Es posible una sublimación no compulsiva
{Nota: se trata de un ensayo que está en proceso. No lo puedo dar como definitivo. Pero lo coloco por si quiera el destino que un amable lector me haga un comentario iluminador.}
La compulsión canaliza (casi) toda la agresividad en contra del propio sujeto. Funciona a manera de ese castigo o espuelazo que dará más brío al esfuerzo de conquista de lo absoluto, a esa evasión del sinsentido de la vida. La fantasía es conseguir el logro definitivo que significa, finalmente, la gloria. En la compulsión también queda comprometido el amor propio pues quien la padece no deja de sentirse orgulloso de su desventura. Su martirio lo cerciora de ser digno de amor, definitivamente bueno. Después de todo quien la sufre no hace otra cosa que cumplir con su deber. Por tanto la compulsión, como un mecanismo mortífero, que encadena y deshumaniza, se nutre de eros y tánatos. Ahora bien, mientras la máquina compulsiva funciona el sujeto tiene un ánimo firme, una dirección evidente. Se mueve mucho, sufre bastante y goza poco; pero mientras tanto, gracias a todo ello, piensa estar acercándose a la gloria. A la recuperación de lo perdido. No obstante, la compulsión no puede funcionar todo el tiempo. La máquina se debilita y su menor velocidad significa la depresión. Es decir, el (more…)
