Oralidad y tradición.
A propósito de la tragedia como talante vital en el mundo andino
Se suele pensar que en las sociedades modernas la oralidad es un fenómeno “residual”. Sin embargo, las características de la oralidad, como son su carácter anónimo y colectivo, su apertura a lo maravilloso y su relativo prescindir de la coherencia, están sin embargo en el centro de los procesos comunicativos del mundo popular de la urbe limeña. Se sitúan en una esfera que como dice Santiago Alfaro es paralela a la representada por los medios de comunicación oficiales. Una esfera que se delimita por las redes de parentesco pero que también se proyecta en el vecindario. En realidad, se trata de un mundo invisibilizado hasta para sus propios protagonistas, pues ni siquiera ellos le dan la importancia que efectivamente tiene. En todo caso, las actitudes y creencias que circulan por esos canales subterráneos aparecen sobre todo en la música popular. A veces también en la política. En este pequeño ensayo quiero presentar e interpretar un relato. También comentaré su importancia en la estructuración de la subjetividad popular.
El relato pertenece a una colección reunida por el profesor Fabián Vizcarra en el colegio José María Arguedas. El profesor Vizcarra solicitó a sus alumnos que transcribieran las historias que escuchaban en el ámbito familiar. El resultado fue una recopilación en tres tomos. Aprovecho la ocasión para agradecer al profesor su generosidad para compartir conmigo los resultados de su esfuerzo.
Entonces, empiezo transcribiendo el relato que no tiene nombre por lo que he optado por llamarlo “relato andino”.
II
Relato andino
Se comenta que en un pueblo que se encuentra en la serranía del país, que había un sacerdote que tenía un alto poder de convencimiento sobre los pobladores. Resulta que en realidad era el demonio que se presentó en el pueblo. Un día un joven lo vio haciendo rituales de mal en la propia iglesia. El joven no lo podía creer (dado que el sacerdote era un santo para ellos) Entonces fue a decirlo a todo el pueblo de lo que había visto. Pero nadie creyó lo que decía.
Otro día un señor fue a rezar a la iglesia. Como a la una de la tarde el señor encontró al sacerdote haciendo rituales (para ello en el pueblo había mucha producción, pero cada día se volvía menos productivo) el señor se impresionó y luego reunió a todos los pobladores en la plaza y dijo a todos ellos lo que había visto. La gente le creyó porque
Era un señor que jamás había mentido.
Entonces todos los pobladores se pusieron de acuerdo para expulsarlo del pueblo. Cuando todos se acercaban a la iglesia, uno de los pobladores se acercó primero que todos y le dijo: sacerdote muchos pobladores lo han visto haciendo rituales. El sacerdote le contestó: no es cierto, yo soy un enviado de Dios, pero a pesar de su explicación nadie le creyó y todos los pobladores en voz fuerte dijeron ¡que se vaya! ¡no lo queremos!. El sacerdote les dijo que nunca se iría de allí.
El pueblo se puso de acuerdo en que deberían quemarlo para que la maldición se fuera (porque cada vez se moría el ganado y la flora secaba) entonces fueron y rompieron la puerta de la iglesia y sacaron al sacerdote en medio de la plaza. Lo quemaron a la 1 de la tarde, pero antes que lo quemen dijo lo siguiente: ustedes serán maldecidos. ¡Todos Uds. morirán!
El pueblo no creía que la maldición se cumpliera. Los pobladores celebraron hasta la madrugada del día siguiente. Se despertaron un día después de lo acontecido y notaron que la ganadería había aumentado.
Todos decían: ya lo ven, el sacerdote era la maldición del pueblo y todos ellos estaban muy contentos.
El mismo día a las 4 de la tarde el río se desbordó en el pueblo. Todos se desesperaron. Murió la mitad de la población del pueblo y toda la ganadería. La otra mitad logró escapar a los cerros más altos donde no llegaron las aguas. Todos los pobladores se metieron en cuevas. Unos decían que la maldición del sacerdote había ocurrido. Los que estaban a un lado decían que tenían razón y lo lamentaban. De un momento a otro el aire venía con fuego y todos los que estaban en las cuevas se quemaron y el pueblo desapareció. Hoy en día nadie vive en ese pueblo.
