La situación de la inmensa mayoría de las llamadas “trabajadoras del hogar” debe representar una vergüenza para todos los peruanos y, muy en especial, para las clases medias que acceden a este tipo de servicios. El servicio doméstico se sitúa en una relación de continuidad con la esclavitud y el pongaje. Regímenes laborales que son los fundamentos del colonialismo. Entonces, resulta que el hogar de clase media es el espacio de reproducción de un colonialismo atenuado pero aún vigente. Los niños aprenden que hay personas “insignificantes”, que tienen derechos muy recortados y que, con frecuencia, carecen de la capacidad de defenderse. De otro lado, las jóvenes mujeres que desempeñan este oficio internalizan la obediencia casi incondicional al patrón(a) como fundamento de su identidad.
Desde el punto de vista legal las trabajadoras del hogar tienen menos derechos, pues gozan solo de quince días de vacaciones al año y de la mitad de un sueldo como compensación por un año de servicios. Pero aun así, lo central es el divorcio entre la ley y la costumbre, pues ocurre que aun estos derechos recortados no son debidamente reconocidos. No estamos pues frente a una relación ciudadana, la que corresponde a dos personas que son iguales ante la ley. La legislación suele ser “letra muerta” ya que las mentalidades y actitudes de ambas partes siguen demasiado marcadas por el hecho colonial. Un imperio “casi” sin fronteras del patrón sobre la empleada. Las jornadas de trabajo se prolongan sin estar previamente negociadas, se consolida una lista de tareas que excede las ocho horas de ley. Además, en la medida en que la empleada es cama adentro carece de una vida propia independiente. No sólo sus necesidades de vivienda y alimentación son cubiertas por sus empleadores sino que, aún más decisivamente, su demanda de reconocimiento y afecto es también (in)satisfecha por sus patrones. Esta situación coloca a la trabajadora en una posición precaria, manipulable, que se presta al abuso sistemático.
La dependencia afectiva de la mujer que apenas tiene vida propia hace muy problemática la reivindicación de derechos. Más aun, en la medida, en que se le invita a sentirse parte de la familia, en calidad de supuesta “ahijada”, de persona que tiene que acudir con alegría y entrega a la convocatoria de sus jefes.
La situación se complica si consideramos que muchas empleadas desempeñan en la práctica el papel de madres. Por más distancia que pueda guardar una empleada respecto a sus patrones, es un hecho que tiende a comprometerse afectivamente con los niños que cuida. Se forma entonces un vínculo equívoco. El afecto depositado por la empleada no encuentra posibilidad de respuesta legítima en el niño que es objeto de su cariño. Aunque el niño sea cuidado por la empleada éste no podrá reconocer el aprecio natural que este afecto tiene que despertarle. Después de todo, la madre es la madre, el objeto legítimo del cariño de los niños. Entonces, los sentimientos hacia la empleada quedan reprimidos, invisibilizados. Otra vez, la idea es que hay personas “insignificantes” cuyos cuidados no merecen mayor aprecio puesto que valen tan poco como las personas que los brindan. Se crea así un entramado de relaciones complejo y ambivalente. La empleada se ve inducida, por la ternura del niño, a comprometer un afecto que apenas tendrá retorno. Además, al no desarrollar una autoridad sobre el niño, está menos capacitada para educarlo y más expuesta a sus caprichos y desmanes. En la misma dirección, el niño desarrolla un sentimiento de superioridad y falta de límites. La semilla de un carácter impositivo y caprichoso. No se forma un ciudadano sino otro patrón.
Desde luego que las variedad de situaciones es muy amplia y que toda simplificación es excesiva. No obstante, lo que domina es la apropiación de una persona por otra. Y la reproducción consecuente de la relación patrón-siervo que es el meollo de la discriminación, la jerarquía y el racismo en nuestro país.
La condición semiciudadana de las empleadas del hogar es visible en la arbitrariedad con que le son impuestas sus tareas. La asignación de deberes no es algo que se suela negociar y que quede objetivado en una rutina precisa, en un contrato transparente. El patrón puede pedirle lo que desee en las horas que no corresponden al descanso de la trabajadora. Ella tiene que estar siempre ahí, disponible. Por más que en un inicio puede haber el asomo de un contrato, de un acuerdo libre de voluntades; poco a poco la agenda se va recargando sin que la empleada pueda resistir esa presión
Las condiciones del mercado de trabajo no favorecen a la empleada. La desigualad en la distribución del ingreso garantiza que pese al crecimiento económico, haya una provisión abundante de trabajadoras con sueldos bastante bajos. En una investigación reciente Jazmín Ángeles encontró que los sueldos oscilan por lo general entre 200 y 500 soles sin una tendencia definida a mejorar.

Gracias por tu atención a las trabajadoras del hogar.
Desde España y desde un contexto muy particular, la situación que viven estas mujeres es diferente, es un poco más agradable…, aunque sin duda alguna deben existir atropellos.
Lo que más conozco por estos lares es el caso de trabajadoras dedicadas especialmente a la atención de ancianos, algunas cama adentro (aquí se las suele denominar “internas”.)
