A propósito del Relato de un desconocido de Antón Chéjov
Stepan es un hombre joven que sufre de una tisis que pende sobre él como una condena a muerte. No obstante quiere ser útil, responder al llamado de ideales que den sentido a su vida. Por lo pronto su misión es infiltrarse como lacayo en la vivienda de Orlov, un funcionario del régimen zarista, hijo de un famoso político sobre quien el grupo al que pertenece Stepan quiere obtener información.
Orlov es un hombre inteligente y cultivado. Sus lecturas son incesantes y muy variadas. Sin embargo, Orlov no tiene ideales ni entusiasmos. Todo compromiso le parece fútil. “Antes de leer o de oír cualquier cosa, ya tenía preparada la ironía, como los salvajes el escudo. Era una socarronería añeja, que afloraba a su rostro sin participación alguna de la voluntad, como por reflejo”(p.249). La vida de Orlov se desenvuelve entre un trabajo que no le interesa y el vínculo con unos pocos amigos que piensan como él. Juegan cartas y se validan mutuamente en su actitud despreocupada. Nada vale la pena. El goce de lo inmediato, sin compromisos, es lo único valioso.
Orlov completa su vida gracias a su relación con Zinaída, joven y bella esposa de otro funcionario. Zinaída está abandonada pues su marido ha hecho del trabajo su único centro de interés. Zinaída anhela vivir un amor intenso y desespera de lo limitado de sus encuentros con Orlov. Entonces, en algún momento, decide abandonar a su esposo e irse con Orlov. Su resolución se afianza cuando su marido le dice, como último argumento para impedir el abandono: “tenga compasión de mí. Su salida de esta casa puede perjudicarme en el servicio”.
Zinaída se instala en el departamento de Orlov pensando que finalmente se ha iniciado una nueva vida para ella. Pero Orlov no comparte su entusiasmo. No está dispuesto a cambiar y piensa que Zinaída es una romántica ilusa. Para Orlov el amor es solo una necesidad del organismo que debe satisfacerse con elegancia para “engañarnos el uno al otro y creer que nos amamos y somos felices”.
Los desplantes de Orlov son cada vez más numerosos y crueles. No la presenta a su familia ni a sus amigos. No se siente responsable frente a Zinaída, de manera que no le da explicaciones y continúa con su vida de soltero. Desde su perspectiva el vínculo con Zinaída es una esclavitud que rechaza pero que no es capaz de cortar puesto que no se decide a decir la verdad. Entonces, la previsión de las lágrimas de Zinaída y las enojosas explicaciones lo disuaden de aclarar la situación. Prefiere “aburrirla”, que ella se de cuenta, por sí misma, de lo poco que le interesa.
Zinaída no puede creer que para Orlov su amor es solo una molestia. Ella sufre pero espera. Stepan, desde su modesto papel de lacayo, es testigo de todas las humillaciones sufridas por Zinaída. Poco a poco se va olvidando de su misión originaria. Ahora está enamorado de Zinaída. Admira su fe y capacidad de entrega.
Conforme los maltratos de Orlov se multiplican surge en Stepan el propósito de salvar a Zinaída. Revelarle la verdad de la situación. El no es un lacayo sino un oficial de marina y, sobre todo, ella está siendo vilmente engañada. En el inicio, Zinaída no quiere creer, pero las pruebas son abrumadoras. Entonces Stepan se lleva a Zinaída de viaje, a Italia.
Stepan le confiesa su amor pero Zinaída no le hace mayor caso. Para ella es solo un compañero. Las insistencias de Stepan no tienen ningún éxito. Zinaída no puede reponerse del desengaño. No quiere vivir. No tiene ilusión ni siquiera por el hijo de Orlov que está gestando. Zinaída muere dando a luz. No se sabe si por el mal parto, o si por envenenamiento de la propia mano.
Stepan cuida de Sonia, la hija de Zinaída, con gran devoción. No obstante, después de dos años regresa donde Orlov para formalizar la situación de la criatura. Para Orlov la última palabra la debería tener el abandonado marido de Zinaída pues, por mandato legal, la niña figura como hija suya. Entonces se le sugiere a Stepan que entregue la niña a una institutriz en la que el marido tiene gran confianza. El relato deja a Stepan en la indecisión sobre qué hacer con la pequeña.
