Relevancia de la obra de Melanie Klein para las Ciencias Sociales: una apreciación desde el Perú

Presentación

La presente ponencia está orientada a explorar el valor explicativo de las concepciones de Melanie Klein cuando son empleadas en el análisis de las mentalidades colectivas en la sociedad peruana. Se sostiene que fenómenos como la pervivencia de lo maravilloso, las dificultades de elaborar una memoria colectiva y la recurrencia no elaborada de lo arcaico pueden ser mejor entendidos a partir de ideas kleinianas. Para llegar a este punto la ponencia presenta someramente el pensamiento de Klein y se detiene en identificar las perspectivas de inteligibilidad que abre para la comprensión del mundo social.

1.- Hitos del pensamiento kleiniano

Como es el caso en el mundo del psicoanálisis, la construcción de nuevas teorías se suele fundamentar en el descubrimiento de métodos de análisis que permiten un acercamiento empírico al funcionamiento de la psique humana. En el caso de Freud esos métodos fueron la “asociación libre” y “la interpretación de sueños”. Ambos caminos permiten asomarse al inconsciente, a lo no pensado pero actuante en el sujeto. La innovación que fundamenta la originalidad de Melanie Klein es la observación participante de los juegos de los niños. Antes de su obra se consideraba que los niños, sea por razones morales o por la debilidad de su capacidad de verbalización, no serían analizables o no deberían serlo. A través de acompañar el juego de sus propios hijos, Klein se dio cuenta que en sus actividades lúdicas los niños expresan sus fantasías más profundas. Un antecedente de la obra de Klein está en Más allá del principio del placer, texto donde Freud llega a conclusiones trascendentales a partir de la observación del juego de su nieto.

Las conclusiones más importantes de Klein apuntan a identificar un transfondo emocional de origen temprano, preverbal, vinculado a la experiencia de la relación con la madre tal como ella es fantaseada por el bebé. Este trasfondo, donde se colude la realidad y la fantasía, constituye el “zócalo arcaico” sobre el que se va construyendo el psiquismo humano. El bebé sigue viviendo en el adulto, su presencia es definitiva. En el inconsciente lo más remoto suele ser lo definitivo. El proyecto de Klein apunta a reconstruir la dinámica de las pulsiones antes que éstas puedan ser reconducidas por el lenguaje. Resulta, entonces, que los primeros meses de vida son decisivos por cuanto en ese periodo se instituye una “infraestructura emocional” que tiende a reconfigurarse en periodos posteriores pero que sólo puede ser alterada mediante un trabajo perseverante, cuyo modelo es la práctica analítica, es decir, un trabajo de a dos, donde el analizante despliega en el vínculo transferencial, asistido por el analista, los patrones de interrelación que ha internalizado; permitiendo este despliegue la elucidación y el cambio de las narrativas del sí mismo; hecho que hace posible liberarse de temores y servidumbres, desarrollando el pensamiento y la creatividad.

Melanie Klein pretende complementar el edificio freudiano agregándole nuevos fundamentos. Su aporte más significativo está en identificar un origen más temprano del superyó, entre los dos y nueve meses, al que, además, le atribuye, en esta primera etapa, un carácter mucho más riguroso y cruel que en el caso del niño mayor o el adulto, pues este superyó aplasta al débil yo del infante. En el niño pequeño, el superyó, escribe Melanie Klein tiene “características altamente increíbles y fantásticas” . Entonces, los temores de ser devorado o ser perseguido, deben ser considerados como normales. En realidad, detrás de estas fantasías se ocultan las figuras imaginarias de los padres del propio niño. El superyó del niño resulta de la transfiguración imaginaria de los padres reales. Se trata de “imagos” que el niño ha elaborado y ha hecho suyas.

Cada niño crea imagos de sus padres que le son peculiares. Estas imagos suelen ser agresivas y sádicas. Y son proyectadas sobre el mundo exterior de modo que el bebé es dominado por el temor de sufrir ataques crueles. Entonces la “madre”, o imago materna, es para el bebé una mezcla entre la realidad exterior y la identificación proyectiva de emociones inmanejables por su intensidad. En esta situación, para protegerse de su propio miedo, recurre a la agresividad. Lo excesivamente cruel y severo del superyó es pues la causa de esta violencia. No obstante, en la medida en que el niño toma conciencia de su ataque se genera en él un sentimiento de culpabilidad pues comienza a percatarse de que está agrediendo a los objetos que ama y de los que depende. Este sentimiento de culpabilidad es, para Melanie Klein, la matriz de los sentimientos sociales pues hace posible las sublimaciones; es decir el recanalizar la fuerza de las pulsiones hacia metas culturalmente aprobadas.

Posiciones básicas de desenvolvimiento

Este sumergirse en las profundidades del psiquismo humano llevó a Melanie Klein a postular la existencia de dos “posiciones básicas” por las que todo ser humano pasa en su desenvolvimiento.

