Nunca supo que había estado crucificado hasta que se cayó de la cruz. Incrédulo, no reaccionó de inmediato, no asimilaba lo ocurrido. Solo tiempo después se dió cuenta que la caída se había anunciado pero que igual lo había tomado desprevenido. Y es que, clavado en la cruz, vivía absorto en la bondad de su entrega, aunque también en el dolor de su cuerpo. A veces estaba contento. (more…)
Otras especulaciones señalan que, pese a estar sumergido en la repetición, el burro sentía que su situación era horrorosa y que empujar la noria era una carga prácticamente insoportable. De hecho, se quejaba todo el tiempo. Su mal humor era permanente. Daba la impresión de odiar al mundo. Pero, ¡oh milagro!, a veces, sonreía, como si se olvidara de su trajín y, abstraído, se sintiera contento. Entonces, aunque no tuviera permiso, parecía estar en paz.
Cuando no empujaba la noria, en sus escasos tiempos libres, socializaba con otros burros. El grupo de amigos gustaba conversar sobre lo humano y lo divino. Pero también bromeaban. Se tomaban el pelo. Con frecuencia se reían de él y sus quejas. Era fama que no había que tomarlo muy en serio. No debería ser tan infeliz como presumía. A lo mejor, le gustaba quejarse, a la manera como se demanda amor. Entonces, lo lógico sería que cuanto más desgarradas fueran sus protestas, más contento tendría que estar. Es problemático pronunciarse sobre la veracidad de estas opiniones. Siempre cabe la posibilidad de que fueran un escudo, una manera en que sus compañeros rechazaran incriminarse en sus quejas y maldiciones. (more…)
Desde muy pequeñito el burro aprendió que tenía que mover la noria. Y tenía que hacerlo sin parar. Si se detenía le llovían palos. Tenía entonces miedo y dolor. Sin darse cuenta se acostumbró a esa vida. Sus dueños calculaban que podía trabajar hasta unas 16 horas al día sin mayor detrimento de su salud. Le habían programado una vida útil de unos 10 años. Entonces, cuando su rendimiento decreciera sería vendido al matadero para que sus restos fueran convertidos en comida para mascotas. En realidad querían maximizar sus recursos. Pero el burro no sabía nada de esto y estaba contento. La comida era adecuada y terminaba tan cansado que en el tiempo que le quedaba no hacía más que dormir. Como no tenía nada que desear, no soñaba. Tampoco pensaba pues estaba íntegramente concentrado en su tarea. Y así pasaban los años dando vueltas y vueltas para mover la noria. (more…)
Siento que está llegando algo tan horroroso que la misma anticipación es de por sí insoportable. Me siento muy mal y se anuncia una situación mucho peor. Entonces el miedo se convertirá en pánico. Sufriré un ataque convulsivo. Todo mi ser se agitará. Ya no podré aguantar. Es inminente que mi cerebro explote y se convierta en papilla. Mis huesos se arquerán hasta hacerse pedazos. Pero tengo que evitarlo. Debo estar inmóvil, contraído. Si extiendo mi mano para coger el vaso, mi brazo sufrirá tremendos espasmos y se iniciará el ataque. Entonces el líquido volará por los aires y mi cuerpo se retorcerá. Estoy en el umbral del pánico. (more…)
Con la pretensión de García, y su equipo, de ser una autoridad fuerte y austera se acabaría el circo en la sociedad peruana. Se caerían los privilegios. Eso sería lo correcto. Eso estaría bien pero igual fuera todo más aburrido. La política ya no nos divertiría tanto.
Pero ¿puede ser el Apra la fuerza honesta y cumplidora que se pretende? ¿No descalifica a García su pasado corrupto, veleidoso e ineficaz? Quien sabe…
En todo caso a Humala se le ve poco, y cuando aparece, sale pataletudo, encaprichado… tan sin rumbo que da pena y también un poco de preocupación. Por lo pronto, entre los suyos, el momento es de desbande. Y quien sabe si Humala dara la talla que le permita reagrupar la oposicion social y convertirla también en presencia politica.
Puede creer en García el pueblo pobre? Hay acaso algo mejor? Podrán sostenerse los buenos propósitos? Resistirá el gobierno los embates de la corrupción? No será todo pura demagogia?
Y la derecha es una porquería. Se salva Lourdes por su “hombría de mujer”. Y la izquierda está en dispersión. Más que de izquierda habría que hablar de esa gente que quiere ser lúcida y pretende una buena voluntad.
comentarios al libro de Patricia Martínez
Quisiera empezar agradeciendo la invitación de Patricia a comentar su libro, una publicación que me parece excepcional en varios sentidos. Primero, por la diversidad y riqueza de las fuentes consultadas. Segundo, por su capacidad argumentativa. Tercero, por la belleza de su escritura, que tiende a ser muy regular y precisa, pero que logra momentos líricos cuando trata de condensar una argumentación laboriosamente entretejida. En realidad, considero este libro como un regalo y, también, como un juguete. La expresión puede sonar irreverente, pero me refiero a que el libro nos invita a dialogar con él; es decir, a que desarmemos y rearmemos sus hipótesis con la argumentación y los datos que él mismo nos proporciona. En realidad, creo que (more…)
