Dos rostros del mundo popular: Paulina y Vilma
Gonzalo Portocarrero
Eva Bautista
I.
Paulina Luza tiene 47 años y es la Presidenta de un sindicato de trabajadoras del hogar. Nace en Puno y vive la primera etapa de su infancia con su madre, que es quechuahablante y analfabeta. Paulina también fue quechuahablante, pero con el tiempo pierde esta lengua. Ahora “ya casi no se acuerda”. Es la única mujer de seis hermanos.
Hasta los 6 años vive en casa de sus tíos, apoyándolos; también hace lo propio con su abuelo. En algún momento hacia los 7 años es entregada a una familia para atender las labores de la casa. Ella siente esta “entrega” como un “rapto”. Pasa por varias familias, que la llevan a Arequipa, a Puno, y finalmente a Lima, donde termina con una familia en la Residencial San Felipe, a los 8 años.
Trabaja de lunes a domingo atendiendo a una pareja de esposos y sus seis hijos. No recibe sueldo. Se le explica que ella es parte de la familia y por lo tanto no corresponde pagarle nada. Tanto el señor como la señora, y hasta los hijos, le pegan constantemente. Se le hace especialmente pesado lavar la ropa y hacer la cocina. Ella quiere estudiar. Pero sus empleadores le dicen que aprenda viendo un programa educativo de TV. Paulina cuenta que aprende “a través de la figura”, pues no sabía ni leer ni escribir.
Hacia los 13, 14 años, tras mucho insistir, logra el permiso de sus patrones para estudiar en un colegio ubicado en la propia Residencial San Felipe, en el turno de noche. A los pocos días de iniciadas las clases, una religiosa trata de identificar a las empleadas del hogar. Entonces pide a las estudiantes que lo sean que levanten la mano. Casi todas sus compañeras lo hacen pero Paulina permanece quieta. No obstante, la religiosa se acerca para conversar con ella. Paulina le dice que ella no se considera empleada doméstica sino “parte de la familia”. Ello a pesar de la situación de práctica esclavitud en la que vive. Paulina refiere que la religiosa le hizo “abrir los ojos” (fue como un choque). De allí en adelante su proceso de concientización fue muy rápido. En muy poco tiempo se percató de que su situación era totalmente injusta: trabajaba todo el día, no tenía salidas, no recibía sueldo y era constantemente golpeada. “Era normal que me pegaran” -señala. Comenzó a protestar y sus empleadores la amenazaron con regresarla a Puno.
Recuerda cómo era su aspecto: vestía como el “chavo del ocho”. Le cortaban regularmente el cabello lo que sentía como una humillación. Ni siquiera podía decir algo sobre su aspecto personal. Ella no es dueña de nada. En aquél entonces veía por la TV al presidente Velasco, a quien admiraba por haber incorporado a las empleadas domésticas a la seguridad social.
En este momento de su relato, Paulina comienza a sollozar y el público queda totalmente capturado por su narración.
Un día se le ocurre decir que tiene que realizar un trabajo para la escuela. Sus empleadores le recuerdan: “tú eres parte de la familia” y ella responde: “yo de todas maneras voy a salir”. En esos momentos tiene en mente las palabras de la hermana que le ha abierto los ojos y le ha asegurado que ella tiene la decisión de seguir en la casa o irse.
Opta por fugar del departamento de sus patrones. En una oportunidad la puerta de servicio está abierta; entonces no lo piensa dos veces. Desde el décimo piso, baja velozmente las escaleras. En cada piso se detiene para presionar el botón de llamado al ascensor. Trata de dificultar la persecución que cree inminente. Tiene miedo, está aterrorizada, puesto que ella se siente pequeña y calcula que los seis hijos de los patrones la van a cazar. No obstante, logra ganar la calle y con todas las fuerzas de las que es capaz, se dirige al colegio, a buscar a la religiosa. Ese mismo día, es llevada a un albergue de menores. Sus patrones consiguen unos abogados quienes pretenden sacarla del albergue. Paulina cuenta que esos abogados se presentan de forma altanera. No quieren identificarse con algún documento. Simplemente reclaman que Paulina regrese de inmediato al departamento de sus patrones. Pero esa gestión fracasa.
En los días siguientes, Paulina regresa al colegio. Los miembros de la familia le gritan desde fuera, la hostilizan. A veces no puede asistir al colegio. A través de la religiosa, consigue un nuevo empleo. Esta vez va a ayudar en la casa de una joven estudiante de Sociología de la Universidad Católica. Allí el trato es totalmente distinto. Tiene sueldo y día de descanso. Comienza a ahorrar tenazmente y cuando consigue suficiente lo primero que hace es irse a Puno, a ver a su mamá. Entonces tiene 18 años.
