Bonanza macroeconómica y malestar macroeconómico: Jurgen Sculdt
El aporte más sustancial de este libro es relacionar el crecimiento económico con el bienestar subjetivo. Una primera constatación es que el aumento de ingreso familiar está asociado con un mayor bienestar, pero hasta cierto punto, a partir del cual los mayores recursos no parecen tener ningún impacto sobre la felicidad de los individuos. En Japón, por ejemplo, entre 1958 y 1990 el ingreso per cápita se multiplicó por cinco, pero sin que ello tuviera ninguna repercusión en la satisfacción de la gente. Mientras tanto, en Estados Unidos, entre 1945 y 1990 el producto por habitante se duplicó, pero el índice de felicidad permaneció prácticamente estacionario.
No obstante, esta correlación es equívoca, puesto que puede pensarse que si los ingresos no hubieran crecido, el malestar habría aumentado. Es decir, la provisión de bienes aumentó según lo esperado, de manera que la sensación de bienestar ha sido estable a lo largo de los períodos mencionados. Aunque esta posibilidad no pueda ser descartada, la hipótesis del autor en el sentido de que a partir de un umbral los mayores ingresos no generan más felicidad, puede ser mantenida.
Para la medición de felicidad el autor emplea una escala a partir de la pregunta: “¿Se considera usted satisfecho en la vida?”; siendo las respuestas posibles: muy satisfecho (3 puntos), regularmente satisfecho (2 puntos) y poco satisfecho (1 punto). En los casos que se han mencionado, Estados Unidos y Japón, el índice agregado fluctúa alrededor de 2.7 en Japón y 2.3 en Estados Unidos. Es decir, la persona promedio se considera entre satisfecha y muy satisfecha.
No ocurre lo mismo en la sociedad peruana, en la que estos índices son mucho menores y más volátiles, fluctuando entre 1.5 y 1.8. Ello significa que la persona promedio se considera entre insatisfecha y regularmente satisfecha. Hay que tener en cuenta que este índice varía considerablemente según el nivel socioeconómico, de manera que en el sector llamado A es bastante mayor que en los llamados B, C, D y E. En el A este índice fluctúa entre 1.8 y 2.2. En el otro extremo, en el E varía entre 1.77 y 1.24. La edad es también un factor importante. El índice de las personas de más de 40 años oscila entre 1.5 y 1.8. Entre los jóvenes, en cambio, los polos de la variación son 1.8 y 2.1. Respecto a la variable género, no hay diferencias significativas entre hombres y mujeres.
Debe mencionarse que las preguntas en los países desarrollados son distintas a la formulada en el Perú. En el primer caso las preguntas son: “En conjunto, ¿está usted muy satisfecho, relativamente satisfecho, no muy satisfecho con la vida que usted lleva?”. Se supone que con esta pregunta el encuestado revela su satisfacción de vida. Y para revelar la felicidad se pregunta: “Tomando todo junto, ¿cómo diría usted que andan las cosas en estos días?, ¿diría usted que está muy feliz, bastante feliz o no tan feliz?”. En el caso del Perú la pregunta se refiere a la percepción de la situación económica actual. El autor postula que al evaluar su situación económica, los encuestados se refieren también a su satisfacción con la vida que llevan.
En el Perú el índice de satisfacción tiende a variar de acuerdo con el nivel de ingresos, de manera que una caída abrupta en las remuneraciones conlleva un descenso drástico del bienestar subjetivo.
La relación entre el ingreso y la felicidad ha sido razonada desde varias perspectivas:
1) Según la hipótesis del “umbral de ingreso” habría un momento en que una mayor riqueza no acarrea un aumento en el bienestar. La gente ya cubre sus necesidades básicas y las necesidades más importantes son, entonces, la comunicación y el compañerismo.