III
El hecho esencial de la narración es que el pueblo, sin saberlo, tiene que elegir entre lo malo y lo peor; y, guiándose por su “buen criterio” elige lo peor. Pero a los pobladores más les hubiera valido no hacer nada pues el “cura demonio” disminuía la producción pero por lo menos los dejaba vivir. Entonces la “acción” se revela retrospectivamente como una opción catastrófica. Pero al momento de actuar los pobladores no lo sabían. Entonces, creyendo liberarse se condenan, y pagan con su vida el intento de mejorar su condición.
El relato plantea la relación del hombre con sus obras de una manera definitivamente “trágica”. No hay garantías para la acción. No se puede saber lo que resultará, por lo que lo mejor sería abstenerse, no actuar. La resignación aparece como la auténtica sabiduría. Estamos tentados a escoger, a actuar, pero en realidad la acción es traicionera. Vivimos pues en una situación “fatal”. La incertidumbre es total.
¿Esta es la “sabiduría” del colonizado, del perdedor? En realidad, la comunidad no sabía la situación que enfrentaba. Ellos creían que podían elegir entre lo bueno y lo malo. Allí está lo “trágico”. No darse cuenta que eran “perdedores”. La lección es pues no optar. Soportar lo malo pues la alternativa es lo pésimo. Pero nadie les advirtió. No sabían las implicancias de lo que hacían. Lo trágico suele ser definido como una lucha inútil contra un destino muy superior a nuestras fuerzas. Mejor no hacer, ni siquiera tratar de saber.
El dilema real era dejarse robar o ser destruidos. La comunidad no se percató de su situación y se rebeló. De haberlo sabido hubieran escogido subordinarse al sacerdote demonio.
III
El sujeto de la enunciación es un “alguien” que comenta algo que no pudo atestiguar. Ese alguien no es un sobreviviente pues en el relato queda claro que todos los pobladores murieron. Entonces, cabe preguntarse acerca de como ese alguien supo de esta historia sin testigos. Apenas hecha la pregunta nos damos cuenta que es imposible que alguna persona pudiera enterarse. Por tanto la única conclusión posible es que ese alguien inventó la historia. Se trata entonces de una historia que no sucedió pero que sí pudo ocurrir. Es un relato lógico, verosímil en las circunstancias descritas. Es un aviso para que los pueblos aprendan. No tiene sentido rebelarse contra el mal cuando es tanto su poder. Ahora bien, ¿Qué pretende el sujeto de la enunciación? ¿Es un colonizador que recomienda dejarse explotar pues toda alternativa es peor? ¿O en un colonizado que sabe que la rebelión es inútil? En realidad la situación es indecidible. Es las dos cosas a la vez. Es el colonizado que ha internalizado el miedo al colonizador. Y es, también, el colonizador que instruye al colonizado sobre lo improcedente de cualquier resistencia.
IV
Los sucesos ocurren es un espacio-tiempo mítico. No hay coordenadas que permitan ubicar el lugar y la época. Es decir, puede ser cualquier sitio y cualquier momento. Es algo que siempre puede suceder. Su actualidad es permanente. Este relato podría describir la situación de los pueblos andinos subyugados por la invasión española. O también la posición de las comunidades en el conflicto interno entre Sendero y las Fuerzas Armadas. O más en general, la encrucijada existencial de la persona que está deprimida pues ha perdido fe en la acción, que mejor no desea nada pues su deseo y su acción pueden volverse contra ella.