Paulina no cuenta los siguientes pasos de su itinerario biográfico. No obstante, resulta que va convirtiéndose en una lideresa en el mundo de las trabajadoras del hogar. Asiste a charlas y seminarios. Va capacitándose. Pronto llegan las invitaciones para ir a diversas partes del mundo. Viaja por Europa, Estados Unidos y América Latina. Recibe distintos premios y distinciones, como la Orden al Mérito de la Mujer, otorgada por el Ministerio de la Mujer.
No obstante, estos constantes viajes también tienen sus problemas. Paulina dice que estar más de un mes fuera del Perú le cuesta demasiado. Extraña la comida, el calor de la gente, porque “el Perú es el mejor país del mundo”.
Actualmente hay 700000 empleadas del hogar en el Perú, son el contingente laboral más numeroso. Sin embargo, tienen muy pocos derechos y estos no son, la mayor parte de las veces, reconocidos. A Paulina le impactó mucho el gobierno de Juan Velasco, pues concedió a las empleadas domésticas la posibilidad de afiliarse a los servicios de salud y a la previsión social. Según ella, algo se ha avanzado pero queda aún mucho por recorrer. Todo se conquista con lucha.
Paulina ocupa el cargo de secretaria general de un sindicato de trabajadoras del hogar. Reconoce las deudas que tiene su organización: “nosotras nos hemos nutrido de conferencias como ésta”. Pero, lo importante, “lo que nos apoya es: las vivencias de las mujeres”. En todo caso para conseguir los logros conquistados: “nadie nos asesora”, “somos autónomas”. El trabajo del sindicato implica un estar realmente comprometido: “debemos dedicar al menos una hora a cada trabajadora del hogar que acude donde nosotras, para conocer su caso y poder ayudarla”.
Recuerda las movilizaciones de las trabajadoras del hogar frente al Ministerio de Trabajo. Su organización pudo reunir hasta 2000 personas. Pero no fueron atendidas en el Ministerio. Se instaló un cerco policial y se les dijo que su lugar era la cocina y que no tenían por qué protestar. Otro gran evento al que acudieron tuvo lugar en el auditorio del Campo de Marte en el año 2005.
Como logros menciona, a nivel nacional, la consecución, el 3 de junio de 2003, de la ley 27986 de trabajadoras del hogar, y a nivel internacional, la propuesta, efectuada en Bogotá en 1998, de que el 30 de marzo sea instituido como el día de las trabajadoras del hogar.
A Paulina no le cabe duda de que si las 700000 empleadas del país dejaran de trabajar un día, digamos un lunes, se generaría un tremendo caos. Entonces, “ahí sí se preocuparía el gobierno, el Estado”. Si bien el trabajo de las empleadas es crucial, no está reconocido. Uno de los aspectos más graves son los casos de agresión sexual. Paulina critica a que en el Congreso de la República no se de la importancia debida a esta situación. Se habla simplemente de relaciones sexuales y no de violaciones que son delitos punibles con la cárcel.
Paulina se considera una luchadora por los derechos de los pobres, alguien que se mueve por amor al prójimo. Le hubiera gustado ser religiosa o abogada, que son dos formas distintas de poder ayudar a los demás. No obstante, ella se considera muy lejos del comunismo. El comunismo sí es amor puro por el prójimo. Ella no ha podido ir tan lejos.
Según Paulina, los países del tercer mundo son explotados despiadadamente por las grandes empresas. El saqueo es permanente. “Nos roban el aire”. Hay que luchar contra estas empresas para que los países pobres puedan progresar. Un buen ejemplo de lucha es Venezuela, país que visita con cierta frecuencia. Ahí el presidente Chávez está creando una situación de mayor justicia, apoyando a los pobres. La expresión “nos roban el aire”, usada para tipificar la acción de las grandes empresas sobre los países del tercer mundo, es reveladora. Remite a una concepción antagonista de las relaciones sociales. Se puede vivir semanas sin alimento y días sin agua. Pero sin aire sólo unos pocos minutos. Además el aire que falta es el que las empresas roban. Finalmente, o las empresas o nosotros. No pareciera haber posibilidades de coexistencia.
