Notas sobre la democratización de la autoría
En un cuento, Fin del mundo fin, Julio Cortázar imagina un mundo con cada vez más autores. El movimiento es incontenible. Los lectores se ponen “también de escribas”. Entonces los libros lo invaden todo y se sabe que hacer con ellos. “Primero las bibliotecas desbordarán de las casas, entonces las municipalidades deciden (ya estamos en la cosa) sacrificar los terrenos de juegos infantiles para ampliar las bibliotecas. Después ceden los teatros, las maternidades, los mataderos, las cantinas, los hospitales. Los pobres aprovechan los libros como ladrillos, los pegan con cemento y hacen paredes de libros y viven en cabañas de libros. Entonces pasa que los libros rebasan las ciudades y entran en los campos, van aplastando los trigales y los campos de girasol, apenas si la dirección de vialidad consigue que las rutas queden despejadas entre dos altísimas paredes de libros. A veces una pared cede y hay espantosas catástrofes automovilísticas. Los escribas trabajan sin tregua porque la humanidad respeta las vocaciones”. Se los tira al océano pero la producción es tan incontenible que el mar se convierte en una suerte de engrudo. Se crean islas donde se refugian los poderosos mientras que en la tierra la proliferación de escribas hace vez más precaria la vida.
En el mundo de Cortázar el ejercicio de la autoría se divorcia de la lectoría y se convierte en una obsesión insensata que va destruyendo el mundo. Todos los escribas están tan dominados por la impronta productivista que no les importa no tener lectores. Interesa únicamente escribir. La anécdota puede ser interpretada de diversas maneras. Puede que mi interpretación sea injusta pero la arriesgo. En el texto hay un temor a la proliferación de la autoría. En el mundo debería haber pocos autores y muchos lectores. Si la escritura se convierte en un “vicio” de masas entonces terminará precipitando un cataclismo. Solo los poderosos que no creen en nada podrán salvarse. Para ellos la fiesta continua, como siempre. Es como si Cortázar contrastara a sus lectores (o, al menos, a la mayoría de ellos) con la imposibilidad de ser escritores. Si están tan fascinados por escribir podrán ser “escribas”. Pero eso sería un desastre.
En la parábola de Cortázar una concepción aristocrática de la cultura pretende encontrar apoyo en una actitud supuestamente realista. Solo los pocos pueden ser autores. De otra manera proliferarían los “escribas”, una raza estéril y maldita, porque disminuyen los lectores y, de otro lado, la sobre abundancia de textos mediocres, que nadie lee, terminará asfixiando al mundo.
Si partimos del principio de que en todo lector hay un anhelo de autor, entonces tendríamos que decir que el cuento de Cortázar es un tanto cruel con sus lectores. Como si a cada uno le dijera: ni sueñes con desarrollar tu anhelo porque serías un inútil escriba. Pero Cortázar no contaba con el desarrollo tecnológico. Ahora, gracias a la Internet y la blogósfera, puede ser autor quien quiera. El mundo puede contener, además, un número ilimitado de textos. Quizá, entonces, el cuento de Cortázar sea una pesadilla aristocrática sin fundamento.
II
La aspiración a ser autor responde a una cierta necesidad expresiva. En vez de jugar, bailar, o ver TV, escribo. Escribiendo me hago cargo de mí mismo. Me soporto. De pronto, dentro de mí, se dinamiza un diálogo entre las múltiples voces que me constituyen. En mi pensamiento se van estableciendo muchas conexiones. Eso no me da miedo. Me gusta salir de esos lugares comunes que impiden (¿o me protegen de?) la interrogación. Pero, desde luego, hay algo más. La escritura está dirigida a un interlocutor. Ese con quien diálogo puede ser yo mismo o pueden ser muchísimas personas.
La escritura es un ejercicio creativo. Destinado, por ejemplo, al esclarecimiento personal. Ahora bien este fin puede estar enlazado con otros como, típicamente, la necesidad de reconocimiento. Creo que puede decirse que la figura del autor surge de la (difícil) articulación entre la pretensión de expresarse y la necesidad de reconocimiento. En todo caso, el autor, para realmente serlo, debe construirse en un lugar de enunciación distintivo. Es decir, una perspectiva, un estilo. El público ratifica al autor. Y, de otro lado, el autor se nutre de la aprobación (real o imaginada) de su audiencia.
En realidad, toda criatura humana necesita ser reconocida en su singularidad. Digamos, querida. Pero en el caso del autor estas confirmaciones afectivas no provienen de su entorno inmediato y presente. Vienen de su audiencia. Estas confirmaciones son muchas pero lejanas. No entrañan intimidad. La autoría satisface la necesidad de reconocimiento de una manera distinta. Muchos pueden admirar al autor pero no necesariamente lo aman. Nadie es solamente un autor. Serlo es sólo una faceta de la vida. Aunque hay personas que son casi totalmente y únicamente autores. Creo que debemos compadecerlos. Como dice Yankelevitch, toda virtud que elimina a las demás se convierte en un vicio.