V
El relato alude, implícitamente, a una época donde no había sacerdote, ni iglesia. En ese entonces la producción era mayor y eran mejores las condiciones de vida. (Agradezco esta observación a Omar Manky) En esos tiempos la gente no se dejaba persuadir. No podían agradecer la presencia de una persona que parece santa pero que merma su producción pues los explota. Es una época de oro, previa a la dominación. Más que por la fuerza y el despliegue de la violencia la explotación se entroniza por la capacidad persuasiva, demoníaca del sacerdote. En todo caso allí estuvo el error de la comunidad. En dejarse avasallar por la figura y la retórica del “sacerdote demonio”. Quizá debió ser rechazado desde un inicio. No obstante la situación es más compleja pues es tal el poder de esta figura que de haberlo resistido es probable que los pobladores hubieran sido arrasados. Pero en ese caso hubieran sido inútiles para los afanes depredadores del sacerdote demonio. Abrir los ojos puede ser peor que tenerlos cerrados. Mejor la ilusión, dejarse convencer, que darse cuenta de una verdad frente a la que no se puede hacer nada.
VI
La capacidad persuasiva del sacerdote demonio es tanta que no basta una primera denuncia, la del joven que lo acusa de practicar rituales maléficos. Al joven nadie le cree. Las cosas cambian cuando es un poblador de fama intachable el que formula la denuncia. Entonces los pobladores deciden actuar. Y lo hacen drásticamente. Las pruebas son concluyentes y las penas están establecidas. Aliarse con el demonio se castiga con el exilio o con el ser quemado vivo. Dado que el sacerdote se empecina en quedarse, la alternativa es la hoguera. Cumplida la sentencia, los pobladores se sienten triunfantes. Finalmente han roto el hechizo que disminuía su producción. Pero el éxito es efímero. Es solo una “borrachera” de triunfo. Luego las cosas empeoran, adviene la catástrofe.
VII
El dios del sacerdote es en realidad un demonio. El catolicismo aparece como una estafa para los pobladores andinos. Dios encubre la explotación. No obstante es una estafa que permite la continuación de la vida. Desenmascararlo conduce a la muerte. A una violencia abierta. Mejor vivir en el engaño, tratando de no darse cuenta de que es un engaño. Mal con el cura pero peor sin él. El dios católico engaña y explota pero, al menos, deja vivir. Simplemente no se puede hacer nada. Todas las puertas aparecen cerradas. No hay fantasía liberadora. Hay que engañarse, esto es lo mejor.
VIII
Vivir en el engaño, rechazar la lucidez es una estrategia de sobrevivencia en un mundo donde todos lo caminos para la liberación están cerrados. Vivir en el engaño tiene también un elemento utópico. El goce de ser alguien protegido, de contar con una alianza que depreda pero que es mejor a la lucha trágica.
IX
Debe notarse que más que individuos lo que existe es una colectividad. Todos comparten el mismo destino. No hay posibilidad de personalizar un futuro, de actuar por separado. Todos están metidos en el mismo asco. Son indios.
X
Una tesis parecida se encuentra en la película La Rosa Púrpura del Cairo de Woody Allen. Hay situaciones donde la mejor vida es la que se centra en la ficción. No tiene sentido despertar al “desierto de lo real”. Allí estaremos peor. Se puede consultar el análisis de la película en mi blog.
XI
El relato que se comenta puede compararse con el ciclo mítico bautizado por Efraín Morote Best como “Las aldeas sumergidas”. Se trata de un conjunto de narraciones que comparten el mismo un núcleo dramático: una población es castigada por ser poco caritativa con los extraños. Como Sodoma y Gomorra son destruidas por Dios. En este caso son sepultadas por el agua. Aquí es obvia la prédica colonial cristiana. Sembrar autoritariamente los valores de la solidaridad. Se trata de relatos enunciados desde el poder. El castigo es justo y merecido, también evitable. La situación es muy distinta en el relato comentado. Este relato me parece más “auténtico”. Aquí lo que tenemos es el “castigo sin culpa”. Es decir algo esencialmente trágico. Los pobladores no hicieron nada malo pues sólo trataron defenderse de un demonio depredador. No obstante, fueron arrasados.