Primero, la “posición esquizoparanoide”. En un inico el bebé no diferencia el mundo interno del externo. Los objetos son “parciales” y a veces resultan buenos, cuando satisfacen sus necesidades, y a veces son malos, porque no están presentes. Por ejemplo, el seno materno es un objeto en sí y puede ser sentido, alternativamente, como bueno o malo. Estas emociones tempranas son muy intensas y están disgregadas, a la manera de un flujo sin orden, poniendo en evidencia un mundo fragmentario, esquizoide; donde el bebé imagina y valora todo en función de sus necesidades perentorias; de allí lo paranoide. La falta del objeto bueno es vivida como equivalente a una agresión del objeto malo.

La segunda posición es la “depresiva”. Corresponde al momento en que el bebé comienza a totalizar al objeto; entonces, la madre es asumida como una, a la vez buena y mala. A partir del sexto mes, el bebé se da cuenta que hay un afuera y un adentro, que el mundo no se reduce a sus sensaciones. Esta posición implica una reducción de las escisiones, un reconocimiento de los propios límites que siendo penoso pone, sin embargo, las bases de una integración del mundo interior. En esta posición el bebé se descubre a sí mismo y comienza a distinguir la realidad de la fantasía. Con la capacidad de distinguir las cosas reales de las imaginarias se da la premisa para la adquisición del simbolismo; es decir, entender que hay realidades que sirven para aludir a otras realidades de las que funcionan como signos a los que remiten. En la posición depresiva surge la creatividad, en tanto el sentimiento de depresión moviliza el deseo de reparar los objetos. En efecto, el bebé imagina que mediante su amor y sus cuidados, podrá reparar los resultados de su agresión. Entonces acrecienta su amor. La reparación está, sin embargo, amenazada por la desesperación cuya preeminencia suele llevar a la regresión paranoide. Es decir, el bebé debe aprender a soportar la ausencia del objeto externo sin replegarse en la identificación proyectiva, paranoide. El éxito de este trabajo significa el acceso a la creatividad y la sublimación. Su fundamento es la elaboración simbólica. Alternativamente, el sufrimiento depresivo puede ser aliviado también por una regresión esquizoparanoide pero al costo de impedir el desarrollo intelectual.

Simbolización

Para Klein se trata de hacer pensable, elaborar simbólicamente, las fantasías y el trasfondo emocional arcaico del cual surgen. Para este propósito la potencia para simbolizar, la “profundidad del pensamiento” es la clave, pues gracias a esta capacidad se construye una interioridad psíquica. Primero apenada y luego aliviadora y alegre. Este el único camino para superar los miedos arcaicos. Transitar de la angustia al pensamiento permite esa reelaboración que proseguida indefinidamente nos pone a salvo del abismo mortífero que es la regresión esquizoide.

Al sumergirse en lo arcaico y los temores de fragmentación, al reconstruir el inmenso poder de la madre sobre el niño, el pensamiento de Melanie Klein identifica al individuo como movido por la pulsión de muerte, por tanto intrínsecamente esquizoparanoide y poco dispuesto a adaptarse a la realidad. El poder de la madre es el verdadero sostén de toda ley. Lo femenino no es definido como pasividad, tal como lo hace Freud. Se desdobla, de un lado, en una receptividad y, del otro, en el poder primordial y aterrador de la madre. Entonces, se trata de encontrar el modo de desembrazarse de este poder, de ese anclaje infantil de la tiranía, de ese miedo constituyente. La madre como objeto interior es el “doble” de la madre real, y esa duplicación encierra al niño, hace que el mundo se sustraiga a su juicio y a su verificación perceptiva. El objetivo es desrealizar a ese secuaz imaginario de la autoridad que nosotros creemos erróneamente real, y anclar el análisis en el inconsciente fantasmático del self que lo sufre. Se perfila, así, una visión profundamente desengañada y compasiva del ser humano, dice Julia Kristeva.

Lo que se trata es de lograr una distancia frente a la madre aterradora. Esta distancia posibilita la aparición de un espacio para el juego y la libertad. Este rescatarse del poder tiránico de la madre implica un fortalecimiento de la individualidad que evita los polos de la (sobre)adaptación normativa y la transgresión sistemática. Es decir, la autorregulación. Ahora bien, lo que hace posible es atravesar la experiencia de la pérdida y la depresión consiguiente. Entonces adviene la posibilidad de separarse y como consecuencia el sí mismo emergente es capaz de negociar con la violencia interna y la autoridad externa. Esta negociación implica que hay otro que es a la vez externo (objeto total) e interno, y hace accesible la producción de símbolos. Surgen, así, las “positividades sublimatorias”: la capacidad de reparación y el amor que junto con la gratitud se oponen al sadismo, a la tiranía del superyó y a la envidia.

