Hacia una historia de la prostitución
Presentación
Las primeras palabras no pueden ser sino de felicitación y agradecimiento al autor. En su libro, Las casas mal de las niñas bien, Roberto Prieto abre a la reflexión todo un continente. Me refiero a la historia de la prostitución. Una problemática que, como sociedad, simplemente no queremos encarar. En todo caso la hemos atisbado a través de reportajes y crónicas que convocan a nuestra (mal)sana curiosidad. Pero con este libro es la primera vez que estamos frente a un panorama amplio y documentado. Son muchas las razones del silencio que ahora se rompe. Sin pretender agotarlas puede aventurarse que para algunos el tema es irrelevante. Y que para otros es embarazoso. No obstante, en realidad, se trata de un aspecto clave para comprender nuestro mundo social. Y que puede ser trabajado con seriedad, tal como lo demuestra el autor.
La prostitución es el intercambio de dinero por servicios sexuales. Mucho de la historia de la sexualidad, ha pasado, y sigue pasando por la prostitución. Especialmente a partir del crecimiento de las ciudades y la expansión del mercado. Ahora bien, la prostitución implica una relación de género. El varón suele ser el prostituyente y la mujer la prostituta. En todo caso estamos ante una forma de organización de la sexualidad que debe entenderse en el contexto del patriarcado, del sistema social definido por la dominación masculina. Un sistema social que sobre estimula la sexualidad en el hombre y la desestimula en la mujer. Entonces, en este contexto, el hombre necesita lo que solo la mujer puede darle. Ocurre que el hombre es educado para disociar lo sexual de lo afectivo, mientras que a la mujer se le exige vincular ambas dimensiones. De no hacerlo se degrada. Más aún, si vende sus servicios.
La prostitución suele ser considerada como un “mal necesario”. Una realidad inevitable que siempre debe ser condenada pero frente a la cual, desde el poder, habría solo dos posturas: la reglamentación o la “vista gorda”; dejar que sean los propios actores los que organicen el comercio sexual. En el Perú se ha oscilado entre ambas posiciones sin que haya habido un debate a fondo sobre el tema. En todo caso la condición de la prostituta ha sido muy vulnerable. Explotada por rufianes o cafichos, o los dueños de los prostíbulos. O usada como objeto por los clientes.
Pero uno de los grandes méritos de Roberto Prieto es evitar las simplificaciones. El contrato sobre el que se basa la venta de los servicios sexuales es muy preciso. En realidad, el autor distingue diversas clases de prostitución. En primer lugar la que caracteriza a los prostíbulos que operan como fábricas de satisfacción de un deseo que se reduce a la penetración y rápida eyaculación. Aún así los precios varían según el grado de desnudez de la prostituta y el tipo de servicio ofrecido. Pero la norma es veinte minutos o aún menos. En segundo lugar, la propia de las “casas de tolerancia” o “burdeles”. En este caso hay espacio para el baile y hasta para un simulacro de relación. Todo lo cual implica, desde luego, un mayor precio. Ni que decir que la primera clase es sobre todo para el mundo popular y la segunda para la gente con mayores recursos.
La perspectiva de Roberto Prieto es la de un urbanista. Su mirada se centra en la ubicación espacial de los prostíbulos y en las características de las edificaciones donde se ejerce el comercio sexual. Hay momentos en los que los locales se concentran en ciertas áreas de la ciudad (Jirón Huatica, Avda. Méjico, Avda. Centenario) y otros períodos donde predomina un patrón disperso. La edificación que predomina es una suerte de “corralón”. Un patio largo, o callejón, rodeado de pequeños cuartos. Pese al afán reglamentarista las condiciones son deplorables.
Pero el libro va mucho más allá pues, siguiendo la curiosidad de su autor, recoge una gran cantidad de información de una diversidad de fuentes. Su exploración ha sido vasta: archivos, periódicos, revistas, novelas, testimonios. Esta variedad le permite ir mucho más allá de la perspectiva del urbanista. Podemos saber, por ejemplo, cuantas prostitutas había en Lima en 1916, qué edad tenían, cuál era su raza y estado civil, cuál su nivel educativo y condición de salud. En el cuadro respectivo hay una casilla que llama la atención. Me refiero a la situación de “retirada”. Esta calificación hace presumir que para la época nunca se deja de ser prostituta. Es como si la bajeza del oficio se apoderara tan totalmente de la persona que no hubiera posibilidad de desprenderse del estigma o condición infamante.