De otro lado Paulina señala que en el mundo se escenifica un “combate entre la gran empresa y la cocina”. Ocurre que las grandes empresas pueden obtener enormes ganancias gracias a que las mujeres cocinan sin sueldo para sus familias. “Las mujeres somos la cocina del mundo”. Esta vez la contradicción es entre las grandes empresas y las mujeres que cocinan. Las mujeres son la base de las grandes ganancias pues abaratan los salarios que pagan las empresas gracias a su esfuerzo no recompensado. En estas condiciones lo que se debería hacer es que el Estado otorgue un sueldo a las mujeres. Así ya no dependerían de sus maridos y se fortalecería la economía del hogar. Respecto a las trabajadoras del hogar el Estado debería de proveerlas con una casa a las trabajadoras del hogar puesto que, por trabajar cama adentro, nunca llegan a tener una propiedad. También el Estado debería impulsar el perfeccionamiento de las empleadas a través de cursos de limpieza y cocina.
Paulina viste de manera sencilla. Su cabello es ensortijado y está teñido de color rojo vino. Tiene una gran fluidez en el uso de la palabra. Es visible que le gusta hablar y que está acostumbrada a hacerlo. Su testimonio desborda largamente los 20 minutos que le han sido asignados. Posteriormente, en la rueda de preguntas y respuestas, sus intervenciones son siempre prolongadas y no necesariamente responden a las preguntas que se le formulan. Tiende a reiterar lo ya dicho. Especialmente se refiere favorablemente a la situación de Venezuela.
Impresiones
Es muy probable que Paulina haya contado su historia muchísimas veces. En realidad su testimonio también puede ser visto como una performance. No obstante, los asomos de llanto parecen sinceros y, en todo caso, resultan conmovedores. Alguien podría sospechar de la espontaneidad de su narrativa. El relato está bastante elaborado y los gestos de tristeza serían ya una representación. Todo sería una manipulación. Pero de ninguna manera puede descartarse la espontaneidad de Paulina. Es muy posible que los traumas hayan sido tan intensos que, aunque cuente la misma historia, una y otra vez, emerja –poderosamente- un trasfondo de dolor; se estaría mostrando y compartiendo una herida en carne viva, sin cicatrizar. En cierto sentido Paulina sigue viviendo en la casas de sus patrones, allá en la residencial San Felipe. Lo más probable es que nunca haya dejado de estar allí. Su pasado domina pues su presente. Su liberación es relativa. Sigue siendo prisionera, el mismo trasfondo anímico se repite encerrándola en una tristeza que por momentos abruma. En realidad su humanidad dolida nos convoca por mayor que sea la distancia que queramos interponer.
Pese a los sufrimientos no se percibe odio en su enunciación. Lo que sí es constante es el sentimiento de ser víctima que se extiende desde su infancia temprana, cuando fue abandonada por su familia, hasta la actualidad, cuando considera que las grandes empresas “roban el aire” de los países pobres.
Su testimonio gira entre las desventuras de su infancia, su juventud temprana, y su empoderamiento actual. De alguna manera, ella ha logrado una capacidad retórica y un capital social que le permite ser una “figura” de importancia en el mundo del sindicalismo. No obstante, este empoderamiento no es vivido como un logro del cual ella se ufane. Menciona sus conquistas personales, como son sus numerosos viajes, pero lo hace de una manera aparentemente casual, sin que se trasluzca una sensación de triunfo u orgullo. Su impronta de persona agraviada continúa en esta parte del relato. Quizá es esta impostación la que permite que ella se sienta representante legítima de sus bases. En realidad una actitud triunfalista sería poco congruente con su posición de líder de un sector social tan postergado.
En términos ideológicos, Paulina se inscribe dentro de lo que podría llamarse un paternalismo socialista donde el hecho clave es la reivindicación, frente al Estado, de todas las necesidades básicas de los grupos excluidos o postergados. De ahí su admiración por Chávez. También destacan las ideas de antagonismo y lucha que atraviesan su discurso. Los poderosos explotan a los pobres y el único remedio es la unidad y lucha. De otra manera, no se consigue nada.