La simbolización es pues lo que permite deshacerse del vínculo aterrador con la madre. Una madre “suficientemente buena” apoya sin ser intrusiva. Ésta es la actitud que favorece la separación y la transicionalidad. Kristeva señala que Klein no desvaloriza el deseo: lo desmitifica a medida que desmitifica la pulsión de muerte, demostrando que ella es pensable, que es incluso fuente del pensamiento. El vínculo aterrador con la madre supone que nos veamos reducidos a oscilar entre la propia dispersión y la crispación identitaria, entre esquizofrenia y paranoia. La única manera de desprenderse de este vínculo es el acceso al plano simbólico mediante un revivir continuamente la depresión como condición de la creatividad. De otra manera, somos víctimas potenciales de las regresiones esquizoparanoides. El pensamiento permite una interioridad psíquica en que la impulsividad de lo arcaico se suspende para dar lugar al surgimiento de la libertad. La fantasía encarnada del interior materno se transforma, por el sesgo de interpretación analítica, en medio para el conocimiento de uno mismo. La fantasía de la relación con la madre está en el centro del destino humano. Esta revaloración de la madre por Klein, se sitúa, según Kristeva, a contrapelo de las religiones monoteístas en las que es invisibilizada. “La virgen madre se convirtió después en el centro vacío de la trinidad cristiana. Hace dos mil años, el Hombre del Dolor, Jesús fundó una nueva religión apelando al padre, sin querer saber lo que había en común entre él y su madre. El niño kleiniano, fóbico y sádico, es el doble interior de ese hombre visible y crucificado, su interioridad dolorosa habitada por la fantasía paranoide de una madre omnipotente. Se trata de la fantasía de la madre que mata y que hay que matar, de una representación encarnada de la paranoia femenina en la cual se proyecta la esquizofrenia de nuestro yo primitivo y débil. Pero el sujeto llega a liberarse de esa profundidad mortífera, con la condición de reelaborarla indefinidamente como el único valor que nos queda: la profundidad del pensamiento” .

“Igual que el analista, pero sin saberlo, la madre acompaña al hijo en esta reelaboración en la que él la pierde, y después la repara con palabras y en pensamientos. La función materna consiste en esa alquimia que pasa por la pérdida de uno mismo y del otro para alcanzar y desarrollar el sentido del deseo mortífero, pero sólo en el amor y por la gratitud en la que se realiza el sujeto. El vínculo de amor con ese objeto perdido que es la madre, de la cual “yo” me separo, sucede entonces al matricidio, y se rodea de una aureola de pensamientos. Haber ligado de este modo, mediante lo negativo, la suerte de lo femenino con la supervivencia del espíritu no es el menor resplandor del genio de Melanie Klein” .

2.- Implicaciones para las Ciencias Sociales de los planteamientos de Melanie Klein.

Enumero estas implicaciones para, luego, examinar su pertinencia y fertilidad para el caso de la realidad del Perú.

Rehabilitar la importancia de la madre y lo femenino, realidades invisibilizadas por las religiones monoteístas y aun por el psicoanálisis freudiano. Esta invisibilización es el fundamento del patriarcado.

Subrayar la vigencia de lo arcaico, en el sentido de lo afectivo-preverbal, en el desarrollo humano y en la propia adultez. Esta vigencia tiene para Klein una significación fundamentalmente negativa pues lo arcaico se refiere al aspecto aterrador del vínculo temprano con la madre, tanto más problemático cuanto menor haya sido la buena disposición materna. Se trata de una imago que fragmenta y que nos devuelve a la situación esquizoparanoide. A una suerte de prisión de caos de la que solo podemos escapar por el lenguaje y el pensamiento que llevan a rehacer y dulcificar la imago materna y de esta manera cambiar nuestro ensamblaje afectivo.

Visibilizar el transfondo de “locura” sobre el cual se organiza compulsivamente el psiquismo de los individuos. Para Klein esta organización suele depender de una normatividad compulsiva que promete hacer escapar al sujeto de la angustia de fragmentación, pero muchas veces al costo de sumirlo en una compulsión obsesiva.

Pobreza

Redefinir el concepto de pobreza en un sentido más sustantivo. El “verdadero pobre” sería la persona afectada por un vínculo temprano aterrador que no ha podido superar. Esa persona está condenada a hacer del sufrimiento el núcleo de su narrativa identitaria. Vivirá en el rencor y el resentimiento. Tendrá grandes dificultades para amar. Su agencia y libertad estarán muy afectadas. El “verdadero pobre” resulta del desamor y se encuentra tanto entre los sectores altos como en los bajos. Las personas que han logrado transfigurar sus imagos maternas y paternas acceden a la libertad y el amor. Entonces, en un sentido sustancial son ricas o afortunadas aun cuando no tengan mayores recursos. Por tanto, el aporte kleiniano favorece la visibilización de un hecho obvio pero que el economicismo oculta: es decir hay muchos ricos entre los pobres y muchos pobres entre los ricos. Los vínculos tempranos y la manera en que son procesados son otra vez decisivos.

