Para determinar la esencia de la poesía Heidegger se remite a la obra de Holderin porque ella está “cargada con la determinación poética de de poetizar la propia esencia de la poesía… Holderin es el poeta del poeta”.
Para concebir la esencia plena de la poesía, dice Heidegger, es necesario razonar “dos determinaciones en un solo pensamiento”.
La primera determinación es que el reino de acción de la poesía es el lenguaje. “por lo tanto, la esencia de la poesía debe ser concebida por la esencia del lenguaje”
Pero, de otro lado, la segunda determinación consiste en que la poesía es un nombrar que instaura el ser y la esencia de las cosas, no es un nombrar caprichoso sino “aquel por el que se hace público todo cuanto después hablamos y tratamos en el lenguaje cotidiano”. Entonces no es que la poesía tome el lenguaje como un material ya existente, “sino que la poesía misma hace posible el lenguaje”. Entonces es preciso entender la esencia del lenguaje por la esencia de la poesía.
Dicho de otro modo: la poesía se basa en el lenguaje que a su turno es creado por la poesía. Habría pues un mutuo engendramiento entre lenguaje y poesía.
Entonces es necesario analizar este mutuo engendramiento. En la base de ambos, lenguaje y poesía, está el diálogo que es el fundamento de la existencia. Ahora bien, el diálogo es el propio acontecer del lenguaje donde la poesía se hace posible como instauración del ser.
La esencia de la poesía está encajada en el esfuerzo de comunicar los signos de los tiempos y la voz del pueblo. El poeta está entre ambos. Es un “proyectado fuera”, fuera, en aquel entre, entre los dioses y los hombres. Pero solo en este “entre” se decide quien es el hombre y donde se asienta su existencia.
La poesía se sitúa no en el orden de la repetición sino del acontecimiento. Implica una renovación del lenguaje que a, su turno, significa una (re)creación de la realidad.
II
El hombre se sitúa en el mundo como heredero y aprendiz de todas las cosas. Ahora bien, puesto que el ser y la esencia de las cosas no pueden ser calculados ni derivados de lo existente deben ser libremente creados, puestos y donados. Es gracias a esta instauración que la existencia del hombre adquiere una razón de ser. En otras palabras, el hombre manifiesta su existencia mediante la creación de un mundo por la libertad de su decisión. En la decisión se aprehende lo necesario pero se lo vincula a una aspiración más alta.
Expresar el ser, crear un mundo, es poner en orden los entes que están en conflicto. “A lo que mantiene las cosas separadas en conflicto, pero que igualmente las reúne, Holderin llama “intimidad”. El conflicto no es abolido o trascendido pero si es “ordenado”. El mundo es una “intimidad”, en tanto es un orden con un sentido que neutraliza el absurdo primordial, que lo hace habitable para la criatura humana en tanto le da direcciones a su vitalidad. Esa “intimidad” es desde luego precaria, histórica y contingente.
Esta “intimidad” es creada mediante el habla. “Solo hay mundo donde hay habla, es decir, el círculo siempre cambiante de decisión y obra, de acción y responsabilidad, pero también de capricho y alboroto, de caída y extravío”. Pero el acontecimiento esencial del habla es el diálogo. El habla acontece en el diálogo. Solo es esencial como diálogo. El poder oír es el supuesto del hablar. Pero el poder oír necesita de la palabra. En cualquier forma, poder hablar y poder oír son igualmente originarios. Uno no es sin el otro. Definir nuestra existencia como basada en el diálogo significa que somos solo en la medida en que nos oímos, en que hablamos y nos escuchamos.
Pero el habla, dice Heidegger es un peligro a la par que una posibilidad. Peligro en tanto el ser puede ser reabsorbido por el ente. Entonces el habla repite, cosifica. No abre posibilidades sino que las cierra. Se trata del olvido del ser y de la posibilidad. Del advenimiento de la metafìsica. De pronto el hombre se concibe como pura criatura, y su poder creativo se oculta. Las cosas adquieren una autonomía esencial. La “intimidad” se convierte en algo ya dado. Pero el habla es también posibilidad de “hacer patente en la obra al ente como tal y custodiarlo”. La palabra como tal no ofrece la garantía de ser esencial o de ser una ilusión. Entonces el habla debe “arriesgarse a lo que tiene de más propio, al decir auténtico.” El habla es el acontecimiento que dispone la más alta posibilidad de ser hombre.
La existencia es “poética” en su fundamento, es decir está instaurada, no es un mérito sino una donación. La poesía es el fundamento de la historia.
La poesía es de un lado “la más inocente de la ocupaciones”. Es como un juego que inventa su mundo de imágenes y se queda ensimismada en lo imaginario. Poetizar es inofensivo e ineficaz pues queda solo como un hablar y decir. Es un sueño de palabras. Esto es verdad pero no es toda la verdad. Pues, de otro lado, la poesía es la instauración por la palabra y en la palabra. Es la instauración de un mundo. El poeta nombra a los dioses y a las cosas en lo que son. Instauración del ser con la palabra. El ser nunca es un ente.
