Petróleo sangriento
Un hombre pobre pero tenaz está comprometido con transformar su vida. De la búsqueda de minerales de oro y plata pasa a buscar petróleo. Todo su ser está dirigido al éxito. Además no tiene ningún límite moral. Engaña, traiciona, asesina. Podría parecer una criatura sin afectos, una máquina. Pero no es así. Está lleno de envidia y odio. El placer ajeno le resulta una injuria personal. Quiere tenerlo todo y que el resto no tenga nada. Si no tengo la alegría nadie la debe tener. Pero, pese a todo, si hay goce en su vida. Se trata de destruir a los demás y a sí mismo. Entonces termina alcoholizado, acabando con todo lo que puede significar una redención de esa condena que se (le) ha impuesto. Desde el punto de vista del psicoanálisis se podría sospechar que esa obsesión está enraizada en el vínculo con una madre exigente e inalcanzable. Surge entonces la fantasía del éxito, ser dios, como forma de llamar su atención. De otro lado la falta de una autoridad paterna explicaría la no internalización de la ley y la consiguiente falta de límites. Entonces toda su energía se dirige contra el mundo, transformarlo en su provecho. Pero el éxito no lo sacia y una vez logrado esa energía se vuelca contra el mismo.
Desde el punto de vista sociológico el personaje semeja un retrato plausible del “empresario ¿heroico?”. Ascético, obsesivo, sin escrúpulos. Pero resulta que su éxito individual, y el progreso social que pueda derivarse de su esfuerzo, se nutren de un sacrificio que es innoble, pues en la carrera para realizar su fantasía no solo se niega a sí mismo sino también a los demás. Es incapaz de amar. No hay sosiego ni tranquilidad para su conciencia atormentada. El personaje es sin duda funcional para la expansión del capitalismo. Descubre, organiza, innova, todo sin piedad pero con gran eficacia. El capitalismo se nutre de un impulso de revancha contra la vida generado por la combinación de exigencia, falta de amor y ausencia de límites morales.
La película es excelente. La actuación y la fotografía remarcables. La dirección de arte, cuidadísima.

Es bueno verlo de nuevo posteando
Comment by MrVandelbit — 2008 03 @ 2:18 am
Con todo respeto me atrevo a decir que no ha visto la película sino el trailer. El personaje tiene más escrúpulos de los que cree, considerando que de entrada uno va a tender a pensar lo peor de él por ser un “bussinessman” (”Oil Man” en el filme). No engaña ni traiciona en realidad: aprovecha las oportunidades y se ciñe a cierta textualidad donde no entran los fanaticos religiosos y los empresarios mercantilistas (de alli que no cumple con la donación que promete). Cuando asesina es justamente en virtud a esa moral que no tolera engaños. La relacion que tiene con el niño adoptado va mucho más allá de la relación utilitaria que el personaje alega.
Si el filme y la actuación de D. Day-Lewis son excepcionales es porque su personaje no es unidimensional ni funcional a ciertos esquemas mentales, por más que él mismo se empeñe en parecerlo.
Comment by Guille da Maus — 2008 03 @ 6:33 pm
Guille del Maus, hombre virtuoso. Leo su comentario y enseguida retomo las palabras de MacIntyre “El lenguaje moral contemporáneo está en grave estado de desorden”.
Comment by Bernardo — 2008 03 @ 9:49 pm
Hace varios días que quiero comentar este post que es muy bueno.
Un personaje como este nacido en aproximadamente las mismas coordenadas históricas y psicológicas es Stalin. A lo largo de su vida una energía vital similar ocasiona en el sistema comunista millones de muertos y en el capitalista… bueno, no lleve la cuenta mientras vi la película, pero creo que no pasan de dos.
En un escenario en el que se promueve la libertad y creatividad individual son los mismos individuos los que garantizan que ninguno individuo se exceda. No la comunidad. Si confiamos en la comunidad surgen monstros incontrolables que en nombre de la comunidad comenten sus crímenes: Stalin, Hitler y su seguidilla tercermundista bien conocida por nosotros (Castro, Pinochet, Fujimori, etc).
Una vez más el capitalismo/liberalismo resulta en aquello que lo hace ganar siempre que no cae en corsés ideológicos (son prácticas, no ideologías): configuran el menos malo de los mundos posibles.
Comment by Daniel Samanez — 2008 04 @ 5:08 am