Relativizar la identidad revelándola como un constructo social que se impone sobre los individuos. La manera de escapar de la polaridad entre la fragmentación esquizoide y la compulsión obsesiva sería la ruptura del vínculo aterrador y la construcción de un espacio transicional gracias a la simbolización. De esta manera es posible la libertad.

De alguna manera, el pensamiento de Klein implica reivindicar la idea de una “naturaleza humana”. Una suerte de “sustancia transcultural” común al género humano. Las emociones arcaicas no son aprendidas sino resultan de pulsiones cuyas vicisitudes tienen que ver en un inicio con los vínculos familiares tempranos.

La perspectiva de Klein nos dice que el sadismo es anterior a la posibilidad de amar, que la crueldad es más instintiva que la piedad, que el amor es una reparación de nuestra tendencia a herir. Entonces, la piedad no es automática, sino que depende, otra vez, de la calidad de los vínculos tempranos. Y, desde luego, de las ideologías que la fomenten o la obstruyan.

En términos de política el pensamiento de Klein lleva a dar una gran importancia a la familia y la escuela. De un lado los vínculos tempranos y del otro la potenciación del pensamiento son los instrumentos que nos permiten enfrentar en mejor pié la dureza de la vida.

3.- Melanie Klein y la comprensión de las mentalidades colectivas en el Perú.

Quisiera discutir tres aspectos de las mentalidades colectivas teniendo como referencia las contribuciones kleinianas no sólo para servirnos de ellas sino también para discutirlas.

Primer aspecto

La pervivencia de la magia y la debilidad del racionalismo son en la sociedad peruana como la cara y el sello del mismo fenómeno. Quizá los síntomas más visibles de esta situación sean, de un lado, el bajo rendimiento escolar y, del otro, la persistencia de una manera de vivir el mundo donde lo extraordinario es una referencia siempre presente. Lo inaudito ocurre todos los días y la credulidad es una actitud natural. Digamos que en el Perú la criatura humana, sobre todo la del mundo popular, está más sujeta a sus afectos, más a merced de ellos, de lo que ocurre en otras partes nuestro planeta. .

Desde las metrópolis, y los sectores medios de la periferia, esta situación es apreciada con ambivalencia. Para el discurso economicista, que es el dominante y que se articula desde una (in)conciencia de (in)satisfacción, esta situación se tematiza (despectivamente) como pobreza y subdesarrollo. Para el discurso exotista, que es subordinado y que se elabora desde el desencanto y la nostalgia, esta misma situación se tematiza (con cierta envidia) como propia de un mundo encantado donde discurre libre la espontaneidad.

Para avanzar en el análisis es conveniente remitirnos a un caso. Me referiré a un episodio de pánico colectivo ocurrido en 1988 en Lima . En ese año, en medio de la crisis económica y la violencia política, la gente del mundo popular urbano estaba muy angustiada. Lo interesante del caso es que el miedo se atribuye a la presencia de los “sacaojos”.Se imagina que hay personas desalmadas, médicos gringos y matones negros, que roban los ojos de los niños pobres para venderlos luego con grandes ganancias. Desde una perspectiva kleiniana se podría hablar de una “regresión paranoide” pues el episodio de los sacaojos es la actuación de un delirio colectivo en cuyo origen está el abandonarse al terror de ser perseguido por fuerzas poderosas y maléficas. Una regresión de este tipo ante situaciones difíciles es mucho más probable en sociedades donde la capacidad de simbolización no ha logrado consolidarse de manera que las imagos aterradoras están casi a flor de piel. En general, extrapolando a nivel social los planteamientos de Klein, podríamos decir que en un grupo humano donde el principio de realidad no está consolidado, o está perturbado, son mayores las posibilidades de que un acontecimiento traumático sea enfrentado mediante fantasías que conllevan explicaciones terroríficas que promueven una acción ilusoria e ineficaz.

Ahora bien las extrapolaciones entre lo individual y lo social requieren de mucha prudencia. No obstante, es razonable suponer que un comportamiento colectivo como el descrito implica que habría algo en común entre la gente. Desde la perspectiva de Klein eso común podría ser en este caso, primero, la similitud de los vínculos tempranos y, segundo, la semejanza en el grado de desarrollo de la capacidad de simbolización. Ahora bien la similitud de los vínculos tempranos, y las imagos maternas respectivas, podría fundarse en la prevalencia de normas de crianza culturalmente definidas. La maternidad, por ejemplo, es un vínculo muy reforzado en sociedades patriarcales que suponen ciertas concepciones o discursos sobre la familia donde la mujer tiene que ser abnegada en el cuidado de sus vástagos. En las sociedades modernas la maternidad compite, como valor que define lo femenino, con el desarrollo profesional que ha pasado a ser también una actividad muy valorada. En todo caso el ideal de la familia popular es una crianza donde la madre esté muy presente . A veces el período de lactancia puede extenderse hasta los dos años. Se trata según Klein de un factor muy favorable para el equilibrio y desarrollo de los niños.

