Respuesta a un autor sin lectores
Aunque sean banales, los problemas que me cuentas no dejan de ser interesantes. Incluso su misma trivialidad los hace ridícula, profundamente, humanos. Te quejas de que el éxito que tanto añoras no llegue pese a tanto esfuerzo. Por más que te rompes la cabeza tus libros no logran audiencia. Entonces envidias la resonancia que otros han logrado, según tú, con mucho menos empeño. No sabes a qué atribuir tu desgracia. A veces, piensas que el mundo está tan equivocado que no vale la pena seguir viviendo. Pero, en medio de tanta insatisfacción sigues escribiendo. Y, según me dices, no dejas de pensar.
Dices que lo tuyo puede ser falta de talento. Pero también te rebelas contra la idea de talento. Crees que se trata de un concepto fácil y mistificador, que en el mejor de los casos no hace más que legitimar la injusticia de la naturaleza. Pero tampoco puedes descartarlo por entero. También cifras tu fracaso en tu poca dedicación a la publicidad de tus trabajos. O, también, en no complacer el gusto de las mayorías. Dices que lo justo fuera que la recompensa estuviera en razón directa al esfuerzo. Entonces, afirmas que tu deberías ser ampliamente conocido pues dejas tu sangre en cada una de las líneas que escribes. En tus textos, lo repites, está toda tu vida; todo tu amor y toda tu esperanza.
Me cuentas que te merodea el resentimiento. Te va quedando corta la impostación estoica. Te consuela cada vez menos esa idea de jugar tus cartas sin dar demasiada importancia al resultado. No sabes que hacer pero lo que deseas es llamar la atención sobre la calidad desconocida de tu obra. Dices que tu sueño sería aparecer constantemente en los diarios y en la televisión. Estar en la boca de las gentes. Ganar premios y, también, porque no, dinero. Ser entrevistado, hasta el asedio. Tus obras harían pensar a la gente. Tanto, que tus lectores cambiarían para bien. Y despertarías su amor y admiración. Apenas podrías salir a la calle pues los fotógrafos te perseguirían. Y en medio de los premios, las admiraciones, y los constantes viajes, en primera y a todas partes del mundo, tu dirías que la clave de tu éxito radica en tu modestia y en la suerte. En expresar lo que sientes sin tener en la mente ningún otro lector que no seas tu mismo. Dirías que la fama no te importa, que no entiendes porque te leen y que cualquiera podría ser como tú.
La verdad, amigo, autor sin lectores, no sé qué decirte… Te sientes como uno de esos millones de espermatozoides que persiguen el óvulo pues tu vida se juega en una carrera desesperada. Crees de buena fe que a tí te toca ese premio pues has dado todo de tí. Incluso exclamas que por unos años de gloria estás dispuesto a que la muerte te lleve muy temprano.
Me parece curioso que afirmes tu modestia, que digas que no buscas más que satisfacer al crítico que llevas dentro. Curioso porque, paralelamente, ansías tanto esa gloria que solo el gran público puede dar. Entonces la aprobación de ese crítico interior, al que logras complacer pese a ser tan severo, no es, en definitiva, suficiente. Es pues obvia una falta de lucidez, o sinceridad, en tu planteamiento. ¿En qué quedamos? Si lo que más te interesa es complacerte por qué tanto afán de gloria. Y si es la fama lo que verdaderamente anhelas por qué no lo aceptas y obras en consecuencia. Me imagino que tu respuesta es que el gran público debería estar en concordancia con tu crítico interior. Entonces bastaría seguir sus dictados para obtener la fortuna que reclamas. El gran público estaría pues radicalmente desorientado, mientras que tu crítico interior, a quien tan afanosamente buscas subyugar, sería el germen de otro gran público con un gusto más sincero, elaborado y enriquecedor. Por tanto, tu perseverancia en ir más lejos explicaría mucho de lo que sientes como tu fracaso vital. Llegamos entonces al viejo tópico del héroe incomprendido en una sociedad que no sabe distinguir el valor de lo que ella misma incuba. Tu esfuerzo, tu revuelta, no es apreciada.