XI I
El primer cuento que escribió J.M. Arguedas fue “Amor de niño”, “Warma kuyay”. Ernesto el protagonista está enamorado de Justina una bella joven indígena. Ella no le hace caso pues él es apenas más que un niño y ella está con el Kutu. Un día Justina es violada por el hacendado. Y Ernesto increpa al Kutu para que la defienda, para vengar el atropello. Pero el Kutu, reitera una frase que es la consigna de la condición indígena. “Endio no puede”. Es decir, el indio se define como alguien que no puede alzar la mano contra su señor. Tiene demasiado miedo. Ese “endio no puede” es el fundamento de una “dominación total”, pues se ha abdicado del principio mismo de la resistencia. El individuo ha sido capturado por una ideología donde cualquier acción debe ser evitada pues tiene consecuencias catastróficas. Mejor no hacer nada, reaccionar puede empeorarlo todo. Otra vez, el temor al castigo aunque no haya culpa de por medio sino solo la búsqueda de justicia. En todo caso la respuesta del Kutu será vengarse en los finos becerros del hacendado, esos pobres animalitos que están a su cuidado, los masacra sin piedad. Y, de otro, frente a Ernesto, implorar por su comprensión porque es sólo un indio.
XIII
En el universo narrativo de J.M. Arguedas queda claro que “endio no puede” es solo una de las facetas de la condición indígena. Ella es prominente en la relación con el gamonal. No obstante, a espaldas de la autoridad, el indio lleva una vida libre de la camisa de fuerza que ha pretendido imponérsele. Allí está el complejo fiesta-música-danza donde se aprecia una vitalidad exacerbada. Entonces, el siervo o pongo que parece una momia en el espacio de la hacienda, que tiene miedo de hasta hablar, resulta un hombre intrépido en su lugar propio, la comunidad. Momificarse en la sumisión total con el misti no agota el ser del indígena que se esconde para aparecer en lugares protegidos. No obstante, el mundo criollo estereotipa al indígena desde la mirada colonial. De ahí, la representación criolla hegemónica del indio como un ser melancólico y disminuido, solo “escombros de un pasado glorioso”. A partir de esta representación, el mundo criollo propuso el “genocidio cultural” de lo andino. Para ser ciudadano, peruano, era necesario dejar de ser indio. Pero fue Arguedas quien se dio cuenta de lo arbitrario de esa representación. El hombre andino ocultaba su vitalidad y su cultura, en la fundada presunción de que no le convenía mostrarse pues sería objeto de mayores rapiñas. Solo con las grandes migraciones el criollo comprenderá la enorme vitalidad de ese mundo aparentemente inmóvil y decadente. No obstante, por más eficaz que pueda haber sido el ocultamiento de la vitalidad de lo indígena la impronta trágica es mucho más que una máscara. El servilismo y el miedo al colonizador marcaron en profundidad la subjetividad indígena.
XIII
En sus análisis sobre la religión, Max Weber elabora el concepto de “irracionalismo ético”. Con este concepto se refiere a un tipo de relación con la deidad objeto de culto donde el cumplimiento escrupuloso de la liturgia y el mantenimiento de la moral no garantizan la buena voluntad de los dioses. Entonces, pese a todo el empeño por seguir la ley, toda clase de catástrofes son posibles. Este es el Dios de parte del antiguo testamento. Iracundo, caprichoso, no comprometido con sus criaturas. La libertad de ese Dios no está enajenada a los sacrificios de los hombres. Es posible entonces el “castigo sin culpa”. Aquí palpita la idea de fatalidad. La acción no garantiza nada. Según Alejandro Ortiz, Pachacamac, la gran huaca de la costa, era indiferente a los hombres. Hacía lo que le venía en gana. De vez en cuando producía grandes terremotos.
Por lo general el “racionalismo ético” tiende a desplazar al “irracionalismo ético”. En esta configuración es posible un pacto entre los hombres y los dioses. Si la gente obedece nada malo tendría porque suceder. Y si sucede es porque alguna falta ha ocurrido. Los dioses son predecibles. Entonces la acción si tiene sentido. A partir de libro de Job el “racionalismo ético” gana terreno. Ahora bien el “irracionalismo ético” se relaciona según Weber con sociedades que no logran controlar su medio ambiente. La vida es muy precaria pues las pestes y hambrunas son constantes.
