla y la música, el sueño no venía a llevárselo. Quizá estaba demasiado inquieto, o de repente ya había dormido lo suficiente. Pero una preocupación afloraba en su ánimo: sus estudios y sus estudiantes. Entonces, no sabiendo que decirles porque ya lo había dicho todo, se le ocurrió musitar una oración: Madre nuestra que estás en todos nosotros -luz, fervor y cariño- vela por tus hijos, los estudiantes; ayúdanos a entender lo nuevo y lo difícil, danos la paciencia para volver una y otra vez a eso que ha quedado oscuro; pero por favor no permitas que nos dejemos aplastar por la autoridad de lo que no comprendemos. Bendice el entusiasmo que se despierta en nuestras búsquedas, danos el aliento para persistir y la confianza para reconocer que eso cuya pista seguimos es importante y es nuevo. Y que todos somos únicos e imprescindibles. Haz que nos percatemos que el solo camino para conocer a la criatura humana es adentrarnos en nuestras propias individualidades. Pero también danos la lucidez para comprender que solo somos un caso en la familia humana. Madre nuestra: míranos con piedad y permítenos compartir el placer de la creación, pues así como nosotros somos tus obras; de la misma manera, nosotros también queremos tener las nuestras. Reza por nuestros trabajos, desea que ellos nos aporten una satisfacción que haga más llevaderas nuestras vidas y la de los semejantes. Haznos conscientes que solo desde el agradecimiento, por lo recibido y por lo logrado, podemos ser más capaces de reconciliarnos con la vida y de amar al mundo sin reservas.