Llama la atención que en su testimonio, Paulina no se refiera a su formación y consolidación como líder. Esa parte más afirmativa de su vida queda pues silenciada. Quizá porque, como ya se dijo, su vigencia o legitimidad como líder radica en esa infancia de horror que ella logra narrar con tanta contundencia. ¿Hasta qué punto el ascetismo y la humildad que ella quiere transmitir son realmente auténticos? Sí se plantea, nuevamente, la pregunta y la duda es por el gusto por la palabra que tiene Paulina. Es visible que le encanta hablar, hacerse oír. Hasta prolonga en demasía sus intervenciones, produciendo este exceso una cierta fatiga en sus oyentes, especialmente porque tiende a reiterar demasiado. Digamos que Paulina es el caso de una persona que ha logrado éxitos significativos en su vida a través del apoyo de ONG´s, de instituciones vinculadas a la Iglesia Católica y a la cooperación internacional y del movimiento sindicalista internacional. No obstante, paradójicamente, una condición de este éxito es el no disfrutarlo, el mantener ese semblante de humildad dolida que la inscribe como miembro representativo de un colectivo tan maltratado como es el de las empleadas domésticas. También desconcierta un poco la falta de referencias a su vida familiar en el presente.
II
Vilma Parra es una empresaria dueña de una cadena de zapaterías que justamente lleva su nombre. Nació en Jauja pero emigró a Lima a muy temprana edad. Ha logrado una fortuna considerable gracias a su empresa. Su apariencia evoca la figura de Gisela Valcárcel: su cabello está teñido de rubio y muy bien cuidado. Se viste de manera elegante. Tanto en su arreglo como en su discurso, hay una pretensión “fundante”: considerarse una persona atractiva, poderosa. Cuando va a una reunión, siempre está viendo los vestidos de las demás mujeres, tratando de identificar las prendas y joyas que le podrían quedar mejor, también descartando a las señoras que no tienen una apariencia “correcta”. Está siempre pendiente de cómo la miran. Asegura que “las mujeres se visten para las mujeres” pues “los hombres, cuando las mujeres cambian y se arreglan, ni cuenta se dan”.
Parte del público susurra tras estas afirmaciones, demostrando cierto rechazo, antipatía o al menos, desconcierto. Si bien puede admirarse la sinceridad de Vilma, muchos no esperan que en una conferencia sobre la mujer popular ella muestre una actitud tan competitiva respecto a sus semejantes.
Vilma se expresa con énfasis y facilidad. Habla desde una posición de triunfo. No obstante, considera que en la vida la mitad depende de uno y la otra mitad de Dios. Sin el apoyo de Dios nada es posible.
Vilma pertenece a una familia de vendedores ambulantes de verduras y legumbres que vivía en un asentamiento humano muy pobre. Su exposición es acompañada por la proyección de un video donde se observan las precarias viviendas de esteras del barrio donde vivía en su niñez. Sus padres trabajaban en el mercado de Jesús María y ella los ayudaba. Gracias a su experiencia conoce bien el negocio. Entonces logra aprender lo que sería la clave de su triunfo. Vilma cuenta que en el mercado es muy frecuente que el comerciante tenga que engañar a su cliente. Al comerciante, por ejemplo, le han quedado limones sin vender que ya están pasados. Entonces dentro de la bolsa de limones que vende a sus clientes introduce varios que ya no están frescos. Estas son las reglas del “negocio criollo”. Precios baratos por productos de baja calidad vendidos sin garantía. Lo mismo ocurre en todas partes.
Ella comenzó vendiendo diversos productos. No obstante, rápidamente se dio cuenta de que la venta de zapatos era lo más rentable. Un señor cojito le dejó los primeros seis pares de zapatos que Vilma vendió en su vida. Cuando regresó, Vilma le devolvió toda la plata obtenida de las ventas porque ahora quería vender ya no seis, sino doce pares. Poco a poco, fue vendiendo más y más zapatos. Vilma manifiesta que la fórmula de su éxito estuvo en romper con el “arreglo criollo”. Entonces ella vende barato pero productos garantizados, se responsabiliza por la calidad de lo que vendía. A partir de ese momento el camino hacia el éxito no tardó en llegar: “todo fue bien rápido”. Si el producto era defectuoso y el cliente lo devolvía, ella lo cambiaba. Entre los ambulantes esta no era una práctica habitual. Tampoco era costumbre que los pequeños artesanos se responsabilizaran por la calidad de la fabricación de sus productos. Lo único importante era la pinta y el precio barato. La fórmula a la que llega Vilma es un precio módico para un producto de calidad que tiene además garantía. Entonces, gana mucho menos por unidad pero se compensa porque las ventas son cada vez mayores. Así comienza a abrir una tienda tras otra. También logra redefinir su relación con los proveedores. Conforme tiene más capacidad de vender aumenta también su poder para exigir. Y lo que demanda es calidad y garantía. Cambia de proveedores hasta encontrar los más idóneos a su propuesta. Generalmente se trata de pequeños productores, todos de Trujillo, pero que han seguido cursos especializados, promovidos por la cooperación española en las universidades San Marcos e Ingeniería. En todo caso, la combinación buena calidad – bajo precio- garantía, es imbatible. Esta misma fórmula la aplica en otros negocios. Una panadería que establece con su tío, un salón de belleza que promueve con su podóloga.