De otro lado, está la capacidad de simbolización. Para Klein ella tiene que ver con la posibilidad de transitar por la “posición depresiva”. En efecto en esta posición el niño, que se enfrenta a una situación de aislamiento y de pérdida de la fusión imaginada con su madre, se ve estimulado a comprender como inevitable y hasta fecunda su nueva situación pues le abre las puertas al control del mundo real. Se trata de lograr el desarrollo de un espacio reflexivo que es clave para desarmar el poder de lo terrorífico. Ahora bien, la capacidad de simbolización puede ser vista también como un hecho determinado por lo social. En efecto hay sociedades que valoran mucho el desarrollo de un juicio propio y de la individualidad, mientras que hay otras donde más importante es el sometimiento a las creencias colectivas. En las primeras se hace énfasis en la creatividad personal, en las segundas sucede lo mismo con la obediencia. Entonces habría que decir que en las primeras se realiza un gran esfuerzo por convertir a la persona en “autora”. Y lo central de este esfuerzo es educar el pensamiento. La educación de la capacidad de pensar ocurre en la familia y la escuela y supone, centralmente, el desarrollo de las habilidades lingüísticas mediante el diálogo y la comunicación personalizada. De esta manera el niño es capaz de desarrollar su propio juicio en vez de depender del estereotipo colectivo. Es claro que esta capacidad de simbolizar, de producir juicios acertados sobre lo que pasa tanto dentro como fuera de nosotros, está menos presente y se encuentra también menos estimulada en el mundo popular. De allí tanto la tendencia a la fe como a la regresión paranoica.

Estas tesis inspiradas en el psicoanálisis kleiniano son, desde luego, discutibles. Desde el relativismo cultural pueden ser criticadas como etnocéntricas. Se podría decir que esconden un sobrevaluar la razón y que presentan los valores occidentales como si fueran naturales, universales. No obstante, creo que estas críticas pueden ser contestadas especificando que el tipo de razón que debería desarrollarse según Klein no es la razón instrumental y productivista favorecida en occidente, sino una razón más dirigida a entender la dinámica de los afectos y las relaciones personales. Es decir una razón que desarrolle la individualidad.

Para Melanie Klein el mejor de los mundos resultaría de sistemas de crianza que refuercen los vínculos tempranos y, de otro lado, de sistemas de educación que desarrollen la potencia del pensamiento. En principio este mundo mejor parece posible. Sobre todo si se redefine la paternidad de manera de liberar a la madre de todo el peso del cuidado de los hijos. En este mundo el planteamiento freudiano esbozado en El Malestar en la Cultura podría ser matizado. En efecto para Freud la civilización hace ganar al hombre en comodidad y seguridad lo que pierde en espontaneidad y goce vital. El autocontrol lo torna más productivo pero también más alejado de sus pulsiones. De allí que la humanidad occidental acumule un resentimiento contra su cultura. Esta sería la causa profunda de las guerras. Ahora bien, con Melanie Klein podríamos pensar en un desarrollo del pensamiento orientado hacia la liberación de la angustia y no hacia el autocontrol mortificante. La clave sería que esta capacidad de simbolización se dirija hacia el campo de las relaciones humanas y de la propia interioridad. Al trabajo de reparación que abre el camino del amor en vez de reiterar la violencia y el miedo. Es decir, lo que ahora se suele llamar “inteligencia emocional”. En realidad según Klein las “inhibiciones intelectuales” tienen que ver con miedos y fantasías que paralizan el desarrollo de las capacidades de simbolización. Digamos, por ejemplo, que el niño no quiere tomar conciencia de sus impulsos sádicos pues está demasiado asustado . Entonces estará bloqueado el camino que transforma la angustia en pensamiento. Sólo quedan las defensas regresivas frente a la angustia. O, en todo caso, la sublimación productivista que no respeta la individualidad, tal como acontece en el occidente capitalista. En ese mundo mejor inspirado en Klien la gente estaría más abocada al desarrollo de sus vínculos y de su creatividad y menos tiranizada por la normatividad social y/o por los imagos aterradores.