Es un trabajo difícil, muchas veces penoso (hay que armarse de paciencia y optimismo ante la enfermedad y depresión del anciano) y a pesar de que las condiciones laborales son mucho mejores que en el Perú (salarios, horas de trabajo y descanso, trato más igualitario), el choque cultural es fuerte. Como ejemplo, el abismo existente entre el carácter de los ancianos “castellanos” y el de las trabajadoras del hogar, en su mayor parte latinoamericanas. Hay muchos malentendidos.
Existe mucha oferta y mucha demanda del sector doméstico en España, lamentablemente (digo lamentablemente porque lo ideal sería no necesitar el servicio doméstico, como parece que ocurre en otros países europeos donde cada individuo realiza sus tareas domésticas) pero ¿dónde están los cauces para que oferta y demanda se encuentren, y en unas condiciones favorables? Todo se desarrolla de manera informal y de ahí surgen tanto los atropellos o la explotación laboral, como los malentendidos. Tampoco todas las trabajadoras del hogar son víctimas. Conozco atropellos en el sentido inverso. Pero es un hecho innegable que las trabajadoras del hogar juegan con gran desventaja…
Muchos saludos
Comment by Eva — 2007 12 @ 3:23 pm
Saludos, Gonzalo.
Sobre la absoluta disponibilidad de las trabajadoras, en este caso trabajadoras, aquí en este país todavia continua como algo “normal” y lógico. Es natural que DEBA ser así.
El arrebato del concepto de plusvalia esta sirviendo a los patronatos aunque el gobierno sea antipatronal. Cuantas ironias se viven.
Comment by gabriela — 2008 01 @ 3:47 pm
Yolanda fue la empleada de la casa, de lunes a sábado trabajó sin parar, siempre sonriendo, alegrándose con las alegrías ajenas y la ví sufrir el dolor de los demás. Los domingo al amanecer desaparecía y regresaba o muy tarde o muy temprano al día siguiente. Los lunes muy temprano tenía los uniformes inmaculados y almidonados, el desayuno listo y las ‘loncheras’ preparadas. Lucía siempre impecable, a jabón, me cuidaba a mi y a Fito, mi perro. Yolanda, en los largos interrogatorios que le hice, porque la veía eternamente sola, contó que los domingos iba al coliseo, ahí se encontraba con gente de su pueblo, escuchaban música y bailaban; un día menos esperado nos dejó, y tiempo después nos confesó que fue el increíble parecido con Nelson Pinedo, el famoso cantante colombiano, de un esmirriado pintor que fue a casa a hacer unos trabajos, que la deslumbró al escucharlo cantar con la acústica que brinda una habitación desocupada, y suficiente para animarla a dejar de vestir santos que los consejos de una tía solterona y los rezos vespertinos de la abuela, habían aconsejado. Yolanda se casó y al tiempo ya no volvimos a saber de ella.
Quince años después, un día de juerga con unas chicas que conocimos un domingo en la Feria Internacional del Pacífico, como a las cuatro de la tarde fuimos a la casa de una de ellas que vivía a pocos pasos del Coliseo Nacional en La Victoria; la música andina la escuché mientras esperábamos en el automóvil.
No pude controlar la curiosidad y bajé del auto y caminé media cuadra; conocer donde había venido puntualmente tantos domingos Yolanda me atrajo sobremanera. Los amigos se burlaron, pero igual compré la entrada e ingresé con una mezcla de ansiedad y temor.
Todos los empleados del hogar, jardineros, las señoras que venden en los mercados, los que atienden en los grifos de gasolina, el señor que tiene su quiosco de periódicos, los mozos de los restaurantes, heladeros, todos estaban en el coliseo con sus mismos rostros, pero con otra sonrisa. Hablaban en quechua en alta voz, con gestos irónicos se burlaban entre si, reían como nunca antes los había visto reír, las mujer bailaban, bromeaban, bebían..!
Años más tarde, en un banco de
la ciudad de West Palm Beach, en el estado de La Florida, hablaba con un español de unos 35 años a quien había saludado mientras estacionábamos los vehículos antes de ingresar a las oficinas del banco. Note que hablaba bajo, con temor, que no lo escucharan, avergonzado consultaba con la mirada de un lado al otro, me respondía en English, evidentemente incómodo; entendió la expresión de mi rostro y muy bajito dijo que los gringos no les gusta se hable Español, es una falta de respeto, una descortesía, pueden pensar que estamos tramando algo contra ellos.
Ver a este andaluz disminuido, apenado de ser quien es, me hizo recordar a Yolanda: Nunca nadie la llamó por teléfono a casa, ni a la familia le interesó donde fue ni de donde venía; a diferencia que el inmigrante español, vivía en un submundo en su propio país.