Pero además de los datos, y del análisis de los intentos de legislar la prostitución, Roberto Prieto nos ofrece testimonios de primera mano sobre los prostíbulos entre los años 40 y 80 del siglo XX. Las “casas de tolerancia” son espacios donde florece la música. Es allí donde, por primera vez en el Perú, se escucha la música salsa. En el ambiente de los burdeles surgen íconos y leyendas. Mujeres tan bellas que son deseadas por lo más graneado del periodismo y la bohemia limeña.
Todo el trabajo de reconstrucción histórica del autor está acompañado de fotos, mapas y planos; imágenes que representan un indispensable complemento visual. Observando las fotos todo se vuelve más claro y contundente.
El esfuerzo prodigo de Roberto Prieto tiene el más valedero de los sustentos: el entusiasmo por documentar una realidad, por construir una memoria a punto de perderse. Y todo ello sin recursos, ni financiamientos. Solo la vocación pura hace que salve del olvido historias que tienen mucho que decirnos pues es una gran verdad esa que afirma que el nivel de civilización de una sociedad se mide por la manera en que trata a sus miembros más vulnerables. Entonces es todo el Perú el que está puesto en tela de juicio. Está visto que la modernización de inicios del siglo XX radicalizó el machismo y su correlato necesario: la cosificación de la mujer. Como se dice en un testimonio: “era demasiado bella (y tendríamos que añadir pobre) para ser buena”. Mucho más tarde, a fines del mismo siglo, la situación cambia radicalmente. La liberación de la sexualidad femenina es la base de la proliferación de hostales. Proceso estudiado por Pedro Pablo Ccopa en su libro Eros liberado.
En realidad la obra de Roberto Prieto es una necesaria incitación que reclama ser continuada. Toca a los lectores hacer el balance y quizá alguno se anime a proseguir este camino tan prometedoramente abierto…

Entra sin miedo
una vez adentro CLICKEA en el titulo
Por ejemplo, que ya estoy harta de tanta huevada, ya lo dije?
Y que me llega al nabo este mundo de mierda?…tambien?
Pues lo repito:
ME LLEGA AL NABO ESTE MUNDO DE MIERDA. ABSURDO E INUTIL ANIADO. LLENO DE IMBECILES QUE POLUTAN Y SE COMEN LA COMIDA DE OTROS.
MUNDO CAGON QUE NO OFRECE NADA,
NI SIQUIERA UN RETO LO SUFICIENTEMENTE INTERESANTE COMO PARA CONSIDERAR NO MORIR.
VAYANSE TODOS A LA MIERDA Y QUE EL MUNDO REVIENTE.
Comment by GALIX — 2007 09 @ 10:45 pm
¿Quien ha editado el libro y donde se puede conseguir?
Comment by Ivo Urrunaga — 2007 09 @ 10:47 pm
Considero que la propuesta de Prieto es interesante, ademàs de “avezada” frente a lo que rige la sociedad mayor. Es verdad que el libro refleja una relidad que estamos acostumbrados a mirar de lejos, de tal manera no nos sentimos identificados y mucho menos, consideramos tal realidad como cercana. Efectivamente el tema esta puesto sobre la mesa para ser màs explotado, este libro nos da importantes alcances y quienes tomen la iniciativa de seguir adelante tendràn mucho por descubrir. Sin màs, tengamos en cuenta el proceso de liberaciòn sexual en variados aspectos por los que hemos pasado las mujeres a travès de la historia, tema tambièn que tiene mucho por ofrecer. Si9n màs dejemos estos temas para posteriores discusiones que nos entretendràn en alguna nueva ocasiòn.
