1. Una comunidad aislada que tiene necesidades colectivas de sus gentes, tiende a generar un poder que le permita movilizar adecuadamente sus recursos de manera de dar solución a sus problemas. Esta solución se encuadra en un contexto fervoroso y festivo, aunque también hay espacio para el conflicto entre los poderosos y los más débiles dentro de la comunidad.

2. Cuando esa comunidad es conciente de ser parte de una sociedad más amplia, donde existen oportunidades que le permiten solucionar sus problemas, estará, entonces, tentada a conectarse con los agentes de esa sociedad y a generar un sentimiento de insatisfacción y expectativa en torno a lo que pueda hacerse por ella.

3. La comunidad se politiza cuando las expectativas difusas se convierten en una demanda organizada hacia el Estado u otras instituciones, gracias a intermediarios políticos, técnicos, religiosos.

4. La aparición de la sociedad global en la comunidad implica el debilitamiento de lazos comunitarios, y la aparición del individualismo y de los vínculos con la sociedad más amplia.

5. Los agentes políticos suelen formular propuestas clientelistas del tipo “dame tu apoyo que yo conseguiré lo que tú quieres”. La participación espontánea va perdiendo vigor y sólo lo readquiere cuando ésta se encuentra acompañada de un elemento festivo que la hace satisfactoria de por sí.

6. La presencia del Estado hace retroceder a la comunidad, por cuanto representa una forma más económica de solucionar los problemas.

7. Los ámbitos comunales en la vida de una población van perdiendo fuerza conforme ésta se encuentra penetrada por las fuerzas del mercado y del Estado. Los organismos comunitarios tienden a ocuparse de funciones muy especializadas. El liderazgo dentro de estos ámbitos es cada vez menos representativo. Surge, entonces, el líder profesionalizado que implora a sus representados una participación que le dé sentido.

8. Lo comunal queda relegado a lo festivo en sus vertientes religiosa y profana. No obstante, como instrumento eficaz tiende a perder influencia, capacidad de convocatoria y movilización.

9. Un reforzamiento súbito de lo comunal puede provenir de una insuficiencia drástica del Estado, del incumplimiento de esas expectativas colectivas que los intermediarios pretendieron asumir. La comunidad que retorna será una comunidad indignada más atenta a reivindicar contra el Estado que a solucionar directamente sus necesidades colectivas. Surge, entonces, el fenómeno de la masa, que implica la desaparición de la ciudadanía y la sociedad política, y fusión de las personas en una masa o colectividad donde no hay espacio para la diferencia. Según Canetti, la experiencia de la masa es muy satisfactoria, puesto que dentro de ella las personas viven una situación de indiferenciación en igualdad que es muy gozosa, ya que implica la reversión momentánea del individualismo predominante. Son momentos de solidaridad en los que se produce una fervorosa comunión. Por su lado, Hannah Arendt señala que en la masa la densidad es tan fuerte que no hay espacio para el disenso y la argumentación. La política desaparece y es sustituida por “el pasaje al acto”, la acción directa. Canetti señala la existencia de diversos tipos de masa: festiva, de lamentación, de inversión, de acoso y de multiplicación. En el Perú estamos existiendo a una regresión de la ciudadanía en masa de acoso de base regional o étnica. Otra vez, según Canetti, es poco lo que se puede hacer con la masa, pues siempre se reorganiza para alcanzar sus objetivos y sólo cuando los cumple se dispersa. Salvo, quizá, que sea salvajemente reprimida.

10. Las comunidades tienden a perder convocatoria en la medida en que la acción de los organismos estatales es satisfactoria. El ciudadano reclama lo que cree sus derechos, ya no está dispuesto a trabajar “gratis”, aunque de este trabajo se deriven beneficios para él. Su argumento no deja de ser poderoso, “¿por qué si a otros les dan, no me dan a mí?”. El sentimiento de ser excluido genera furia.

11. El desafío de un programa que pretenda convocar a la participación es, pues, muy grande, ya que se trata de rescatar el aspecto comunitario que el propio Estado y los políticos debilitan. Entonces, se trata de cómo crear una mística de la participación que reavive lo comunitario para potenciar la acción que busque el bien común.

12. Hay quienes piensan que la interacción del Estado “malogra” a la gente, pues destruye la comunidad, la autonomía, haciendo que las personas ya no estén dispuestas a colaborar en su propio beneficio. Entonces, son reacios a distribuir alimentos como contraprestación a los trabajos de los pobladores. Desgraciadamente esta posición choca con la metamorfosis del comunero en ciudadano.

Estas notas son reflexiones a partir de las lecturas de los textos de Eleana Llosa y el equipo de estudiantes de sociología Verónica Alzamora, Claudia Bielich, Diego Ponce de León y Sergio Tejada. También de las reflexiones conceptuales de Elías Canetti y Hannah Arendt.