Las olas del mar me dejaron en las puertas de tu casa. Mis tobillos estaban atados a mis muñecas. Una capucha cubría mi cabeza. Los torturadores habían trabajado mi cuerpo antes de abandonarme por muerto en el océano. No sentía nada, era como un sarcófago vacío. Por qué la vida se habrá aferrado en mí, me interrogaba vanamente. Amaneció. Era verano y comencé a sentir el calor en mi piel. De pronto a través de la tela puede ver tu figura. Eras todo lo que había imaginado para ser feliz. La ilusión me pasmó. Ese futuro que se abría también me pesaba. Bajaste las gradas y te acercaste a una cauta distancia. Yo quería adivinar palabras de compasión pero asustada gritaste: ¡saquen de aquí esta basura!