Volvamos entonces al inicio. Como se sitúa la sociedad peruana frente a este mundo mejor. La gran importancia que tiene la familia y los vínculos tempranos es un activo que habría que preservar y acrecentar. De otro lado también es un hecho favorable que la razón instrumental y la sublimación represiva que fomenta no sea un hecho dominante. Entonces el aspecto a trabajar sería el desarrollo del pensamiento en una clave distinta. Una capacidad de simbolización que nos aleje del terror primordial de la existencia pero sin ponernos en manos de la obsesión que aliena la vida al servicio de algún ídolo. El desarrollo de las capacidades intelectuales al servicio de una vida más plena. Para decirlo con palabras de Klein:

“Y para terminar, una buena relación consigo mismo condiciona el amor, la tolerancia y la buena disposición a los demás. En particular esta buena relación deriva de, como intenté demostrar, de una actitud amistosa, comprensiva y afectuosa hacia los demás, o sea hacia aquellos que tanto significaron para nosotros en el pasado y cuyo vínculo con nosotros integra nuestra mente y personalidad. Si en lo más hondo del inconsciente logramos superar los rencores contra nuestros padres y perdornarles las frustraciones que debimos sufrir, podemos entonces vivir en paz con nosotros mismos y amar a otros en el verdadero sentido de la palabra”

Segundo aspecto

La renegación y el “olvido” son recurrentes en la sociedad peruana. Parece que entre nosotros no hubiera la capacidad para elaborar una memoria que permitiera aprender de la experiencia. Entonces las mismas cosas se repiten, una y otra vez. Tropezamos con las mismas piedras. Entonces cómo explicar esta desorientación (casi) permanente.

Pongamos como ejemplo el período de la violencia y el informe de la CVR. En realidad muchos sabían de antemano lo que el informe dejo establecido. No obstante, esa misma gente cree que si niegan los hechos ellos no han existido. Entonces se lucha contra la lucidez y la mala conciencia a costa de una escisión, de la pérdida de sentido de realidad y coherencia. Se trata de una defensa maníaca, omnipotente. Se supone que basta con creer algo para que ese algo sea cierto. O creer que no existe para que sea falso. Se trata de un rasgo colectivo que evidencia lo que con Melanie Klien podría llamarse una débil capacidad para simbolizar. Otras maneras de llamarlo sería “proclividad al dogmatismo”, o también “debilidad del espíritu crítico”. En todo caso el dogmatismo es una especie de credulidad que impide un diálogo con la experiencia en la medida en que esta es renegada en función de un deseo maniaco. Tenemos entonces, de un lado, la fuerza del deseo y, del otro, la debilidad del pensamiento. En la articulación de ambos factores se produce la renegación.

Muchos comunicadores dicen que en la lucha contra la insurrección senderista hubo muchos “excesos” puntuales. Pero no una política deliberada de matar gente. Desde luego que estos comunicadores saben ello no es cierto pero piensan que mejor es creerlo pues ello debería ser la verdad .

El dogmatismo y la incapacidad para dudar tienen que ver con la prevalencia de la fragmentación y lo esquizoide. En efecto, la renegación, dice Melanie Klien, tiene un carácter omnipotente y maniaco pues es un intento de superar la frustración a través de ignorar su abrumadora realidad. Esta escisión de la realidad entre aquello que se sabe y aquello que se admite se reproduce en el propio yo que sufre entonces las angustias propias a la sensación de despedazamiento.

El dogmatismo es una de las marcas de la educación peruana centrada en la memoria y la repetición, reverente de la autoridad, desconfiada de la capacidad del estudiante y fomentadora de su pasividad; en definitiva, encaminada a producir repetidores en vez de creadores o autores. La lucha por el desarrollo de la capacidad de pensar, contra el dogmatismo, pasa por transformar los vínculos sociales, especialmente en la escuela.

Tercer aspecto

Modalidades de presencia de lo arcaico.

La creatividad, la lucidez y la reparación no son actitudes totalmente extrañas en el Perú. No obstante, desde el pensamiento kleiniano podría decirse que no son la norma puesto que en nuestro país dominaría lo “arcaico” no reelaborado. Es decir, el vínculo aterrador con la madre que impide la separación. Este proceso de separación, como se ha visto, sólo puede lograrse mediante el simbolismo y la constitución consiguiente de un espacio psíquico, donde el individuo, al conocerse y tomar distancia frente a lo arcaico, puede reinventarse a sí mismo y reencontrarse con la madre a través de la reparación del vínculo. Entonces lo arcaico no es solo lo negativo de lo que hay que librarse. Por el contrario es necesario un reencuentro fecundo con lo arcaico. Ello porque el cuerpo de la madre está también habitado por objetos buenos. En lo arcaico está la matriz de nuestros goces y felicidades. Entonces una reelaboración que dulcifique la imago materna convirtiéndola en amiga y protectora es absolutamente necesaria. Es la única manera de superar el terror y recuperar la satisfacción. Se quiera o no lo arcaico sigue vigente en el adulto.