XIV
La idea de lo fatal remite a una experiencia de impotencia radical. Y la mejor defensa frente a lo fatal es no darse cuenta que existe. Esta es la lección del relato que comentamos. Y aquí lo fatal es la dominación colonial. Donde el catolicismo es su cara menos mala. El mundo andino no escapo de la impronta trágica.

El relato tambien se puede antender como que frente al mal, a la corrupción por ejemplo, lo mejor es no actuar.
Comment by Maria Ines — 2007 06 @ 8:47 pm
Siento que es un cuento tragico por lo que mencionas. La lección es que es mejor no actuar, no revelarse, que así se sepa de la fatalidad es mejor callar. Que el otro extraño es muy poderoso y muy vengativo. Colonizador y colonizado interiorizan el discurso. El relato me recuerda al tema que trabajo, el de los linchamientos. Hay un foraneo que perturba la tranquilidad, que se apropia de nuestros bienes y hay que castigarlo publicamente y expulsarlo de la zona. Tambien hay temor de la represalia por parte del Estado, pero esto dificlmente sucede. Podria pensarse que aqui se subvierte ese temor a la acción, no lo sé. Trato de encontrar en el relato una lucecita de esperanza: ruptura de la dominación, tender vinculos con el otro. Creo que no la encuentro.
Comment by felix — 2007 06 @ 6:06 pm
su texto, como otros suyos, es inquietantemente interesante. Déjeme exponer mis pensamientos sobre él:
1.- “No hay garantías para la acción. No se puede saber lo que resultará, por lo que lo mejor sería abstenerse, no actuar. La resignación aparece como la auténtica sabiduría”.“ Soportar lo malo pues la alternativa es lo pésimo”.
El mito expone dos posiblidades:
1.a.- Lo pésimo como consecuencia de un castigo, por derrocar al sacerdote-chamán. Un castigo del diablo. Ser destruidos
1.b.-Y lo malo como consecuencia de un gobernante-sacerdote. Dejarse gobernar por el diablo. Dejarse Robar.
Pero, hay otra tercera solución: “que dejaran quedar al diablo entre ellos, pero éste ya hubiera perdido todo su poder de convicción y por tanto todo su poder de magia”:
1.c.- No dejarse engañar, ni dejarse manipular. Pero, eso sí, sonreírle y saludarle educadamente, todas las mañanas cuando nos lo encontramos por las calles del pueblo.
2.-“ El sujeto de la enunciación es un “alguien” que comenta algo que no pudo atestiguar. Ese alguien no es un sobreviviente. Entonces, cabe preguntarse acerca de como ese alguien supo de esta historia sin testigos.” “ Por tanto la única conclusión posible es que ese alguien inventó la historia”.
Hay tres posiblidades:
2.a.- una invención, como se dice. Está dando por supuesto que no quedo ningún rastro, ninguna huella, que es una invención. Entonces el “sujeto de enunciación” es diferente del “sujeto del enunciado”. Es un mito deleuziano, en este sentido: el lenguaje sirve para mentir.
2.b Pero, y si el sujeto de enunciación fuera el mismo que el sujeto del enunciado. Es decir, ¿ y si fuera un relato del pasado inventado o no, reactualizado?. Cuando los mitos son del pasado, el sujeto de enunciación, es el mismo que el sujeto del enunciado, pues la tradición oral unifica a los dos sujetos en la cultura de ese pueblo. El niño hace propio el mito que le cuenta el abuelo.
2.c Pero, si el mito es del futuro (en su carácter de profecía): entonces los sujetos de enunciación y de enunciado serán otra vez los mismo: nuestros descendientes. Usted mismo, lo está proyectando como posibilidad de futuro: “Es un aviso para que los pueblos aprendan”.
3.- “Ahora bien, ¿Qué pretende el sujeto de la enunciación? ¿Es un colonizador que recomienda dejarse explotar pues toda alternativa es peor? ¿O en un colonizado que sabe que la rebelión es inútil? En realidad la situación es indecidible. Es las dos cosas a la vez”.