II
Orlov es un “hombre superfluo”. No cree en nada, no le interesa nada. La vida se reduce a pasarlo bien, en el día a día. En realidad, nadie lloraría su muerte pues no tiene vínculos significativos. La alta sociedad y el mundo popular, “ambos mundos me repugnan; pero si me dieran a elegir uno de los dos, no vacilaría en quedarme con el de la alta sociedad, y no sería una falsedad ni un remilgo, pues mis gustos están de su parte. Nuestro mundo será todo lo chabacano y huero que se quiera, pero al menos Ud. y yo hablamos regularmente el francés, leemos algo y no nos vapuleamos cuando discutimos fuerte” (p.289). “Soy un digno vástago de la sociedad podrida” (p. 291). “Nuestra generación se compone tan solo de neurasténicos y llorones; no sabemos hablar sino de fatiga y agotamiento, pero ni Ud. ni yo tenemos la culpa; somos demasiado insignificantes para que de nuestra voluntad dependa la suerte de toda una generación” (p.328). ¿Por qué hemos de preocuparnos más de la cuenta? (p.328).
Orlov sabe que lleva una vida insignificante, asechada por el aburrimiento y la falta de sentido. No obstante, cree que su posición es la única lúcida. Todos los ideales le parecen engaños y mentiras. Pueden producir exaltación pero a larga decepcionan y el sufrimiento es entonces mayor. La vida de soltero sin compromisos es la única que le acomoda. El distanciamiento irónico es su defensa contra cualquier tentación de creer en algo.
Zinaída, mientras tanto, cree en el amor. No puede concebir que la vida sea tal como Orlov la plantea. El amor es la pasión feliz. Es cuidar y ser cuidado. Es soñar juntos, proyectarse hacia el futuro. Entonces Zinaída se entrega incondicionalmente a su amado Orlov, en la persuasión de que ese amor lo redimirá, lo transformará radicalmente. Esta seguridad la mantiene firme en su soledad y desdicha. En realidad, la fe en el amor la lleva a desconocer a Orlov.
Como Zinaída, Stepan cree la vida debe vivirse al amparo de ciertos ideales que le den intensidad y sentido. Al principio su búsqueda es política pero luego solo cree en el amor. Stepan piensa que será el nuevo depositario del amor de Zinaída, que podrá reemplazar a Orlov en el corazón de la bella joven. No obstante se equivoca. Zinaída acepta su protección pero no su entrega. Zinaída se comporta con Stepan casi de la misma manera como Orlov lo hizo con ella. La relación entre Zinaída y Orlov hace pensar que el amor de Zinaída es alimentado por la indiferencia de Orlov. Zinaída está enamorada del amor. En su desdicha, en lo no correspondido de su afecto, ella encuentra una situación que la complace. Es una víctima entregada e inocente. Si fuera correspondida sería totalmente feliz. Pero, mientras tanto, es una heroína de esas novelas que tanto gusta leer. Chejov nos da una pista sobre Zinaída. Su padre se casó sin amor movido por la cuantiosa dote de su madre. El matrimonio fue tan infeliz que la madre murió de tisis y el padre se volvió a casar con una mujer que lo atormentaba sin piedad pero a la que amaba con vehemencia. Entonces el padre recibió el mismo trato cruel que él mismo dispensó a su primera esposa. Resulta que Zinaída tiene una experiencia del amor donde es la parte débil la que ama demasiado y es traicionada. Mientras tanto, la parte fuerte es aprovechadora y cruel. Digamos que el amante se aferra a quien lo desprecia con la ilusión de que la nobleza de su gesto termine por producir una correspondencia. No obstante, esta ilusión encubre el gusto por estar en la condición de víctima; gusto que parece ser la razón más profunda por la que la madre de Zinaída, su padre luego, y finalmente ella, se aferran a una ilusión que carece de fundamento.
Cada uno de los personajes de este triángulo actúa un guión. Orlov es el hombre descreído e irónico que espera muy poco de la vida. Zinaída es la heroína que ama, sufre y espera una redención. Finalmente Stepan quiere poner su vida al servicio de alguna causa. Sea la política o el amor. Por un momento pareciera que el vínculo con Sonia habrá de ser el eje de su vida. No obstante, el relato nos deja con la incertidumbre. Stepan parece renunciar a Sonia y convertirse entonces en un émulo de Orlov.
