Abimael Guzmán es, qué duda cabe, el personaje más siniestro del siglo XX peruano. Amparado en una imagen grandiosa de sí mismo, no dudó en mandar a matar o a morir a miles de personas. La causa de la revolución que sólo él podía dirigir, lo justificaba todo. Incluso que él no corriera riesgos mientras hacía arder al país. En buena cuenta, un fanático que predicaba el odio, que se creyó por encima de todos pero que fue también un vividor. Una figura definitivamente repugnante, un ser monstruoso.
Pero resulta que Guzmán es un ser humano. Lo vimos disfrutando el baile de Zorba en el famoso video en que se reveló toda la cúpula senderista. Y, ahora, en la revista Caretas, leemos la carta que desde la prisión le escribe a “Miriam”. Resulta que Guzmán se aferra al vínculo de pareja. La ilusión de un encuentro se convierte en motivo central de vida.
“Mi Míriam, mi única, lleve esta carta a ti no solo mi amor de siempre, sino el más profundo e intenso de que soy capaz y únicamente tu haces brotar de mi. Con la esperanza de leer tus cartas y el anhelo inexhausto de tu presencia, Abimael”
Entonces cómo entender que el escritor romántico y florido sea la misma persona que mandó matar a mujeres y niños. En Eichman en Jerusalén, Hannah Arendt desarrolló una reflexión que ha devenido clásica: la “banalidad del mal”. Detrás de la persona que diseño la máquina de exterminio nazi no había nada especial. Sólo un burócrata que quería ser eficaz, alguien que no pensaba en las consecuencias de sus acciones. Pero la propuesta de Arendt no ayuda a entender a Guzmán quien sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Más prometedora parece ser la idea de que la raíz del mal está en el fanatismo. Hay una verdad absoluta que todo lo justifica. Para Guzmán no es Dios sino la revolución. A esa verdad se le debe sacrificar todo pues su valor es absoluto. Y él, Guzmán, supremo intérprete del marxismo, es el único capaz de acceder a ella. Claro que en defensa de la pertinencia de Arendt se podría decir que el fanatismo de Guzmán es un caso donde la ausencia de pensamiento se encubre, paradójicamente, como “saber científico”. En cualquier forma, en la sed de absoluto del fanático se deja ver la fuerza de la ilusión, la necesidad de un sentido que de estricta coherencia al conjunto de la vida. Se trata del modelo heroico de quien se postula como privilegiado por una trascendencia que exige mil sacrificios. Podemos incluso ir más lejos y preguntarnos sobre el fundamento del fanatismo. Será el miedo al vacío. O será el rechazo de los límites de la condición humana. Sea como fuere el fanático se autoriza poniéndose en la primera fila. Puede matar pero su buena conciencia está protegida por el riesgo que corre. Quita la vida ajena pero está dispuesto a dar la propia pues la causa lo justifica todo.
El fanático está poseído por una certidumbre que lo convierte en instrumento, en máquina. Pero este no es el caso de Guzmán pues su fanatismo no le impide gozar de una buena vida. No aplica a sí mismo la disciplina que impone a los demás. Esta inconsistencia es injustificable. Aunque siempre haya argumentos para tratar de engañar. Guzmán habrá tratado de pensar que su vida es demasiado importante como para no gratificarla y hacerla así más fecunda. Entonces el sacrificio es para los demás y los engreimientos para él. Pero este tipo justificaciones no deben impresionarnos pues son un engaño. Implican vivir no como el instrumento que se postula ser sino como si uno fuera un fin en sí mismo. El “fanático de buena fe”, en cambio, es el robot obediente y austero que entrega su vida como lo hacen los hombres bombas del islamismo o los kamikazes del Japón imperial. Guzmán es el fanático tramposo. El cínico que le roba a su propia causa. El falso profeta. Nada fue tan desmoralizador para sus seguidores que atestiguar la comodidad en que vivía, su rendición sin lucha. Pese a la gradielocuencia y al mito, nada grande, nada heroico.
Nos gustaría ver a Guzmán pedir perdón. Sentirse arrepentido. Compensar con alguna sabiduría el sufrimiento de tantísima gente, el inmenso daño que causó. Una reflexión, una autocrítica, una advertencia. Pero no, pertinaz en su soberbia, Guzmán sigue pretendiendo el absoluto aunque esta vez se llame Miriam y ya no revolución. Entonces de su vida podemos aprender lo necesario de una amistad con nuestros propios límites. No somos dioses y hay muchas cosas que no podemos o no debemos hacer. Esto nos da mucha pena pero la vida es así. En todo caso tampoco podemos enarbolar un odio o desprecio absoluto por Guzmán. En su arrogancia late una humanidad descarriada.

humano demasiado humano ;]
Comment by Chamo — 2007 05 @ 11:47 pm
Gonzalo,
En este post de mi blog colgué un artículo que escribí y que creo da algunas luces sobre porque Guzman probablemente nunca se arrepienta. Salió publicado por el IDEHPUCP ahora en marzo. Lo dejo por si no lo conoces y te interesa leerlo:
http://blog.pucp.edu.pe/item/6508
Comment by Susana Frisancho — 2007 05 @ 5:32 pm
Chido el blog Gonzalo. Llevo tiempo con la página dándole a los comics casi a diario, pero no te creas, no soy un menso y de cultura tengo un poco jeje.
Que hubo con Perú, sociólogo. Cómo anda los sures para este norte. La situación con Abimael Guzmán estuvo sonada hace años, te refieres al gimnasta flocklorico del 2000, ¿no? A lo mejor no estaré comentando del mismo Abimael. Sonaba un tiempo uno muy famoso para la tierra del chilango. Órale!, toavía no me enterao y termino metiendo las cuatro. Síguele contando.
Ah, he escuchado sobre que Ramos dibuja unas patotas, a mi no me molesta para nada, soy fan del trabajo de Ramos, me encantan los detalles que pone en sus escenarios, en la ropa de sus personajes, los cambios de angulo, tuve suerte de ver algunas páginas originales de Crimson y de algunos otros comics que nos prestaron del Taller del Perro para una exposición y era increible ver ese extraordinario trabajo (incluidas las tintas de Sandra Hope, quien por cierto es muy simpatica) jaja
Buena suerte, nos visitamos.
Comment by Ángel Hernández — 2007 05 @ 9:54 pm
En tal arrogancia, el arrepentimiento es sinónimo de debilidad.
Un abrazo
Comment by Jonathan — 2007 10 @ 7:38 am
gfamfxec
Comment by andrea — 2008 09 @ 1:20 am