Nadie tuvo jamás una idea tan original de la conjunción “y”: el alma y el cuerpo. Cada individuo, alma y cuerpo, posee una infinidad de partes que le pertenecen bajo una cierta relación más o menos compuesta. Cada individuo también está compuesto por individuos de orden inferior y entra en la composición de individuos de orden superior… Los afectos son devenires: unas veces nos debilitan, en la medida que disminuyen nuestra potencia de obrar y descomponen nuestras relaciones (tristeza), y otras nos hacen más fuertes, en la medida en que aumentan nuestra potencia y nos hace entrar en un individuo más amplio o superior (alegría). Spinoza no cesa de asombrarse del cuerpo… de lo que puede el cuerpo. Y es que los cuerpos no se definen por su género o por su especie, por sus órganos y funciones, sino por lo que pueden, por los afectos de que son capaces, tanto en pasión como en acción.
Spinoza quiere eliminar la pseudo - superioridad del alma sobre el cuerpo. Hay el alma y el cuerpo, y los dos expresan una misma y única cosa: un atributo del cuerpo es también un sentido del alma. Tanto en el cuerpo como en el alma hay mucho de desconocido. Los poderes establecidos tienen interés en comunicar los afectos tristes que son todos aquellos que disminuyen nuestra potencia de obrar. Esos poderes necesitan de ellos para convertirnos en esclavos. El tirano, el cura, el ladrón de almas necesitan persuadirnos de que la vida es dura y pesada. Los poderes tienen necesidad más de angustiarnos que de reprimirnos o, como dice Virilio, de administrar y de organizar nuestros pequeños terrores íntimos… Los enfermos, del alma tanto como del cuerpo no nos dejarán, vampiros que son, mientras que no hayan conseguido contagiarnos su neurosis, su angustia, su castración, su resentimiento contra la vida… no es fácil ser un hombre libre: huir de la peste, organizar encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los afectos que expresan o desarrollan un máximo de afirmación. Con Spinoza la filosofía se convierte en el arte de un funcionamiento, de un agenciamiento. El alma no está ni encima ni dentro, está con el cuerpo, expuesta a todos los contactos, a todos los encuentros, en compañía de todos los que siguen el mismo camino, sentir con ellos, captar el vuelo de la liberación de su alma y de su carne. Justo lo contrario de una moral de salud. Enseñar al alma a vivir su vida, no a salvarla.