2) La hipótesis de la “adaptación hedónica” sostiene que la gente se acostumbra a una forma de vida, de manera que evalúan su situación como estable. El bienestar estaría determinado por factores genéticos y de personalidad. No tanto por los ingresos. Desde esta perspectiva los sucesos positivos y/o negativos, en términos de ingresos económicos, tienen efectos sólo temporales sobre el bienestar. Por ejemplo, alguien se saca la lotería y está contento por un período, pero luego regresa al “bienestar acostumbrado”.
3) La hipótesis de las expectativas postula que el bienestar depende de la satisfacción de las expectativas, de manera que cuando éstas son crecientes el ingreso también tiene que serlo para que el nivel de satisfacción permanezca tal cual.
4) La hipótesis de los “bienes relacionales” sostiene que lo definitivo para el bienestar son las relaciones con las personas. En la medida en que estas relaciones son satisfactorias se pueden considerar como “bienes relacionales”. Los “bienes materiales” sólo pueden sustituir hasta cierto punto a los “bienes relacionales”.
Rojas, un economista mexicano, postula que el “referente” de felicidad con que la gente evalúa su satisfacción difiere mucho entre las personas. No obstante, podrían identificarse cierto paradigmas filosóficos sobre la felicidad. Se trata de “filosofías de vida”: estoicismo (la felicidad es aceptar las cosas como son), virtud (la felicidad es actuar adecuadamente), hedonismo (la felicidad es gozar de lo que se tiene), carpe diem (la felicidad es apreciar cada momento de la vida), satisfacción (felicidad es estar satisfecho con lo que tengo y soy), utopismo (felicidad es un ideal inalcanzable al que nos acercamos), tranquilidad (felicidad es vivir sin mirar lo que no se puede lograr) y realización (felicidad es desarrollar plenamente nuestras capacidades). La filosofía de vida que está asociada a un mayor impacto del nivel de ingreso sobre el bienestar es la de carpe diem. En cambio en la filosofía de la tranquilidad el aumento del ingreso puede producir una disminución de la felicidad.
Comentarios:
1) No es claro a qué se refiere la gente cuando se declara satisfecha o insatisfecha. Desde luego, la presunción es que al decidirse por una respuesta, las personas hacen una evaluación comprensiva de su grado de satisfacción en la vida. No obstante, hay sociedades donde declararse insatisfecho es muy mal visto. Sería representar la figura del perdedor o don nadie. En otras sociedades, en cambio, prima el deseo de ocultar la satisfacción, puesto que se considera que no conviene hacer aspavientos sobre el propio bienestar, pues uno podría ser objeto de envidia y maledicencia. En el mismo sentido, la humildad aconseja no ufanarse, sino, más bien, ser sencillo hasta rebajarse un poco. Parte de las diferencias en el índice de bienestar entre Estados Unidos y el Perú podría atribuirse al factor mencionado, pues mientras en Estados Unidos el éxito tiene una gran legitimidad, en el Perú gusta la posición de víctima.
2) La diferencia de bienestar subjetivo entre estratos sociales es muy significativa. Combinado este factor con la variable edad, resultaría que el grupo más feliz sería el de los jóvenes de altos ingresos, y el más infeliz fuera el delos adultos mayores con menores ingresos. Ahora bien, las diferencias en el nivel de bienestar no son tan radicales como las existentes entre los niveles de ingresos. Esto induce a pensar que la gente de los estratos más pobres le piden menos riqueza a la vida y/o cultiva otro tipo de bienes, los llamados “relacionales” como forma de sobrevivir.

Estoy investigando sobre relación entre género o sexo y felicidad. Parece que no hay una relación clara entre ambas variables, pero recuerdo haber leido una investigación de 1970 o poco antes (previo el auge del feminismo) donde se informaba que el nivel era mejor en mujeres. Tengo la impresión que la incorporación de la mujer a una vida más activa podría estar ocasionando aumento en algunos factores de satisfacción y disminución en otros. El saldo neto parece levemente negativo para las mujeres.
Comment by ricardo — 2008 05 @ 2:38 am