III
Ahora los blogs han hecho posible una explosión de la autoría. Es muy fácil publicar en el ciberespacio. La democratización de la autoría significa que se busca de los muchos esa aprobación que antes se obtenía de los pocos y cercanos. En todo caso la insistencia en la escritura permite ir logrando una perspectiva propia sobre las cosas. Además la “blogoescritura” es más libre y sincera que otras escrituras. La retórica es innecesaria. Las referencias bibliográficas se reducen pues no hay porque ostentar.
En todo caso hay una cosa que es clara: la explosión de la autoría significa un nuevo balance entre lectura y escritura. Ahora se escribe mucho más. El incentivo para hacerlo es ese público virtual que eventualmente puede leerme. La situación es compleja. Pero lo esencial es que muchos escriben más y, quizá, leen un poco menos.
La multiplicación del número de autores y la disminución de la lectoría significa que el autor tiene que mendigar la atención de sus lectores. La oferta de textos crece mucho más rápido que la demanda lo que implica que el texto promedio es leído por menos personas. Los autores sienten que ser leídos es recibir un favor, una atención casi inmerecida. Muchos libros se venden subsidiados y con frecuencia es el propio autor quien cubre los gastos.
Por supuesto que el panorama es muy variado. Para empezar todo autor es un lector pero no todo lector es un autor. Lo nuevo es, como decía, la ampliación de la autoría. Se crea entonces una situación compleja. a) El aspirante a autor es leído por sus “camaradas de armas”. A falta de mayor reconocimiento puede dejar de escribir, eoncontrar otras maneras más interesantes de emplear su tiempo. O puede convertir su escritura en meramente personal, en un espacio de esclarecimiento sin pretensión de estilo. b) El autor logra un cierto reconocimiento. Pero la “voracidad por el reconocimiento” no lo deja en paz. Se trata de la peor enfermedad que puede tener un autor. En efecto, la voracidad lleva a forzar el reconocimiento, a que el autor se postule y configure como “admirable”. Entonces, suele ocurrir que dentro de sí se instituya una suerte de pacto interno: mi ánimo depende de mi éxito. Si no lo tengo me siento mal y me esfuerzo más. Si lo tengo puedo sentirme complacido, al menos por un rato.
En el extremo tenemos la figura romántica (o patética) del autor que, abrazando sus libros, salta del piso 20 de un edificio, convirtiendo su muerte como una protesta contra la sociedad que le negó el reconocimiento por el que entregaba su vida a raudales. Si el autor está preso de la voracidad de reconocimiento ocurre que el otro, el lector, cuenta solo como parte de un “rebaño”. Ningún éxito será suficiente. Siempre se anhelará más.
IV
La democratización de la autoría, posibilitada en gran medida por los blogs, tiene vastísimas consecuencias. Como diría Nelson Manrique es la revancha de la necesidad expresiva contra las restricciones del mercado. En efecto, durante mucho tiempo la rentabilidad avasalló el ejercicio creativo. Crear cultura era problemático, solo una minoría podía hacerlo. Ahora la circulación de textos, imágenes y videos es más libre y la lectoría más fragmentada. El resultado es que se crean comunidades de interés pues los autores “linkean” a sus blogs con otros afines. Se generan así comunidades autoreferidas. Quisiera dar un ejemplo. Profesores anglosajones de estudios culturales. Si Ud. pone el google la palabra posthegemony podrá llegar al blog de Jon Beasley Murray. Y desde allí Ud. podrá ir navegando por los enlaces. Encontrara una comunidad virtual amplia. Unos que se leen a los otros.
Y como quiero terminar, la conclusión. Bueno, la gente como yo que tiene un blog no es Cortázar pero tampoco me considero un “escriba”. Un blog es un como un huertito en el ciberespacio. Lo cultivo con cariño y me gusta que lo vean, y más, todavía, que me dejen un comentario. Con el tiempo me he convertido en un lector de blogs y puedo identificar comunidades de blogistas. Creo que el blog es un espacio central para el desarrollo de la creatividad. Puedes ser libre y sincero.

“la gente como yo que tiene un blog”. Puedes esclarecer esa frase por favor. Qué significa la gente como yo, la gente como uno? Y a quièn quieres engañar con eso de que cultivas como un huerto tu blog. Acaso pretendes que creamos que no te interesas por tus lectores?
Comment by babalú — 2006 12 @ 3:50 pm
Gonzalo:
hola, excelente tu post, y tu blog en general. Yo me animé a “tener mi huertito” en parte motivado por la lectura del tuyo.
Aprovecho para decirte que, mucho más allá de si estamos o no de acuerdo en las cosas que escribimos o los enfoques que tenemos, siempre recordaré al profesor que se tomó un tiempo para darme consejos cuando dudaba sobre si seguir o no en la carrera de sociología, con calidez y paciencia. No sé si te acuerdes de eso.
