Creación Literaria2007 05 1:30 am

Aquí estoy encogido, esperando,nuevamente, la obra de la muerte.
No tengo resistencias.
Vida, eres traidora,
me has enseñado a anticipar que la respuesta será otra vez no.

Pero, joven, oiga, no se da cuenta, sus pretensiones son desmesuradas.
¿Por qué no aprende de una vez?

La lección no es difícil.
Es tan simple como una frase “el dolor es lo único que es”.

Cultura Política2007 05 2:26 am

En el número 1974 de la Revista Caretas, bajo el nombre de “Elena Iparraguire habla desde la cárcel por primera vez” se publica una entrevista a la “novia de Abimael Guzmán”. La transcripción está intercalada con diversas informaciones que permiten contextuar las respuestas.

Elena Iparraguire, la camarada “Miriam”, no pretende justificar las acciones de Sendero, aunque tampoco emprenda una autocrítica veraz, lúcida, de su trayectoria personal. (more…)

Cultura Política2007 05 4:50 am

Abimael Guzmán es, qué duda cabe, el personaje más siniestro del siglo XX peruano. Amparado en una imagen grandiosa de sí mismo, no dudó en mandar a matar o a morir a miles de personas. La causa de la revolución que sólo él podía dirigir, lo justificaba todo. Incluso que él no corriera riesgos mientras hacía arder al país. En buena cuenta, un fanático que predicaba el odio, que se creyó por encima de todos pero que fue también un vividor. Una figura definitivamente repugnante, un ser monstruoso. (more…)

Personal2007 05 10:33 pm

El matrimonio burgués suele ser un contrato de venta de servicios sexuales a cambio de ternura, protección y dinero. Para empezar, el deseo está desalojado del cuerpo femenino. Eso significa que, en el campo de lo erótico, la esposa o compañera es un objeto para el otro; es decir, está en la cama para que el hombre patriarcal escenifique su deseo, esa mezcla de ternura y violencia que la mujer burguesa finge acoger con gusto. En todo caso, el control de la sexualidad es el arma con que la mujer negocia su posición en la relación de pareja. Y su gran recurso es su capacidad de hechizar el deseo masculino. Y el hacer, y dejarse hacer, tiene, desde luego, su buen precio. (more…)