El perro está a mis espaldas. No lo he visto pero creo que es un pastor alemán. Sé que es feroz. Sé, además, que me ha atacado muchas veces. Pero no guardo recuerdo de esos ataques. Solo sé que está quieto, esperando. En cualquier momento puede lanzarse contra mí. A veces escucho sus gruñidos. Pero no lo conozco y su conducta me resulta impredecible. Creo saber que hay cosas que no le gustan. Calculo, por ejemplo, que prefiere que esté quieto. Pienso que le da cólera que me mueva mucho. Entonces trato de estar inmóvil, como muerto.
Me gustaría poder obedecerle y así vivir sin miedo. Pero para poder obedecerle necesitaría saber lo que realmente quiere. Y todo lo que tengo son suposiciones, casi totalmente arbitrarias. Digo “casi” porque me dejo guiar por mi miedo. A veces siento miedo y pienso que ese miedo corresponde a que el perro está al borde de atacarme por algo malo que he hecho. Pero sucede que no sé lo malo que puedo haber hecho. Solo siento miedo.
A veces, no tengo miedo sino furia. Entonces, no me importa que me ataque y hago lo que quiero. En esos momentos, le digo: perro, perrito de mierda, si quieres mátame de una vez. La verdad no me importa morir. Voy a correr, te dejaré atrás. Haz lo que quieras. Pero buscaré mi vida lejos, muy lejos de ti.
Pero, después de correr, cuando estoy cansado y quieto, siento sus gruñidos. Y, entonces, vuelve ese miedo. Algo horrible sucederá y mejor quedarse como muerto.
Otras veces me despierto sin fuerzas, herido. Entonces sé que el perro me ha masacrado. Estoy molido a golpes y me propongo hacer todo lo que puedo por complacerlo. Pero en realidad no se que hacer.
A veces, me digo, quizá una oración sirva, entonces le rezo:
Divino perro, dios oscuro, dueño de mis días,
acércate a mi, deja que te conozca. Habla claro.
No voy a correr, tampoco cerraré mis ojos.
Te espero, can poderoso.
Dígnate aparecer ante mí.
Te aceptaré como eterna compañía.
No me importa si te gusta alimentarte de mis entrañas.

Muy bueno Gonzalo. Alguna vez escribi algo similar sobre una pared. Saludos.
Comment by Roberto Prieto — 2007 03 @ 5:44 pm
Muy bueno Gonzalo. Alguna vez escribi algo similar sobre una pared. Saludos.
Comment by Roberto Prieto — 2007 03 @ 5:45 pm
Lo mejor es no hacerle caso al perro y seguir tu camino. El perro solo esta en tu imaginacion, en realidad no existe.
Comment by Maria Ines — 2007 03 @ 11:14 pm
No le hagas caso al perro, solo esta en tu imaginacion. En realidad, no existe.
Comment by Maria Ines — 2007 03 @ 12:24 am
Maria Inés: si, se que el perro no existe pero igual todo el tiempo me olvido. Gracias
Comment by gonzaloportocarrero — 2007 03 @ 2:06 am
Tío toma una diazepán cada noche. mejor medicina nay pa dormir tranqui. una dosis cada noche for cero delirio.
Comment by Jonás — 2007 03 @ 5:05 pm
gonzalo, gonzalito de mierda
Comment by Villavivencio — 2007 03 @ 5:07 pm
la verdad es que el perro si existe, solo que no es un pastor, es un pitbull
Comment by zambocholo — 2007 04 @ 12:38 am
hermanito, cada que pones tu creación literaria, mejor leo tus articulos…
dedícate a eso y no quieras ser hombre orquesta..
Comment by r. — 2007 06 @ 12:50 pm