Comment by Mapi — 2007 09 @ 1:28 am
Kathia se despertó sobresaltada de emoción. El sueño del que acababa de salir respondía a sus ansias sexuales de una chiquilla de 15 años deseante de iniciarse por fin su cuarto esta adornado de calendarios de hombres desnudos erectos . Hoy su madre (fanática del voley como todas las mujeres de esté Perú) la llevaría a un prostíbulo en el que ella se entregaría al cumplimiento de su más deseado objetivo. “Dejar de ser pito”. Claro, todas las chiquillas a su edad ya debían de haber tenido practicas amorosas para gozar del prestigio social del colegió. María, una compañera del colegio tenía amplia experiencia, ella empezó a los 11, su madre una tía borracha la llevó al chongo para ser desvirgada por 3 hombres maduros.
Ingresan por aquel pasillo largo de luces rojizas llena de cuarto, en las puertas esperan apostados los putos semidesnudos. Kathia mira exaltada con los pezones erigidos hasta cielo con la vagina desbordante de calor. Su madre hace el contrato. Servicio completo –exige la madre a un hombre moreno fornido y explica: Le rompes el culo también, quiero que mi hija sea una experta y que le guste por todas partes. Kathia ingresa, el puto le pregunta que edad tiene mientras le lava la vagina. Kathia no se inhibe y pide al puto que inicien con la prótesis. Ella elige ponerse una prótesis peniana de color rojo y grande, el puto mira la mesa de noche donde yacen las prótesis, sabe que le dolerá, trata de rehuir con sonrisas. Pero Kathia esta empeñada en practicarle una sodomía al puto. Kathia le penetra, al puto le duele y grita para incentivarla, maldita sea, la vaselina se le acabó. Kathia goza mucho, el puto es un experto de 22 años con cinco años de experiencia. A Kathia no la joderan más en el barrio. Kathia es una moza que le romperá el culo a muchos hombres. Su padre no estuvo de acuerdo en que se iniciara de esa manera, sin embargo, en este puto mundo de mierda las mujeres mandan y los hombres obedecen.
Comment by César Vigo — 2007 09 @ 7:31 pm
Alicia en el país de las maravillas
Alicia se despertó sobresaltada de emoción. El sueño del que acababa de salir respondía a sus ansias sexuales de una chiquilla de 15 años deseante de iniciarse por fin. Su cuarto esta adornado de calendarios de hombres desnudos erectos . Hoy su madre (fanática del voley como todas las mujeres de esté Perú) la llevaría a un prostíbulo en el que ella se entregaría al cumplimiento de su más deseado objetivo. “Dejar de ser pito”. Claro, todas las chiquillas a su edad ya debían de haber tenido practicas amorosas para gozar del prestigio social del colegió, el ser virgen a esa edad esta visto como desvalotarivo. María, una compañera del colegio tenía amplia experiencia, ella empezó a los 11, su madre una tía borracha la llevó al chongo para ser desvirgada por 3 hombres maduros.
Ingresan por aquel pasillo largo de luces rojizas llena de cuarto, en las puertas esperan apostados los putos semidesnudos. Alica mira exaltada con los pezones erigidos hasta cielo, con la vagina desbordante de calor. Su madre hace el contrato. Servicio completo –exige la madre a un hombre moreno fornido y le explica: Deja que te lo haga por atras, quiero que mi hija sea una experta. Alicia ingresa, el puto le pregunta que edad tiene mientras le lava la vagina. Alicia no se inhibe y pide al puto que inicien con la prótesis. Ella elige ponerse la prótesis peniana más grande y de color rojo, el puto mira la mesa de noche donde yacen los falos artificiales, sabe que le dolerá, trata de rehuir con sonrisas. Pero Kathia esta empeñada en practicarle una sodomía al moreno. Kathia le penetra, al puto le duele y grita para incentivarla,… maldita sea, la vaselina se le acabó. Alicia goza mucho, el puto es un experto de 22 años con cinco años de experiencia. A Alicia no la joderan más en el barrio. Alicia es una moza que le romperá el culo a muchos hombres. Su padre no estuvo de acuerdo en que se iniciara de esa manera, sin embargo, en este puto mundo de mierda las mujeres mandan y gozan y los hombres obedecen…
Felicitaciones Gonzalo por revelarnos estos temas.
Comment by César Vigo — 2007 09 @ 2:37 am
Es la peor estupidez que he leido. Metete a un manicomio enfermo.
Comment by richard — 2008 03 @ 4:59 am