Se trata de un sueño que tuve una y otra vez
Camino sin rumbo por una amplia plaza peatonal circundada por edificios de unos cuatro pisos. La plaza está cubierta por una bóveda de cristal de color ámbar. Me gusta la luminosidad del ambiente pues es cálida y relajante, familiar. El patio y sus edificios son como una célula que se repite para formar un vasto conjunto arquitectónico. No me imagino sus límites pero calculo que es inmenso, prácticamente infinito. Resulta fácil perderse. La construcción es antigua y elegante. El diseño me recuerda el cuento de Jorge Luis Borges, “La biblioteca de Babel”. En realidad estoy perdido. Pero hay algo que, a la vez, me inquieta y me asegura. Estoy convencido de que en uno de esos edificios hay un departamento que es el mío.
El problema es que no tengo la menor idea de donde está. Pero se que existe pues tengo una llave. Además tengo recuerdos vagos pero ciertos del departamento perdido. Entonces, mientras que trato de sumergirme en la penumbra de mis recuerdos, sigo andando. Espero que así, deambulando sin dirección, algo lograré recordar. En algún momento reconoceré algunos signos que me avisen que estoy ya en el espacio familiar que busco. Probaré la llave en todas las puertas hasta que se abra una de ellas. A veces la desesperación me visita. La idea de que nunca llegaré pasa como una ráfaga por mi cabeza. Pero igual sigo caminando. No se si mi terquedad tiene sentido. Aprieto la llave y me digo: habrá que tener paciencia.
El tono afectivo del sueño oscila entre la perplejidad, el temor y la esperanza. Se que mi departamento es amplio y cómodo. Allí estaré a gusto.
Una posible interpretación
El deseo de tener un lugar en el mundo expresa una falta de ubicación en la vida. Pero en el sueño esa ubicación existe pues resulta que ya he vivido allí. El problema es que no sé donde está. La evidencia de que tengo una llave, y las imágenes imprecisas de un departamento confortable me hacen pensar que mi búsqueda no es vana. Se, de alguna manera, que la morada que me corresponde es bella. La sensación de haberla perdido y los recuerdos vagos no me pueden engañar. Existe pero tampoco estoy seguro de poder encontrarla.
Se trata de un peregrinaje que tiene un destino pero que carece de rumbo. El sueño es una narrativa de consuelo y esperanza. Como si me dijera a mí mismo: estás perdido pero tienes un lugar, búscalo. Ese departamento, lujoso pero extraviado, es una ilusión que activa un deseo de encuentro. Tengo una meta. Mi sentimiento de pérdida tiene un objeto, un referente. Mi situación no es pues melancólica. Se lo que me hace falta.
Este sueño corresponde a una etapa de mucha desolación en mi vida. Pocas satisfacciones, muchas servidumbres, sufrimientos constantes. No me sentía encima de mis circunstancias sino enredado en ellas. En este contexto el sueño me coloca en una posición de esperanza. Doy por perdido lo que acaso nunca tuve pero que de todas maneras postulo como accesible. Entonces el sueño me pone al abrigo de la depresión. El deseo me indica una meta, una posibilidad de satisfacción. Me pide confianza, me promete una salvación.
La narrativa del sueño se emparenta con motivos clásicos del imaginario universal: la experiencia del laberinto como prueba, la promesa utópica de la tierra prometida y la redención de la injusticia. En efecto, estoy en un laberinto y sé que la única manera de salir es activando mis recuerdos mientras examino lo que veo. Yo mismo tengo que encontrar mi camino. Todo depende de mí y tengo que estar vivo, atento. Es la única forma de (re)encontrar lo que perdí sin saberlo.
De otro lado, no sé muy bien como es mi tierra prometida pues mis recuerdos son más impresiones que imágenes claras. Estoy buscando ese sitio donde, supuestamente, se instaló en mí esa cómoda serenidad que ahora añoro tanto. Finalmente el hallazgo sería una redención de la injusticia pues se trata de una restitución, de recuperar algo que me pertenece y que perdí sin causa valedera. Este último aspecto hace recordar al libro de Job. En efecto, Job espera que le sean reparadas todas las calamidades sufridas. Sabe que Dios es bueno y tiene su conciencia limpia. Por tanto todos sus sufrimientos desaparecerán y volverán los días de paz y contento donde agradecía a Dios por todos sus bienes.
Lo inmenso y cerrado de la construcción, junto con lo agradable de su arquitectura y luminosidad, hacen pensar en el cuerpo materno. Un espacio protegido donde se puede encontrar seguridad y calidez. Pero también una inmensidad en la que uno se puede perder. En ese espacio tendría que encontrarme con un fragmento de mi historia, olvidado pero familiar; allí estaría mi salvación.
La alusión a la biblioteca sugiere que el departamento que busco es como un libro; un texto que me hace falta. Unas frases que responderían a un enigma. De otro lado, la llave es un símbolo de resonancias fálicas tanto por su forma, alargada, como por su accionar, ya que se introduce en el agujero de la cerradura. Sea para abrirla o cerrarla. Alude a un poder, a la capacidad de abrir algo cerrado. En este sentido es un atributo de lo paterno. Dios le confió a Pedro la llave del reino de los cielos. En el sueño que refiero la posesión celosa de la llave me da confianza.
Finalmente hay dos elementos ausentes en el sueño. Primero, no aparece el otro. La ciudad está despoblada y estoy solo. Segundo, no hay una razón que explique mi aparente olvido de las coordenadas del departamento. De repente es mi responsabilidad pues no concedí importancia a memorizar las señas que me permitieran regresar. Se trataría de un descuido que ahora se prueba fatal. Entonces estoy furioso conmigo mismo porque mi torpeza me separa de mi felicidad.
Pero también existe otra explicación. El olvido es inevitable por el mismo paso del tiempo. No he regresado desde mi niñez. Este pensamiento me hace sentir cólera contra la injusticia de la vida. Resulta entonces que teniendo, no tengo. De otro lado mi estar solo pues me acompañan únicamente mis sensaciones y pensamientos, me hace suponer un trasfondo un tanto maniaco en el sueño.
Es decir la idea de que puedo solo, que no necesito a nadie.
