En la última semana dos veces he estado expuesto al lente fotográfico. Se trataba de ilustrar entrevistas en periódicos con mi imagen. Las entrevistas eran sobre cosas sesudas. Y me imagino que las fotógrafas quieren presentar una imagen de mí acorde con la expectativa de cómo puede ser un hombre que pretende decir cosas sesudas.
Desde siempre he vivido en guerra con mi imagen. Nunca la acepté como mía. Siempre me pensaba mejor que lo horrible que veía. En realidad me daba miedo confrontarme con eso que la cámara había arrancado de mí. Mejor huir. Entonces, no me gustaba que me tomaran fotos pero, paradójicamente, si me gustaba tomarlas.
Muchos años después vengo a descubrir lo injusto que he sido con mi propia imagen. De hecho esas fotos que repudié, que no quise ver o que apenas miré, muestran a alguien normal. Para nada horrible. Con esta valoración parece que estoy caminando hacia una reconciliación con mi imagen. Pero, por lo pronto, es solo con mi imagen pasada, aquella que corresponde a mi niñez o juventud. El repudio de mi imagen continua pero circunscrita, ahora, a las fotos del presente. No a todas pero poco falta.
En efecto, en las fotos de las entrevistas me veo mayor de lo que me siento, y, además, me observo triste. En realidad, no quiero mirarme. No sé si ese sea yo. En realidad si lo se pero igual no me gustan esas fotos. ¿Demasiado pretencioso? En esta situación, pensar que esa imagen corresponde a un deseo social es, de repente, una forma de consolarme. En todo caso, la idea es que las fotógrafas trataron de capturarme en ese punto donde mi expresión puede ser, efectivamente, lo que se espera de un intelectual maduro. Una suerte de profundidad desapegada del mundo, una vaga melancolía. Y yo era materia dócil en sus manos. “Por favor! Acérquese un poco, sonría, cruce los brazos” Ahora “distendido, sereno”. Y así continuaron las sesiones.

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Comment by Juan Paredes Carbonell — 2007 04 @ 10:59 pm
Conocí a alguien que me decía que no me entendía…
Su aspecto, para la estética actual, no era del todo “acorde”. Tenía un rostro “bien indígena”. Artista bohemio (pintor, licenciado en Bellas Artes y con algún premio a nivel internacional), atraía a veces a las europeas por sus cuadros coloridos y su propia imagen exótica, de rasgos marcados y piel morena. Pero esa atracción no le calmaba. Se notaba a leguas que en su país natal, Ecuador, donde le había tocado trabajar duro (pertenecía a una familia muy humilde de provincia) no se había sentido muy querido.
Un día, no paraba de repetirme:
-No te entiendo. No sé cómo no te miras al espejo cada mañana y te dices: “soy la más guapa del mundo”. Yo hago eso todos los días, me miro al espejo, me veo así: “soy el mejor”, me siento así.
Esa táctica le ayudó, por lo menos, a sentirse más seguro frente al mundo.
Antes de conocerle así, parecía que no, que tenía la autoestima baja… Pero había bastante de “pose”… Le venía bien parecer desamparado. En realidad tenía mucho más claro que yo cómo seguir hacia adelante.
Comment by Eva — 2007 04 @ 7:32 am
Jugando un poco con slogans comerciales y con el idioma inglés, debo concluir que:
“La imagen es nada, la head es todo”
Supongamos que fuésemos seres incorpóreos. Sólo valdría el psyche. Y el tuyo, Gonzalo, es bastante interesante.
Saludos
Comment by Saint-Gobain — 2007 04 @ 11:27 pm
¡Cuánta sinceridad! Y sin embargo, es probable que esto que te ha ocurrido durante tanto tiempo sea bastante frecuente pero a la mayoría nos averguenza admitir en público aquellas partes del uno mismo (físicas o íntimas) que nos disgustan o no nos producen orgullo. Es más, me parece que cuando la gente admite algunos defectos (soy orgulloso/a, me dan miedo los compromisos, soy egoísta, soy perfeccionista, soy trabajocólico…), básicamente refiere a defectos que en el fondo producen cierto orgullo. En una sociedad que tolera cada vez menos las flaquezas opuestas a la seguridad en uno mismo, a la brillantez, cuánto más se reprime el enunciado de aquello que nos muestra frágiles, inseguros.
