A menudo me veo pasar muy rápido ante el espejo de la vida, como la silueta de un loco (cómico y trágico a la vez) que se mata siendo infiel por espíritu de fidelidad.

Siempre me reconocí en la figura del heredero. El heredero debe responder a una asignación contradictoria: primero, hay que saber y saber reafirmar lo que vienen “antes de nosotros”, y que por tanto recibimos antes incluso de elegirlo, y comportarnos al respecto como sujetos libres. Reafirmar es reactivar la herencia de otro modo y mantenerla con vida. No escogerla, sino escoger conservarla en vida. En el fondo, la vida se define acaso por esa tensión interna de la herencia, por esa reinterpretación de la circunstancia del don. Esa reafirmación que continúa e interrumpe se asemeja a una elección. Habría que pensar la vida a partir de la herencia, no a la inversa. Por lo tanto, habría que partir de esa contradicción formal y aparente entre la pasividad de la recepción y la decisión de decir “sí”, luego seleccionar y no dejar intacto ni siquiera eso que se dice respetar ante todo.

Esta doble exhortación implica intervenir activamente para que tenga lugar una transformación digna de tal nombre: para que algo ocurra, un acontecimiento, la historia, el impredecible por-venir.

Mi deseo se parece al de un enamorado de la tradición que quisiera liberarse del conservadurismo.

La deconstrucción implica un trabajo conceptual de apropiarse de lo que se hereda “pero sólo hasta el punto en que cierta escritura pensante excede la agarrada o el dominio conceptual. Entonces intenta pensar el límite del concepto… Es necesario ser fiel a la herencia para reinterpretarla y reafirmarla interminablemente… Pero la misma finitud obliga a escoger… El concepto de responsabilidad no tiene el menor sentido fuera de la experiencia de la herencia… Uno es responsable ante lo que lo precede, pero también ante lo venidero y que, por tanto, aún está delante de uno. Delante dos veces, delante de lo que debe de una vez por todas, el heredero está doblemente endeudado. Siempre se trata de una suerte de anacronía: anticipar en nombre de aquello que se nos anticipa, y anticipar el mismo nombre”.

La deconstrucción implica identificar el “momento dogmático” – el residuo de credulidad –.

La idea de herencia implica no sólo reafirmación y doble exhortación, sino a cada instante, en un contexto diferente, un filtrado, una elección, una estrategia. “Un heredero no es solamente alguien que recibe, es alguien que escoge, y que se pone a prueba recibiendo”.