III
Orlov y, en menor medida, Zinaída y Stepan son gente “superflua”. Sus vínculos sociales son poco significativos, están solos. La sociedad en que viven está “podrida”; no les ofrece la posibilidad de encausar satisfactoriamente sus energías. Orlov es el más consciente de está situación. Y extrae de ella todas las consecuencias. Ahora bien, el personaje plantea dos interrogantes. Primero: Orlov es un hombre culto e inteligente. Entonces por que no le entusiasma expresar su insatisfacción y rebelarse, convertiéndose en un artista o un filósofo. La respuesta que imagino es que Orlov no cree en la posibilidad salvatífica del arte y/o la ciencia. En realidad, Orlov lee solo para constatar que no hay salida, que nadie tiene una visión más realista de la vida que él mismo. Una pasión artística o científica supone una esperanza, aunque sea mínima; al menos la expectativa que objetivar su situación y ánimo puedan le puedan producir cierto entusiasmo y quizá reconocimiento. Pero Orlov parece anticipar que ninguna lucha por el esclarecimiento sirve realmente de algo. De allí que rehuya la profundidad y las complicaciones. Segundo: Orlov no cree en el amor ni en la paternidad. Los requerimientos amorosos se le hacen insoportables pues enajenan su libertad. Lo que se llama amor es solo una mistificación engañosa que sirve para hacer más placentera la satisfacción de sus necesidades biológicas. El amor femenino, romántico, incondicional y posesivo, es solo un chantaje que dura poco. Una vez que pasa viene la decepción y el engaño. En realidad, Orlov se sentiría cómodo con otro tipo de vínculo de pareja. Una suerte de amistad leve que incluye el sexo pero huye de la dependencia. Pero esa clase de vínculo no estaba en el imaginario de su época. En realidad Orlov es una persona desengañada, incapaz de confiar en nadie. Chejov plantea una pista para entender a Orlov. Su padre no parece ser una figura consistente pues a la vez que es un político populista que ha hecho fortuna en base a una imagen de sencillez, es también un hombre muy adinerado y lejano de su hijo.
¿Qué está podrido en la sociedad? ¿Por qué Orlov, Zinaída y Stepan podrían ser considerados como síntomas sociales? En realidad, los personajes de Chéjov son plenamente actuales. Personas desencantadas de los ideales de su sociedad que tampoco han sido capaces de buscar una verdad o entusiasmo en sí mismos. No obstante, en la Rusia de fines del XIX resultan más lógicos y explicables. No se solidarizan con el orden social. Usufructúan sus beneficios pero todo les parece farsa y mentira. Tampoco les interesa el trabajo. Es monótono e intrascendente. Incluso su capacidad de hacer vínculos está mellada por las traiciones sufridas. Hablamos de una época donde los niños cuentan muy poco. Abandonados en las manos de la servidumbre, se les habla de un amor que realmente ellos no sienten.
Orlov parece haber eliminado cualquier fantasma de redención. No quiere problematizarse pues considera que las complicaciones están “por gusto”. Nada más lejano de él que la idea de sacrificio o de complacencia en el sufrimiento. A Orlov no le interesa ni el dinero, ni el poder ni la fama. Solo las satisfacciones inmediatas en base a las que construye una rutina a la que está acostumbrado. No obstante, la indiferencia de Orlov tiene límites. ¿Por qué no le dice a Zinaída, directamente, que desaparezca de su vida? La respuesta que se da es que no quiere pasar un mal momento. Pero esa respuesta es insuficiente pues, rehuyéndola Orlov pasa por muy malos ratos. En realidad, Orlov es frío pero no cruel o sádico. No goza con el sufrimiento que infringe a Zinaída. Orlov no quiere causar daño a nadie. No ha explorado la posibilidad de sentir placer haciendo daño. Es más moral de lo que piensa. Como cualquier ser humano Orlov podría encontrar deleite en el mal. Pero ese camino ni siquiera se le aparece. Orlov es un hedonista de los sentidos. Es la encarnación del utilitarista y liberal que administra su cuerpo como fuente de placeres.