Comment by José Antonio — 2008 01 @ 9:47 am
El salario, el trato disque igualitario, las “ocho horas” trabajadas. Asi no se pueden medir las desigualdades sociales, la violencia simbolica, y la reproduccion de la dominacion social que se vive en muchos paises y en este caso en Peru, que se dice ser un pais democratico porque lo dice la constitucion, pero donde sueldo, disque trato igualitario, y horas trabajadas solo pueden ser formalismos que legitimen una relacion de poder totalmente asimetrica. Primera constatacion: Las empleadas del hogar son de origen provinciano en su mayoria, vienen del campo en busca de mejor futuro, van a las capitales de provincias o departamentos a trabajar. Esas son sus motivaciones, piensan, que trabajando con cama adentro no gastaran en nada, y les dara tiempo para asistir a la “nocturna” y asi salir adelante, creen, ilusamente, que es un trabajo “digno”, donde quiza los senores o el “joven” seran amables, de trato igualitario, en pocas palabras, una etapa que sera superada con el esfuerzo que le pondran a su trabajo. Pero cuantas empleadas del hogar, partiendo como empleadas del hogar, han llegado a tener una profesion y salir adelante? quiza muchas por ahi, pero no significativamente para aparacer en las estadisticas y marcar una tendencia.
Segunda constatacion. Las empleadas del hogar cumplen un rol, y este rol les da una naturaleza social, tambien una vocacion de servicio, un HABITUS, que lamentablemente se reproducira durante gran parte de su vida y el esperado progreso nunca llegara -en su gran mayoria. Quiero ponerles un ejemplo un poco didactico que nos da Pierre Bourdieu cuando nos habla de violencia simbolica, aquella que es dulce, callada, pero que asegura mas que la violencia fisica la dominacion, pues esta ultima puede causar la indignacion de una manera mas rapida, a diferencia de la simbolica que es interiorisada por el dominado como “las cosas son asi”, porque se acostumbran, y no se indignan mas, interiorisan el orden del mundo, la naturaleza social no como una construccion social sino como el orden verdadero de las cosas, donde si se te puso dificiles las cosas alla tu, debes esforzarte aun mas y mas para salir adelante, porque esa es una virtud. Bonito no? pero no se dan cuenta que esa ideologia de la meritocracia no puede funcionar en una sociedad donde no hay meritocracia, donde desde el nacimiento no somos iguales, en ese sentido unos estaran educados para ser Meritocraticos, las clases medias, y otros para servir, nuestras empleadas. Obviamente es de una simplicidad grotesca mi analisis, que no es un analises en si mismo, solo una pequena opinion donde queria rezaltar la violencia simbolica, el habitus tanto de la empleada como del “joven” o patron, que se imaginan casi de naturaleza distintas, donde el buen trato es propio de la violencia simbolica. El aristocrata con su peon, al que le da una palmada en la espalda y le pregunta: “bueno campeon, listo el caballo?” esta relacion a primera vista gentil entre dos hombres es de una violencia simbolica muy didactica. La “estrategia de complasencia” la llama Bourdieu, marcar una distancia con disque gentileza, como el paternalista, haciendose querer, asegurando la fidelidad, mas no la igualdad, en si mismo a crecer de una manera mayor la distancia y la dominacion social. A diferencia del golpe, donde los dos se pueden agarrar a punetazos y nadie sabe quien va a ganar. De la otra manera, simbolicamente, se entra a las estructuras mentales y la construccion de la realidad haciendoles vivir tanto al patron como al sirviente, una realidad filtrada por un habitus proprio a cada uno, esto sin que nadie de lo alto controle o quiera esto o aquello. Como dice Bourdieu, una orchesta sin director, sincronizada, pero sin director de orquesta. Donde buscar las causas? vayamos a la historia social. Las leyes, muchas veces legitimaran la malacostumbre, la distancia social entre las empleadas del hogas y los “jovenes” no se quiebran ni se atenuan con las horas trabajadas, el salrio, y el trato igualitario, que es Espana deja tambien mucho que desear. Tantas veces mucho peor.
Comment by Juan carlos — 2008 01 @ 11:34 am
Acá se critica la “naturalidad” de la necesidad de una trabajadora del hogar. Las clases medias y las emergentes urgen de ellas. Sino, ¿cómo hacen para salir a trabajar? y cuando no pueden conseguirlas, acuden a la familia, que en la práctica se convierten en cuidadores del hogar ajeno (incluyendo hijos). Ahora el el trato a las trabajadores del hogar ha cambiado sustancialmente. No digo que sea generalizado, pero he visto y comprobado muchos casos. La TH no usa uniforme, se sienta a la mesa con los dueños, disfruta las mismas distracciones que sus patrones cuando hay algún fin de semana familiar, trabajan de lunes a viernes, hacen nocturna, en varios casos tienen una o dos horas dedicadas al estudio y las tares de la nocturna, cama afuera, no menos de 400 soles de sueldo, etc.
Pero lo mas interesante es que muchas de estas TH solo están en esa situación no mas de dos o tres años. La razón: juntar plata para poner su negocio, irse a su tierra y ayudar a la familia, estudiar en instituto o universidad “popular”, etc. Todos critican la explotación de las TH, y de seguro piensan en aquellas que trabajan para clases altas (léase que ahora en verano están en Asia), mas muy pocos ven estas actividades estrategias, inequitativas o no, estadíos de paso para otra cosa que en su proyecto personal tienen un objetivo distinto al de ser solo TH.
Comment by victor — 2008 01 @ 9:54 pm