Crítica Literaria2006 07 4:38 pm

DON JUAN CRIOLLO Y LA MASCULINIDAD HEGEMÓNICA

I

La Parodia de Don Juan Tenorio de Leonidas Yeroví es una obra de teatro escrita en 1909 pero recién publicada en el 2006. Si al menos dos copias manuscritas lograron sobrevivir tan largo intervalo fue, en un caso, por la devoción familiar, y, en el otro, por el entusiasmo de los amigos del autor. Y si no se publicó, y menos aún representó, fue por su impronta desafiante y escandalosa que evade (casi) todo límite moral. Tan transgresiva que su autor prefirió no estampar su firma en el manuscrito. Se trata pues de una obra bastarda, desconocida por un creador probablemente temeroso de haber llegado demasiado lejos. Según la memoria oral de la familia Yerovi Viale esta obra fue elaborada mientras su autor estaba en prisión como una suerte de conjuro o divertimento para aliviar el tedio carcelario .

La parodia se suele definir como “un trabajo satírico que imita a una obra de arte con el fin de ridiculizarla”. Pero esta definición es estrecha si tomamos en cuenta los aportes de Bajtín, para quien la parodia se enraíza en la vida, en esas actitudes subterráneas que solo emergen, legítimamente, en las fiestas de carnaval. En esos períodos cuando la ley queda en suspenso de manera que los goces corporales (la comida, el sexo y la bebida) son vividos sin límites ni vergüenza. Antes que un género discursivo, la parodia es una actitud frente a la existencia; un talante que rechaza el ascetismo, la mortificación del cuerpo a instancias de los mandatos sacrificiales, y que reivindica lo disparatado y lo grotesco como elementos que dilatan la potencia de la vida. Entonces, resulta que como género discursivo, la parodia surge de un espíritu libertario que invade la palabra y la enunciación ajenas para (re)conducirlas hacia el develamiento de una iluminación que en el texto original está escondida o mediatizada. Se trata de socavar la solemnidad y las altas pretensiones de lo serio, mostrando el goce corporal en su inmediatez integradora e irresistible. (more…)

Uncategorized2006 07 4:46 pm

La economía política del sexo a través de los anuncios de “relax”

Gonzalo Portocarrero
Claudia Cáceres

Para Marx la generalización de la forma mercancía remite al desarrollo de la división social del trabajo que hace que todos seamos cada vez más dependientes del mercado para satisfacer nuestras necesidades. En el mercado las criaturas humanas nos relacionamos como propietarias de mercancías que compramos y vendemos a ciertos precios. Con el capitalismo cada vez más bienes y servicios se convierten en mercancías. Entonces así como se compran y venden casas, o se alquilan autos, de la misma manera los servicios sexuales son ofrecidos y demandados en el mercado.

No obstante el servicio sexual es una mercancía sui-generis. Se trata de un producto que implica una intimidad entre cuerpos en función del placer de quien lo compra. Es decir, el producto es el uso del cuerpo de quien vende el servicio. Y este servicio implica un ajuste de expectativas, un contrato, que norma el tiempo de su duración y las actividades a desarrollarse. Idealmente la sexualidad no debería ser una mercancía sino que tendría que inscribirse en un vínculo amoroso; o, por lo menos, en una relación consensual en la que ambas partes obtienen placer. El comercio de servicios sexuales es, entonces (more…)