Como ves, estoy con espíritu navideño. Un fuerte abrazo,
Martín
Comment by Martín Tanaka — 2006 12 @ 4:31 pm
Es cierto, Gonzálo. La internet se ha convertido en un espacio democrático para la lectura y también para la escritura. Un espacio gratuito y efectivo para leer y ser leídos. Me encanta poder visitar algunos blogs porque desde hace mucho se han convertido en una suerte de vía alternativa para hacerlo: nadie te cobra por publicar lo que eliges “escribir” un día y no le cobras a nadie por compartir lo que escribes, sea una persona de tu propio país o del otro lado del continente. Esa gratuidad es algo que me parece genial, fantástico, algo que sobrepasa la propia imaginación de Cortázar.
Creo que hay mucha riqueza humana en todo eso, una experiencia vital compartida tan gratuitamente por cada blogger que me hace sentirme maravillada, agradecida. Me hace pensar en la existencia de algo que he empezado a llamar “La Universidad de la vida on line”
Un lindo post.
Ando encerrada y silenciosa, pero hoy decidí ponerme al día con la lectura de mis blogs preferidos. Vi que cumpliste años y que además fue tu día. Sociólogos del mundo, Felicidades!!
Quiero dejarte un fuerte abrazo y mis mejores deseos para estas fiestas. Que tengas una estupenda cena familiar y muchos años de vida más.
Bendiciones para ti y tu familia.
Vanessa
P.d Me alegra que tengas este blog y que compartas tus pensamientos con los que te leemos. Saludos navideños. V
Comment by Vanessa — 2006 12 @ 10:58 pm
Nos ha resultado bastante curioso descubrir el recelo que existe con respecto a un blog. Al parecer, un texto impreso en papel adquiere, mágicamente, el peso que la pantalla electrónica no te da.
Más curioso aún resulta el escepticismo con el hecho de que, repentinamente, todos parezcan autores. La facilidad de la “publicación” hace que, de pronto, ésta se vuelva banal. Lógico, ¿acaso todos tenemos algo que decir?
En nuestro caso, sentimos que sí… pero las buenas intenciones, evidentemente, no bastan. Debe haber alguna exigencia (intelectual, emotiva, periodística, la que sea) que haga que cada nuevo post tenga sentido. Y esa exigencia se la debe poner uno mismo.
Honestidad, sería la palabra.
Sentido del humor, el subtítulo.
Saludos navideños.
Comment by La cinefilia no es patriota — 2006 12 @ 11:30 pm
Nos ha resultado bastante curioso descubrir el recelo que existe con respecto a un blog. Al parecer, un texto impreso en papel adquiere, mágicamente, el peso que la pantalla electrónica no te da.
Más curioso aún resulta el escepticismo con el hecho de que, repentinamente, todos parezcan autores. La facilidad de la “publicación” hace que, de pronto, ésta se vuelva banal. Lógico, ¿acaso todos tenemos algo que decir?
En nuestro caso, sentimos que sí… pero las buenas intenciones, evidentemente, no bastan. Debe haber alguna exigencia (intelectual, emotiva, periodística, la que sea) que haga que cada nuevo post tenga sentido. Y esa exigencia se la debe poner uno mismo.
Honestidad, sería la palabra.
Sentido del humor, el subtítulo.
Saludos navideños.
Comment by La cinefilia no es patriota — 2006 12 @ 11:31 pm
Nos ha resultado bastante curioso descubrir el recelo que existe con respecto a un blog. Al parecer, un texto impreso en papel adquiere, mágicamente, el peso que la pantalla electrónica no te da.
Más curioso aún resulta el escepticismo con el hecho de que, repentinamente, todos parezcan autores. La facilidad de la “publicación” hace que, de pronto, ésta se vuelva banal. Lógico, ¿acaso todos tenemos algo que decir?
En nuestro caso, sentimos que sí… pero las buenas intenciones, evidentemente, no bastan. Debe haber alguna exigencia (intelectual, emotiva, periodística, la que sea) que haga que cada nuevo post tenga sentido. Y esa exigencia se la debe poner uno mismo.
Honestidad, sería la palabra.
Sentido del humor, el subtítulo.
Saludos navideños.
Comment by La cinefilia no es patriota — 2006 12 @ 11:31 pm
El creador es el creador.
Un abrazo de este escritor peruano desde España.
http://leozeladabrauliograjeda.blogspot.com/
Comment by leo zelada — 2006 12 @ 2:08 am
El creador es el creador.
Un saludo de un escritor peruano en España.
http://leozeladabrauliograjeda.blogspot.com/
Comment by leo zelada — 2006 12 @ 2:10 am
Este huerto está bien cultivado y tiene frutos buenos y sabrosos
Saludos Maestro!
Comment by Arturo Gómez — 2006 12 @ 1:40 pm