La idea que guía su vida es: quien quiere, puede. Hacer empresa no es difícil. Lo que se requiere es trabajo y visión. Señala que a ella le gusta fomentar las capacidades empresariales de su familia. Todos los parientes que han trabajado con ella tienen ahora sus propios negocios gracias a su ayuda. Hace ya algún tiempo que tiene éxito económico. Ello le ha permitido comprarse un carro de 100 mil dólares. Vilma dice identificarse con sus trabajadoras que son como sus hijas. Por ejemplo, si es que alguna cae enferma, la acompaña al Seguro Social.
El empresariado popular tiene una filosofía equivocada, dice Vilma. Busca vender barato productos de pésima calidad. Menosprecia a su público, no se da cuenta que la gente está dispuesta a pagar un poco más si es que la calidad del producto así lo justifica. Vilma manifiesta tener ética y celo profesional: “Yo siempre tengo que conocer bien mi producto, tengo que saber bien qué es lo que vendo”. “Se puede hacer empresa pero hay que ser transparente con nosotros mismos y con nuestros clientes”. “Yo miro siempre bien a los ojos, pongo mucha atención a las personas cuando converso”.
La infancia de Vilma estuvo marcada por el trabajo y la pobreza. Cuando era niña, su mayor sueño era comerse “un cuarto de pollo”, todo para ella, y comérselo sola. Pero este deseo era algo lejano pues en la familia siempre faltaba dinero. En general, los acontecimientos penosos son referidos de una manera que le permite a Vilma realzar la importancia de sus triunfos. No busca inspirar lástima por lo que pasó sino admiración por lo que es. En s narrativa, la posibilidad del fracaso, las experiencias de sufrimiento aparecen como negadas, o en todo caso relativizadas. La imagen de persona voluntariosa, decidida, empoderada refulge en su discurso.
Para Vilma la gente hace su destino. Si uno se esfuerza puede lograr lo que quiera. El Estado no sirve para mucho. En todo caso los empresarios populares deberían formalizarse pues es la única manera de crecer. La transferencia de tecnología es sin embargo muy importante. La calidad de la fuerza de trabajo en el Perú es muy alta. Actualmente muchos operarios especializados del rubro de calzados son absorbidos por el Brasil. Un trabajador experto tiene grandes posibilidades.
Mucho de su éxito se explica por su apuesta al trabajo independiente. En realidad la escuela -dice Vilma- no sirve tanto como se dice pues ahí lo que aprende la gente es a ser dependiente, a tener la expectativa de ser profesionales que serán contratados por empresas. En cambio, en la misma práctica de los negocios se aprende mucho más. Es la universidad de la vida. En palabras de Vilma: “En este país nos enseñan a ser dependientes (…) Lo que he tenido yo: perseverancia, estar un paso adelante”
Impresiones
Vilma tiene el aspecto de un maniquí, quiere encarnar un modelo de elegancia, de desenvoltura. Es como si dejara entrever que el éxito le es consustancial, que no podría sino haber triunfado en la vida. Hace gala de una seguridad y una autoestima rotundas e inapelables. El sufrimiento no ha hecho más que lanzarla hacia delante. Se habrá caído muchas veces pero se ha levantado muchas más. Hay pues una pretensión de fuerza y seguridad en su enunciación. Ella ha sacado adelante a toda su familia. Son gente de negocios, exitosos. Con sus departamentos, carros y computadoras. Ella difunde la calidad y los precios económicos. Genera riqueza.
La voluntad de progreso significa negar la carencia al punto que la pobreza se vive como una limitación temporal, como una condición que habrá de ser rápidamente superada. En su relato todo lo traumático y desempoderante de la vida queda invisibilizado. Vilma se construye una visión heroica de sí misma que se fundamenta justamente en la negación de la debilidad y en la afirmación dogmática de la voluntad. El famoso “tú si puedes”. Su hablar es enfático y potente, como si necesitara demostrar sus logros, como si quisiera recoger la cosecha de sus triunfos bajo la forma de una admiración del público que la escucha.