3.a. Bueno, como ya he comentado en el apartado 1.c, hay una tercera respuesta.
3.b En este mismo sentido, no estoy de acuerdo con “Abrir los ojos puede ser peor que tenerlos cerrados. Mejor la ilusión, dejarse convencer, que darse cuenta de una verdad frente a la que no se puede hacer nada.”
3.c En el mismo sentido, no se trata de una “rebelión agresiva” (o dialéctica), sino una “rebelión resistente sin esperar nada más que nuestra autoconciencia”.
3.d No hay que luchar contra nadie, sino hacer despertar a “alguien”.
4.- “Debe notarse que más que individuos lo que existe es una colectividad. Todos comparten el mismo destino. No hay posibilidad de personalizar un futuro, de actuar por separado. Todos están metidos en el mismo asco. Son indios.” Se trata de justamente, lo contrario: personalizar futuros, y presentes. De hacer pensar a cada uno, por sí mismo, con libertad para elegir su propio destino o asumirlo, como “individuo persona”.
Comment by enrri — 2007 06 @ 8:39 pm
Mi inquietud primera es por què este cuento trasmitido claramente vìa oral desde algùn pariente de la sierra llega a ser absorbido con numerosos detalles por un chico que probablemente hace muchos años, sino toda la vida, vive en un ambiente urbano de la costa. Una primera impresiòn es que acaso los arquetipos de este cuento siguen funcionando porque allende la ciudad capital (y otro àmbitos urbanos) entre los muchos que sufren la exclusiòn y la misma manipulaciòn, pervive un profundo sentimiento de impotencia que busca desatarse, pero que dsconoce còmo hacerlo sin generarse a medio y largo plazo mayor opresiòn y sufirmiento. Màs allà de la figura del cura, su descripciòn como un ser con “un alto poder de convencimiento sobre los pobladores” es lo que màs me llama la atenciòn. Hoy por hoy, resulta tan visible ver còmo, mediante el uso de la elaborada palabra, multitud de polìticos, periodistas, gobernantes, comerciantes, faranduileros, pueden imponer maneras de pensar, sentir y admitir, pero, en el fondo (y quizàs ahì una breve razòn para la espeanza en el cuento), la gente se da cuenta que eos que deberìan ser buenos son demonios, que manipulan y hacen daño. No obstante, cuando ese descubrimiento sale a flor, hay que reducirlo, porque se conoce bien que de rebelarse el poder de esos “curas-demonio” reprimirà de forma brutal.
La segunda cuestiòn inquietante es que en la hora de decidir què hacer frente a ese “cura-demonio”, la ùnica que tiene cabida es esa que mencions, la de elegir lo peor: quemarlo (darle muerte, ademàs una muerte cruel, atroz). ¿Por què no surge siquiera un momento de discusiòn de a ver si se puede recurrir a otra fòrmula: expulsarlo del pueblo, no acudir a sus misas, o por ùltimo encerrarlo en una casa, por què la ùnica soluciòn que parece caber es dejarse aplastar o recurrir a la sevicia?
Saludos:
Karina Pacheco
Comment by Karina Pacheco — 2007 06 @ 8:18 pm
Del relato, aparte de todo lo que se ha comentado, me llama la atención la manera cómo el pueblo acepta finalmente que el cura es un demonio. La primera persona que lo desenmascara no es tomada en cuenta, mientras que la segunda sí, pues “es un señor que jamás ha mentido”. Influye el hecho de que el pueblo cada día se vuelve menos productivo.
¿Qué circunstancias hacen que “un chisme” sea tomado en serio definitivamente? Es curioso que de manera tan rápida el pueblo decida ser tan drástico. Lo que observo en la realidad peruana de hoy día, en algunos casos… es que no se toman medidas hasta que “el chisme” ya no es chisme, sino que ha sobrepasado con creces todos los límites.
Comment by Eva — 2007 06 @ 2:30 am