Siento que está llegando algo tan horroroso que la misma anticipación es de por sí insoportable. Me siento muy mal y se anuncia una situación mucho peor. Entonces el miedo se convertirá en pánico. Sufriré un ataque convulsivo. Todo mi ser se agitará. Ya no podré aguantar. Es inminente que mi cerebro explote y se convierta en papilla. Mis huesos se arquerán hasta hacerse pedazos. Pero tengo que evitarlo. Debo estar inmóvil, contraído. Si extiendo mi mano para coger el vaso, mi brazo sufrirá tremendos espasmos y se iniciará el ataque. Entonces el líquido volará por los aires y mi cuerpo se retorcerá. Estoy en el umbral del pánico. Tengo que serenarme, me digo. Pero no puedo. Me gustaría estar solo, en mi cama. Quizá allí estuviera a salvo. Y no aquí, en medio de tanta gente. El ataque está dentro de mí. Pugna por salir. Pero no puedo abandonarme. Lucho por mantener el control. Ya pasa, ya pasa; me digo y lo repito una y otra vez. Pero la verdad es que no está pasando.
Manejo con miedo. Trato de vigilar todo lo que sucede alrededor pero siento que algo se me puede estar escapando. Un camión enorme me arrollará. Toda la concentración de la que soy capaz es insuficiente. En realidad no controlo nada. Puede pasar cualquier cosa. Aprieto el timón. Siento que me estoy distrayendo. Mi cerebro puede estallar, mi cráneo se romperá en mil pedazos.
Si continuo mirando a la persona con quien converso me vendrá el ataque. En realidad ya está aquí, en la parte de arriba de mi cabeza, debajo del pelo y del cráneo, en la boca de mi estómago. Mi corazón está por detenerse, ya está retorciéndose. Respiro con mucha dificultad. No puedo contenerme…
*******
En un tiempo pensaba que el ataque era una manera costosa pero efectiva en que mi cuerpo cansado expulsaría los demonios que lo atormentan. La liberación me dejaría con alguna secuela. No sabía si paralítico o infartado. Esas eran mis previsiones y apuestas. El costo sería alto pero después del ataque podría disfrutar de esa calma serena, tan deseable. El paroxismo de la tensión precipitaría el ataque.
Pero ahora que el ataque no ha venido y su amenaza se ha desvanecido me doy cuenta que el verdadero ataque es mortífero y real, contundente. Viene sin avisar y si me alcanza nada quedaría de mí. Tengo que evitar el ataque. No exponerme a las situaciones en la que se hace inminente. Para empezar no debo concentrarme demasiado. Mi mente no debe de fijarse en nada en especial. Me he dado cuenta que me deslizo de la concentración a la fijación y de esta a la rigidez, sin darme cuenta.
Sabe dios si el ataque es un castigo o una redención. No me entiendo. Habrá que tener paciencia. Es la primera vez que la locura me persigue con tanta fuerza. Y yo que pensaba que la locura era liberarse de la tiranía de la razón. La locura es horrible. El pánico me puede matar.
Los estados de ánimo vienen y se van. Cuando vienen su imperio es inapelable. Y cuando se van ya no entiendo su fuerza. La alternancia me parece misteriosa. No obstante, se cuando el cambio se está incubando dentro de mi. Todo comienza a tener una dirección inesperada. O, a veces, no puedo salir de un círculo en que no ceso de dar vueltas.

Eso se llama “ataques de ansiedad”. Se cura mandando al diablo a todo y todos por un par de semanas (salir de Lima solo, completamente solo, es una opción). Después de eso todo vuelve a la normalidad. No te preocupes, mientras no escuches voces comandatorias o dialogantes todo está bien, la mente está bien. Lo que están mal son los nervios.
Comment by Elizabeth — 2006 08 @ 5:43 pm
Eso se llama “ataques de ansiedad”. Se curan mandando a todo y todos al diablo por un par de semanas (salir de Lima, solo, completamente solo, es una opción). Después de eso todo vuelve a la normalidad. No te preocupes, mientras no escuches voces comandatorias o dialogantes todo está Ok, la mente está bien. Lo que están mal son los nervios.