El pasado vive pues en el presente pero puede ser reelaborado para permitir una vida menos sierva, más fecunda. Digamos que la historia no es tanto lo que fue sino lo que tuvo que ser para que seamos como somos. Ahora bien, me parece que estas ideas pueden extrapolarse a lo colectivo. El concepto braudeliano de larga duración es una ayuda. Podríamos decir con Braudel que las mentalidades son fenómenos de larga duración. De otro lado, una comunidad dice Zizek se define por modos compartidos de goce. Las modalidades del goce están fijadas por la cultura y se reproducen en las costumbres a través de los siglos. Sería necesario hacer una historia de los goces en la sociedad peruana. Quizá un buen punto de partida sería la recurrencia de la procesión y de la fiesta como ritos vigentes desde épocas prehispánicas. En la procesión se evidencia un goce en el sometimiento. La gente que carga y/o reverencia el icono se siente más limpia y ligera porque está obedeciendo un mandato; entonces tiene la fe de que, a cambio de su sacrificio, todo lo bueno sucederá. Los sentimientos de comunidad, de regocijo y autoestima quedan potenciados. De otro lado, los iconos corresponden, la mayoría las veces, a imagos terroríficas: Cristos sufrientes, Marías dolorosas, santos martirizados. No obstante la procesión y la fiesta coexisten escindidamente. En la fiesta el goce esta en el cuerpo. Comida, baile, sexo. Expansión y alegría que se potencian gracias a la comunión entre las personas.

Entonces sería necesario reparar nuestra historia. Reelaborar y recuperar lo arcaico, purgarlo de lo aterrador, convertirlo en fundamento de nuestra identidad colectiva. Es interesante observar, como lo ha señalado Monsivais para el caso mejicano, que mucho de ello está ocurriendo en el espacio de la revaloración del arte prehispánico. Hasta fines del 19 esos objetos (telas, huacos, construcciones, etc.) solo tenían el valor de la materia de la que estaban hechos. Las primeras colecciones de arte peruano son de justamente de esa época. Ahora la situación es muy distinta. Un manto paracas, un huaco moche, una construcción inca, una pintura chimú; todos estos objetos despiertan admiración y orgullo. Se han convertido en un patrimonio. Estos objetos no son percibidos solo como “bonitos”. Son valorados como “recuerdos del futuro” es decir como manifestaciones de una vitalidad que también está en nosotros y que nos indica un camino para el porvenir que se hace, así, más auspicioso.

Pero la definición de lo arcaico, y su (no) lugar en el Perú de hoy son el centro de una polémica que atraviesa la sociedad peruana. Vargas Llosa asimila lo arcaico a lo que no tiene ni sentido ni utilidad, pero que es preservado por la pura inercia. Entonces, para modernizarse el Perú tendría que purgarse de ese lastre no occidental: del quechua, la aspiración comunitaria, la envidia hacia el éxito. Normalizarse de acuerdo a una pauta de desarrollo pensada como universalmente válida. De otro lado, Arguedas, sin embargo, piensa que lo “arcaico” es una herencia a la que no debemos renunciar, pues representa el fundamento de nuestra originalidad histórica. En eso que se llama “lo arcaico” estarían los gérmenes de una modernidad que supere el colonialismo, que permita una reconciliación del Perú con su propia historia. A menudo se recuerda que arcaico viene de “arque” que significa, a la vez, principio y fundamento. Con este recuerdo etimológico se implica que la renuncia no sólo es indeseable sino también imposible. Desde la perspectiva de Melanie Klein, lo arcaico está asociado, sobre todo, a la pulsión de muerte, a la indiferenciación con la madre, a la preeminencia del odio y la fragmentación. Pero también está asociado a los objetos buenos y a las satisfacciones intensas. En cualquier forma todos estamos constituidos en lo arcaico, y éste nunca puede ser superado, siempre recurre, por más que hayamos logrado un espacio transicional que fundamente nuestra individualidad. Además, este espacio de libertad se construye sobre la base de las propias fuerzas de lo arcaico, transformando la violencia en reparación y gratitud. Entonces, desde la perspectiva kleiniana, la pretensión de una modernidad sin historia sería una ilusión maníaca, una renegación de la vigencia de aquello que nos ha constituido. Sin embargo, a diferencia de Arguedas, Klein piensa que lo arcaico es mayormente negativo y su positivización pasa por el duelo y la tristeza; sólo en estos estados anímicos sería posible esa positivización o sublimación de transfondo constitutivo. Esta positivización implica, además, un trabajo de simbolización que supone razonar los desgarramientos de lo arcaico. En síntesis, mientras que Vargas Llosa propone la compulsión modernizadora, en Arguedas se insinúa la posibilidad de una reparación. No obstante, como se ha señalado, la reparación es una actitud poco frecuente en un país donde hasta ahora predomina lo esquizoparanoide.