Mirando con frialdad tu situación te aconsejaría -primero que todo- no sufrir en vano. No te dejes seducir por lo trágico. Haz lo que puedas y trata de disfrutarlo. Creo que si obtuvieras esa gloria que tanto anhelas no serías más feliz. Entonces sigue haciendo lo que puedes pero con más alegría y menos desesperación. De repente tu crítico interior necesita un poco más de humor en vez de esa mortífera seriedad que te tanto te aplasta. De repente, también, colocas demasiada vida en algo que, después de todo, no vale tanto.
Termino señalándote que no me río de ti. Te vuelvo a decir que en su banalidad tu situación es trágicamente humana. En realidad me pareces uno de esos niños que sigue golpeando la puerta para que su madre les abra el retorno a lo que ya no puede ser.
Muchos saludos.
Gonzalo

Máx Hernández una vez citó a Wilde en clase: “Education is a wonderful thing, but it is well to remember, from time to time, that nothing worth learning can be taught”. Y de su tío, el señor don Luchito, leí que: “Y si la tristeza me alcanza/ y si la tristeza me alcanza/ me cubriré con el agua de la mar/ Y no he más de morir/ y no he más”. De ahí que si hubieran soltado a Kant en Calle 8, se la hubiera pasado punteando a las gatas fieras. Yo sé perder, y vos también, quiero volver, volver, volver.
Comment by Giancarlo — 2005 12 @ 5:32 am
Máx Hernández una vez citó a Wilde en clase: “Education is a wonderful thing, but it is well to remember, from time to time, that nothing worth learning can be taught”. Y de su tío, el señor don Luchito, leí que: “Y si la tristeza me alcanza/ y si la tristeza me alcanza/ me cubriré con el agua de la mar/ Y no he más de morir/ y no he más”. De ahí que si hubieran soltado a Kant en Calle 8, se la hubiera pasado punteando a las gatas fieras. Yo sé perder, y vos también, quiero volver, volver, volver.
Comment by Giancarlo — 2005 12 @ 5:33 am
Un par de veces tuve la razón y mamá no abrió la puerta. Lloré igual que si no la tuviera, mamá me abrazó. Hoy no sé, dicen que las madres siempre tienen la razón. Era niño, pues, cómo advertirlo.
Comment by AlejandroPSJ — 2006 06 @ 3:22 am
Has escrito esto para otro hombre, yo, menos hombre, adolecente aun, me veo afectado por tu respuesta. No aspiro a escribir libros aun, solo son los trabajos y los examenes de la universidad. Pero en todo esto hay tristeza, por ser bueno y reconocido tambien, ansiedad deentender, de hacer cosas buenas. Hay algo que dices que em ayuda mucho: >. Gracias Gonzalo.
Comment by anonimo — 2006 07 @ 1:45 am
Tu texto remite a la típica mediocridad del que aborda la literatura desde las ciencias sociales, en realidad obnubilado por la superchería de que el conocimiento de la historia (y de la sociedad) hará que seamos mejores en el futuro. no hay proyecto más romántico, positivista y fútil que ese. Casi cien años de ciencias sociales no han hecho un ápice más felices a los seres humanos. Todos sus proyectos fueron sonoros fracasos. Claro, y ahora les queda a ustedes los ociólogos decirle a la gente: “no sufras, confórmate, no somos nada, no vale la pena el esfuerzo”. Pensamiento de pobrediablos.
Rubén Q.
Comment by Rubén Q. — 2006 11 @ 1:36 am
Lei tus lineas y me parecieron de conformismo, pero quien no se ha sentido asi alguna vez, que su esfuerzo no es valorado, reconocido, pero de ahi a detenerme a dejar de esforzarme o dejar que los demas que segun yo no deberian estar alli a donde yo aspiro llegar, no!, y si me detengo sera para redefinir mi estrategia, a fortalecer mis fortalezas y hacer de mis debilidades oportunidades, todo en fin de un sueño del cual nunca debes dejar de luchar …
Comment by lalo — 2006 11 @ 3:21 am