Comment by Elizabeth — 2006 08 @ 5:46 pm
Esos ataques de pánico son el síntoma de nuestros tiempos, producto de la sensación de haber perdido los lazos de afecto y solidaridad más profundos, que nos generan la impresión de no tener ya más el control sobre el futuro. Todo ello provoca una gran ansiedad e inseguridad, propias de la sociedad narcisista en que vivimos, en la que predominan las imágenes,los reflejos engañosos, la grandiosidad ilusoria, los cuerpos perfectos, la capacidad para ser “frío” frente a los sentimientos (propios y ajenos).
Antes contábamos con la seguridad que nos daban los sentimientos, las certezas de que juntos lograríamos cada vez un mundo mejor, la confianza que teníamos en nosotros mismos y en nuestros pares. ¿Recuerdas que antes sentíamos que el futuro era nuestro? Eramos más histéricos,por cierto, mucho menos narcisistas. Predominaban los sentimientos y sabíamos que quien teníamos al lado también tenía tristezas, alegrías, penas, miedos… y nos acompañábamos porque reconocíamos nuestros sentimientos y los ajenos. Diríamos que había mucho más empatía, más cercanía y solidaridad.
Hoy predomina el individualismo. Lo que se busca es distanciarse de los sentimientos,ser fríos frente a ellos. Hay que ser “cool”. Como si eso nos evitara sufrir…
Sufrimos de todas maneras (aunque confundamos nuestros deseos) y las personas sensibles sienten este abismo entre los sentimientos y la imagen poderosa, el tremendo vacío que se genera a partir de ello; vacío que nos da pánico, que nos desgarra por dentro, que nos aterra.
Gonzalo querido, cuando sientas que te va a dar uno de estos malditos ataques de pánico, piensa en que no te va a durar mucho tiempo, será unos minutos… toma un ansiolítico, que ayudará a que pase más rápido, piensa que no estás solo, que somos muchos que tenemos sensaciones similares porque nos conectamos con nuestros sentimientos y seguimos queriendo construir un mejor futuro. Este es el precio a pagar por no abandonarnos a los preceptos del narcisismo social.
Cecilia del Cairo
Comment by Cecilia del Cairo — 2006 08 @ 2:50 am
Esos ataques de pánico son el síntoma de nuestros tiempos, producto de la sensación de haber perdido los lazos de afecto y solidaridad más profundos, que nos generan la impresión de no tener ya más el control sobre el futuro. Todo ello provoca una gran ansiedad e inseguridad, propias de la sociedad narcisista en que vivimos, en la que predominan las imágenes,los reflejos engañosos, la grandiosidad ilusoria, los cuerpos perfectos, la capacidad para ser “frío” frente a los sentimientos (propios y ajenos).
Antes contábamos con la seguridad que nos daban los sentimientos, las certezas de que juntos lograríamos cada vez un mundo mejor, la confianza que teníamos en nosotros mismos y en nuestros pares. ¿Recuerdas que antes sentíamos que el futuro era nuestro? Eramos más histéricos,por cierto, mucho menos narcisistas. Predominaban los sentimientos y sabíamos que quien teníamos al lado también tenía tristezas, alegrías, penas, miedos… y nos acompañábamos porque reconocíamos nuestros sentimientos y los ajenos. Diríamos que había mucho más empatía, más cercanía y solidaridad.
Hoy predomina el individualismo. Lo que se busca es distanciarse de los sentimientos,ser fríos frente a ellos. Hay que ser “cool”. Como si eso nos evitara sufrir…
Sufrimos de todas maneras (aunque confundamos nuestros deseos) y las personas sensibles sienten este abismo entre los sentimientos y la imagen poderosa, el tremendo vacío que se genera a partir de ello; vacío que nos da pánico, que nos desgarra por dentro, que nos aterra.
Gonzalo querido, cuando sientas que te va a dar uno de estos malditos ataques de pánico, piensa en que no te va a durar mucho tiempo, será unos minutos… toma un ansiolítico, que ayudará a que pase más rápido, piensa que no estás solo, que somos muchos que tenemos sensaciones similares porque nos conectamos con nuestros sentimientos y seguimos queriendo construir un mejor futuro. Este es el precio a pagar por no abandonarnos a los preceptos del narcisismo social.
Cecilia del Cairo
Comment by Cecilia del Cairo — 2006 08 @ 2:54 am