Con la pretensión de García, y su equipo, de ser una autoridad fuerte y austera se acabaría el circo en la sociedad peruana. Se caerían los privilegios. Eso sería lo correcto. Eso estaría bien pero igual fuera todo más aburrido. La política ya no nos divertiría tanto.

Pero ¿puede ser el Apra la fuerza honesta y cumplidora que se pretende? ¿No descalifica a García su pasado corrupto, veleidoso e ineficaz? Quien sabe…

En todo caso a Humala se le ve poco, y cuando aparece, sale pataletudo, encaprichado… tan sin rumbo que da pena y también un poco de preocupación. Por lo pronto, entre los suyos, el momento es de desbande. Y quien sabe si Humala dara la talla que le permita reagrupar la oposicion social y convertirla también en presencia politica.

Puede creer en García el pueblo pobre? Hay acaso algo mejor? Podrán sostenerse los buenos propósitos? Resistirá el gobierno los embates de la corrupción? No será todo pura demagogia?

Y la derecha es una porquería. Se salva Lourdes por su “hombría de mujer”. Y la izquierda está en dispersión. Más que de izquierda habría que hablar de esa gente que quiere ser lúcida y pretende una buena voluntad.