¡Gracias, pues, por esa sinceridad!
Comment by Karina Pacheco Medrano — 2007 04 @ 4:52 am
Es complicado tener un concepto de si mismo construido en base a cosas que van mas allá que la imagen y que, en cierto momento y desprevenido uno, se vea en la forzosa obligación de conciliar ese concepto con lo que muestra el espejo. Pero bueno, a todos nos pasa…o no?
Comment by Alvaro — 2007 04 @ 5:36 am
Querido Gonzalo, que bueno que te reconcilies con tu imagen, aunque debo decirte que, esta a veces atormenta no? que viva la liberación de los demonios. Viva la libertad. Y por cierto, hay que combinar la mirada de vaga melancolía con la faceta de una dulce reconciliación con la alegria, imagen que por suerte conozco. Asì que a posar con otras imagenes
Comment by Fanni — 2007 05 @ 4:16 am
Que experiencia tan dura, que compartes. Y que bueno que hayas reconciliado con tu imagen, pero por què no puedes hacerlo en el presente. Como los otros te devolvemos la imagen, quizas para la cámara tienes que mostrar tu imagen de hombre jugetón, feliz y que no solo muestra esa vaga melancolía como la llamas, sino la de una persona alegre y jugetona, imagen que tengo el privilegio de conocer.
Fanni
Comment by Fanni — 2007 05 @ 4:23 am
No se preocupe, que en sus fotos se ve guapo profesor
Comment by Amazilia — 2007 05 @ 1:29 am
El post nº 8 es alentador. Somos seres complejos y a la vez sencillos, un comentario sencillo como ese puede llenar de cariño y aminorar un poco el vacío que sienten personas sensibles como tú.
El otro día me hicieron un comentario parecido los alumnos de la Cayetano, y pienso que “algo bueno tiene que quedar” de eso.
Muchos saludos
Comment by Eva — 2007 05 @ 11:41 pm
Ahora que leo esto recuerdo que nunca llegué a tomarte fotos para que puedes actualizar tus archivos de recolección de imagen. Solo me queda añadir que no soy de las que pide a los retratados que sonrian, mis tacticas mas bien buscan aminorar lo incomodo que puede resultar estar delante de la camara.
Espero que estes bien, y muchos saludos a Pati también.
Comment by claudia caceres — 2007 06 @ 6:20 am
Chalo, no es por ofencer, pero tienes pinta de pastrulo… chevere.
Comment by Georges — 2007 07 @ 3:40 am
La Fotografía
Este señor insistente, conciente de su poder,
me dice: relájese, mire a través de la ventana,
coja el libro, finja que lo lee, perfecto.
Más tarde, en su laboratorio, después de que la luz
imprima el papel fotográfico
empezaré a asomar tenuemente, lentamente
en la bandeja del ácido revelador.
Este señor me llamará con los sortilegios de su oficio
y yo apareceré
como él espera que aparezcan todos los poetas:
maricas mirando en lontananza
o angelotes ensimismados en las bellas letras.
¿Y si en la soledad del laboratorio, de pronto,
sonara la voz de otro poder, más terrible,
y me ordenara
que no me detenga en mis facciones, que siga
revelándome
sin detenerme
hasta mostrar las simas de mi carne, mis células,
mi entramado más íntimo?
¿Sólo el pálpito inicial de donde vine
quedará temblando sobre el papel negro?
José Watanabe
Comment by Teresa Cabrera — 2007 07 @ 4:24 pm
Los jóvenes que vas conociendo, te ven es cierto como académico, pero también como una persona cercana a ellos, que los comprendes… de trato exigente, dulce y alegre… no creo que cambies tanto… o te gusta proyectar una imagen de insondable o creído… nooo, verdad.
O sino recuerda, cuando sales de tu pucp a visitar otros lugares… seguro que generas en ellos esperanza y expectativas espontáneas.
Comparto las afirmaciones de Fanny, pues sólo muéstrate como eres, una persona con fe en lo que haces, alegre, que se ríe de algunos sucesos, y hasta de sí mismo como travieso… pues todos tenemos ese “niño juguetón” dentro.
Esto según el Análisis Transaccional, P.A.N., Padre,Adolescente,Niño.
Comment by Aseret — 2008 12 @ 4:04 am