Vilma apenas habla de su vida familiar. Solo menciona que cuando se casó, su esposo no quería que ella trabajara y le puso un departamento. Pero con el gobierno de Alan García llegó la recesión y su marido quedó sin trabajo. Entonces ella retomó sus negocios. No hay atisbo de crítica hacia la actitud de su marido, Vilma no expresa en ningún momento un afán de liberación como mujer. Su éxito se debe a su empeño por salir de la pobreza, pero no parece encontrar obstáculos en el camino por el hecho de ser mujer. También menciona que su hija está finalizando estudios de administración y comercio exterior para continuar los negocios familiares, cuyo próximo desafío es la exportación.
En su narrativa, Vilma vende una imagen de sí que resulta bastante simple pero que pretende ser contundente. La historia de alguien que se ha hecho a sí mismo y que ahora disfruta merecidamente de sus logros. Una triunfadora. Una de esas personas que el Perú necesita.
Apuntes para terminar
En una “tertulia sociológica” sobre la pobreza, convocada por el Colegio de Sociólogos, se hizo manifiesto, entre los asistentes, un compromiso tan exacerbado con el progreso que la pobreza fue definida como un período provisional de la vida que podría ser rápidamente superado. Era evidente en el grupo una resistencia a discutir situaciones de pobreza con poca esperanza, como sería el caso de los campesinos en los poblados andinos, o de los adultos mayores en las ciudades. Antes que analítica la tertulia fue testimonial. Los estudiantes de la universidad Federico Villarreal contaban la historia de sus familias y en estas narrativas el elemento aglutinante era precisamente el deseo de progreso que se estaba ya realizando y que habría de continuar. Esta denegación de la realidad, de la pobreza “sin esperanza”, es sintomática de la mentalidad de un grupo emergente que cifra en el esfuerzo y la voluntad las claves para producir el futuro. A diferencia de Vilma, en este grupo el éxito se obtendría a través de la profesionalización. La mayoría de los estudiantes eran los primeros universitarios de sus familias.
Es claro que el mundo popular emergente niega todo lo que tiene que ver con debilidad y fracaso. La voluntad del progreso asemeja un estado casi maníaco de exaltación y esfuerzo permanentes. Pero esta negación implica también la invisibilización de personas como las que Paulina representa, esos pobres que por su escaso capital cultural o social tienen pocas perspectivas de progreso. La emergencia social en el mundo popular parece implicar pues una fractura muy profunda. Una suerte de fenómeno darwiniano. Los presuntos triunfadores consideran su éxito muy legítimo, sus comodidades muy bien ganadas, no parece haber mayor preocupación por los que se quedan atrás. En todo caso, en el respeto a sus trabajadores hay una actitud maternalista/paternalista donde se combina una proximidad afectiva con el desconocimiento de derechos o el pago de bajas remuneraciones.
¿Qué pensará Paulina de Vilma? Y, ¿qué pensará Vilma de Paulina? Lo que pueden tener en común Paulina y Vilma es la creencia en la acción. Es decir, en conductas deliberadas e inteligentes que suponen aprendizajes que llevan a romper inercias y círculos viciosos. Pero para Paulina, la acción fundamental es la lucha, es la presión por construir un estado benefactor que compense las carencias e injusticias que son lo característico de la realidad peruana agobiada por la expoliación de las empresas . Para Vilma la acción es la empresa económica, la reorganización permanente de la producción para hacerla más eficiente y rentable. Vilma aspira a encarnar una figura de triunfo que suscite admiración. Paulina se presenta como la víctima dispuesta a luchar por sus derechos inculcados. ¿Quién es más representativa del Perú de hoy?
Quizá podría decirse que Paulina tiene una Vilma negada dentro de sí y que Vilma niega a la Paulina que lleva a su interior. Es decir, que hasta cierto punto, Vilma y Paulina son como los dos rostros de una misma subjetividad. Vilma mira hacia el futuro y trata de dejar atrás su pasado. El costo de su éxito es una cierta “artificialidad”, patente en su arreglo personal y en su seguridad un poco arrolladora. Paulina está tan detenida en los recuerdos de su sufrida infancia que parece no percatarse de su poder y éxito actuales. No obstante, las diferencias son también evidentes. Paulina nace en una familia muy pobre, es abandonada, y es casi una esclava. Vilma tiene el apoyo de su familia de la que hereda su capacidad para hacer negocios. Nunca fue una “sirvienta”.

analisis estupido de la realidad “peruana”
Comment by Romina — 2008 01 @ 9:47 pm