III
La poesía es el paradigma del acto creativo. Es un acontecimiento que afloja y reestructura una “intimidad”. En sentido amplio toda creación, en cuanto advenimiento de lo imprevisible y transformación del horizonte de nuestra comprensión, es poética. El aprendizaje, por ejemplo, tiene un aspecto poético. La poesía es el ejercicio de la función simbólica consistente en nombrar lo real, traerlo desde la oscuridad hacia la realidad visible. Una simbolización veraz libera, amplia posibilidades.
En un sentido más restringido pero igualmente pertinente la poesía es un jugar con las palabras mediante el cual se construyen imágenes o visibilizaciones. Entonces se entiende que la poesía sea a la vez la “más inocente de las ocupaciones” y “el más peligroso de los bienes”.
IV
Las ideas de Heidegger son ciertamente interesantes. El poeta es el innovador pues (re)crea los sentidos desde su lugar de enunciación que es el “entre”; es decir, habla desde la posibilidad o libertad, desde lo humano, tratando de descifrar los signos de los tiempos, aperturando la cosificación que tiende a engullir el ser.
Un buen ejemplo puede ser la renovación del lenguaje sobre el amor y el sexo introducida por la poesía modernista. Según Monsiváis hasta casi fines del XIX la sensibilidad erótica estaba totalmente inhibida en sus posibilidades de desarrollo por la falta de un léxico que permitiera su legítimo cultivo. De un lado, se tenía la represión que hacía de lo erótico lo innombrable. Pienso como caso emblemático en la inmensa novela de Tolstoi Guerra y Paz. En las 1800 páginas del relato la dimensión erótica está presente a través de sus efectos de atracción entre personajes. Pero no es abordada como tal. No podía ser nombrada. Esta situación es generalizable al mundo de la época. En todo caso, de otro lado, lo erótico era nombrable desde lo réprobo, desde la vulgaridad que lo animaliza. Es en la poesía que la experiencia erótica adquiere un lenguaje que la legitima y que permite su potenciación.
La poesía dice Monsiváis “ aclara o ilumina una experiencia, o bien vuelve más dolorosa y por supuesto más profunda una determinada situación…Los poetas, al ampliar el lenguaje, amplían considerablemente la visión del mundo de sus lectores y discípulos (cada uno de los grandes poemas del canon instantáneo de la época equivale a un magisterio). Y esta resurrección o recreación del lenguaje es sueño compulsivo de un porvenir desbordante en sensaciones a la altura de los poemas.” (ver http://www.jornada.unam.mx/2006/08/06/sem-juan.html)
V
Pero no los poetas no detentan el monopolio de la función simbólica. Además Heidegger es poco sensible a sus efectos de poder. Gramsci y Foucault, entre muchos otros, han sido muy sensibles al vínculo entre saber y poder. El tema está en el centro del concepto de ideología en la tradición marxista.
Un caso ilustrará lo que pretendo decir. Me refiero a los distintos nombres que se emplean para referirse a lo que de una manera casi aséptica puede llamarse el período de la violencia en el Perú. Los conservadores usan expresiones como “lucha contra el terrorismo”, “victoria de la democracia y pacificación del país”. Estas nominaciones condensan toda una interpretación del período. La democracia fue amenazada por la insanía terrorista pero gracias a las fuerzas armadas y el apoyo ciudadano la acción demencial de Sendero Luminoso fue derrotada. En el proceso se cometieron algunos “excesos”, sin duda lamentables pero que se explican como reacción a la violencia terrorista. En el informe de la CVR se usa el término “conflicto interno”. Una expresión, sin duda, minimalista que tiene el gran mérito de ponernos en el camino de buscar explicaciones en vez de evadirlas recurriendo al estereotipo del terrorista como irracional, enfermo e insano. En un libro Razones de Sangre, que publiqué en 1998, uso el término “insurrección senderista”. Esta expresión pone de relieve la subversión sistemática del orden social desplegada por Sendero. Un orden ciertamente precario, minado por la multiplicidad de antagonismos sociales presentes en la sociedad peruana.
Sea como fuere, lo interesante es que la posibilidad de nombrar, de convertirse en sujeto de la enunciación, implica modelar, al menos hasta cierto punto, el sentido común. En esta construcción del sentido común los intelectuales juegan un rol decisivo.

Profesor, me meteré a su clase de Literatura y sociedad, algún libro que me recomiende para ir leyendo en lo que quedan de vacaciones?
Comment by Lupi — 2007 08 @ 6:30 am
Hola Gonzalo, leo seguido tu blog, hice un master en la UOC en Barcelona y te cité en una parte de la tesis, me interesa mucho el tema de cibercultura y posmodernidad y tu blog es de primera calidad. Felicidades. Ramón Gerónimo Olvera
Comment by Ramón Gerónimo — 2009 07 @ 6:09 pm