Pero pueden señalarse intentos muy valiosos. En su pintura Las Tres Razas, Francisco Lazo imagina a tres niños (blanco, negra e india) jugando naipes. Una integración niveladora aparece como posible. El propio informe de la Comisión de la Verdad llama a reconocer nuestros problemas como sociedad, el odio, el racismo, la falta de integración, en una palabra, el transfondo arcaico, pues sólo desde allí es posible refundar una convivencia fecunda.

ORACION DE LA PROSPERIDAD.
La Fe mueve montañas.

Esta carta ha sido enviada por una hermana cristiana de los Estados Unidos a quien le pedí ayuda para una comunidad campesina en el Perú y ella me la envió. Y después de leerla con mucha fe, recibí una llamada donde me aceptaban como proveedora de una de las instituciones más grandes de nuestro país. Créanlo o no, por eso quiero retransmitirte la oración y que Dios bendiga tu necesidad financiera y la satisfaga el doble.

Posdata: un ejemplo de la renovada vigencia de lo arcaico

Hace poco recibí un correo electrónico conteniendo una oración que me pareció de lo más curiosa y sintomática de la mentalidad popular peruana. Transcribo el texto para proceder luego al análisis respectivo.

La bendición financiera:

Dios Padre celestial, el más Cortés y Amoroso, yo oro para que bendigas a mi familia abundantemente. Yo sé que tú reconoces, que una familia es más que sólo una madre y padre, hermana y hermano, marido y esposa, donde todos creen y confían en ti. Mi Dios yo te elevo una oración para que puedas bendecirme financieramente.

Asi mismo deseo esta bendición financiera, no sólo para la persona que me envió este correo sino para todos a los que yo se los transmitiré y a todos los que en adelante lo reciban. Sabemos que el poder de la oración unida por todos aquellos que creen y confían en ti Padre Amado es lo más poderoso que puede existir. Yo te agradezco de antemano tus bendiciones.

Que DIOS Padre, le entregue ahora mismo a la persona que lee esto, la cancelación de todas sus deudas y cargas. Que derrame su piadosa sabiduría y que podamos ser unos buenos servidores y administradores de las bendiciones financieras de Dios.

Sabemos lo maravilloso y poderoso que eres, y sabemos que si apenas te obedecemos y caminamos en tu palabra y tenemos la fe del tamaño de una semilla de mostaza, tú derramarás sobre nosotros todas tus bendiciones.

Te agradezco ahora Señor por las bendiciones que acabamos de recibir y las bendiciones por venir.
En el nombre de Jesús yo oro, Amén

Tómate 60 segundos para enviarlo de una sola vez, y dentro de horas habrás causado que una multitud de personas hayan orado por nosotros y para nosotros. Entonces siéntate y mira el poder de Dios, su trabajo en tu vida por hacer las cosas que tú sabes que Él ama.

Lo que sorprende de esta oración es la mezcla de credulidad y pragmatismo, una suerte de giro utilitarista de la fe. Creer firmemente en el padre debe tener una compensación financiera. Entonces, con esta oración el “padre celestial” incurriría en un compromiso. No podría quedar mal con su devoto, tendría que favorecerlo. En definitiva esta enunciación se sitúa más cerca del conjuro mágico que de la devoción religiosa. En efecto, la actitud mágica implica, en quien se abandona a ella, una pretensión de control de lo trascendente. A través del conjuro las fuerzas del más allá no pueden sino ceder a la presión del solicitante. En cambio, la devoción religiosa es humilde. Hace méritos pero no pretende controlar. Implora y no demanda.

Lo que se pide es dinero. No para sobrellevar una angustia puntual, como puede ser una enfermedad o cualquier gasto inesperado. Se demanda una suerte de póliza o cobertura amplia. Todas las necesidades serían satisfechas por la “bendición financiera”. Ahora bien, hay un aspecto esencial en esta propuesta; y es que como Dios recibe lo suyo no puede dejar de dar lo que ya vendría a ser prácticamente nuestro. En efecto lo que Dios recibe son los amores y halagos del solicitante. Bastante zalameros. Y, encima de ello, también la devoción de los que harán suya la oración. El mecanismo de la propuesta se parece a la famosa trampa de la pirámide o cadena. Una persona persuade a otras diez para que le den una cantidad de dinero. El argumento es que cada una de ellas conseguirá otras diez que le darán la misma suma. Entonces dará uno y recibirá diez. O sea, gana 9. Lógicamente en algún momento la pirámide se desfonda de manera que hay una mayoría de personas que da sin recibir. Y unos pocos, los iniciadores, que reciben sin dar. En este caso, la expectativa es que una “oración unida” refuerza el pedido del solicitante que sabe que su pretensión es apoyada por una potencialmente enorme comunidad de fieles que están tras lo mismo: la “bendición financiera”.