Luce Irigaray y su concepción de una alteridad radical
En contra del llamado feminismo de la igualdad, Luce Irigaray quiere conceptualizar una forma de estar en el mundo – la femenina – que es radicalmente otra respecto a la masculina. Este intento le ha valido el cargo de esencialista, pues no llega a estar del todo claro dónde están las raíces de la diferencia. No obstante, la perspectiva de la autora es extremadamente sugerente, representando una nueva manera de pensar las relaciones entre hombres y mujeres.
Irigaray parte de su experiencia personal para postular que los hombres y mujeres son distintos en tres aspectos decisivos: “el sujeto femenino privilegia, casi siempre, la relación entre sujetos, la relación con el otro género, la relación de a dos”. En cambio, los hombres se inclinan por una relación sujeto – objeto, que se realiza a través de un instrumento o elemento mediador. Finalmente, en vez de la relación de a dos, los hombres prefieren la relación yo – ellos.
En base a estas diferencias, Irigaray revisa las concepciones del amor carnal presentes en Sartre, Merleau-Ponty y Levinas.
Para Sartre el cuerpo es una facticidad, pero también es conciencia de sí y para sí. Siendo la conciencia trascendente al cuerpo. Entonces, la relación carnal supone “el hechizo”, el descenso y disolución de la conciencia en el cuerpo en un sí pleno que se da al otro. Entonces, el otro posee mi trascendencia.
El problema con la concepción sartreana es que el hechizo del sí pleno implica una conquista o posesión que lo devalúa. En efecto, desde el momento en que hemos “capturado” el deseo del otro, ese otro pierde su libertad y su valor. De ahí que la relación desemboque en la “náusea”. Irigaray piensa que el conflicto para apropiarse de la libertad del otro, para poseerlo o conquistarlo, pierde sentido cuando asumimos que el deseo se alimenta de una irreductible alteridad: “tú que no eres ni serás jamás yo ni mío, tú me eres trascendente en cuerpo y en palabras, en tanto encarnación que no puedo apropiarme sin alienar mi propia libertad. Querer poseerte equivale a un sueño solitario, solipsista, y olvida que tu conciencia y la mía no obedecen a las mismas necesidades”. Entonces, la única manera de “dejar ser la trascendencia entre nosotros” es renunciando a la captura o al hechizo. Si ésta llegara a producirse la consecuencia sería la desaparición de la creatividad en una rutina que mutila la trascendencia, la posibilidad de lo nuevo.
Para Merleau-Ponty la sexualidad aparece como “indeterminación” o “ambigüedad”. Como una atmósfera ambigua coextensiva a la vida. De esta manera, la atracción como impresión se convierte en algo amenazador que dificulta o imposibilita las relaciones entre hombres y mujeres. La consecuencia “natural” de la atracción sería el amor carnal. Entonces, en la medida en que el fantasma del amor carnal está presente en las relaciones entre hombres y mujeres, sucede que éstas se convierten en tan deseables como amenazantes, y hasta imposibles. Irigaray piensa que esta concepción de la sexualidad no favorece la intersubjetividad, pues resulta que los actos, los sentimientos y las sensaciones se vuelven equívocos, hasta angustiosos.
A esta fenomenología de la sexualidad como atracción indeterminada en su destino, Irigaray contrapone la importancia de la percepción. La necesidad de desarrollar una “cultura de la percepción”. “La percepción representa un camino posible para reconocer al otro respetándolo como sujeto, y para permitir la percepción del otro sin dejar de ser sujeto”. A diferencia de la impresión que es un registro meramente sensible, la percepción supone una inteligencia de la sensación que implica la posibilidad de colocar esa sensación en una gama de posibles contextos. Entonces, para Irigaray la atracción no tiene que estar necesariamente asociada al amor carnal. La atracción podría contenerse en modos de intersubjetividad en los que su influencia quedara acotada como un elemento valioso y reconocible, pero no necesariamente indeterminado. Entonces, las relaciones no posesivas, de amistad, entre hombre y mujer fueran posibles. Es decir, yo registro en mi sensibilidad una atracción, pero soy conciente que ésta puede encuadrarse en diferentes tipos de relación.
La cultura de la percepción nos arranca del supuesto determinismo de la atracción sensible. La actitud contemplativa, no posesiva, es fundamental para el desarrolla de tal cultura. “La contemplación de la flor por Buda sugiere que tenemos que educar la percepción del mundo que nos rodea, que podemos percibirnos el uno al otro: como vida, como libertad, como diferencia”. Esta cultura de la percepción implica, pues, ir más allá de la sensación que nos dicotomiza como sujetos u objetos. En realidad supone una suerte de revolución conduce a modificar nuestras relaciones amorosas, sean éstas íntimas o comunitarias. “En realidad no hay ruptura entre la intersubjetividad en sentido estricto y la intersubjetividad en la vida colectiva, y los cambios deseables en las relaciones entre hombre y mujer, hombres y mujeres, contribuyen a un camino útil para el conjunto de las relaciones sociales”.
Comentario:
Los planteamientos de Irigaray implican que cualquier filosofía del sujeto que parta del individuo es radicalmente falsa, pues supone hacer colapsar el dos en el uno. Abolir la alteridad. La intersubjetividad es más primordial que la individualidad. En particular, es en la relación hombre – mujer donde se plantea la alteridad como irreductibilidad del otro que, en su congruencia con su sexo, no puede ser ni mío ni igual a mí. Sólo desde el respeto a la alteridad puede crearse un espacio de trascendencia “entre nosotros”. Un lugar de afloramiento de lo nuevo y de no reducción a lo mismo. Si yo no me conozco ni me poseo, menos aún puedo pretender conocer y poseer al otro u otra. No obstante, es importante señalar que la posesión y el control del otro fundamentan en mí una aparente seguridad, un yo cuya consistencia se basa en una supuesta aceptación incondicional del otro. El tema remite a los celos y la posesividad. Cuanto menos esté en contacto el individuo con los datos primordiales de su ser, mayor será, entonces, la tentación de esclavizar o conquistar al otro. El amor que no busca ni poseer ni controlar ¿puede producir seguridad? Irigaray respondería que la búsqueda de seguridad es no sólo engañosa, sino también limitante, pues se trataría de estrechar un círculo de certezas en el que termina desapareciendo lo creativo.
La posición de Irigaray es muy desafiante, pues supone que sólo enraizados en su corporalidad sexuada los individuos pueden relacionarse de una manera que permita la trascendencia. Es decir, la no posesión que evita la rutina. En realidad, se plantea una nueva forma de (inter)subjetividad: el respeto a la alteridad significa que nunca podemos dar por supuesto un compromiso definitivo. El encuentro es algo que se renueva y que sólo la fluidez de nuestra potencia de ser, la mutua presencia, permite hacer realidad el vínculo que hace posible la plenitud de las personas.
En el Perú las relaciones de pareja suelen ser posesivas de manera que los celos recurren constantemente. Este “enganche” hombre – mujer fundamenta la identidad masculina en una posesión que empobrece tanto la relación como a cada uno de los miembros como individuos. La actitud posesiva discurre desde ambas posiciones. Pero la más fuerte suele ser la masculina. De allí que la infidelidad femenina esté especialmente estigmatizada. Un hombre “cornudo” no se merece respeto ni siquiera de sí mismo. La infidelidad masculina es mucho más “tolerada” o “comprendida”: no destruye la autoestima o el valor social femeninos, pues se supone que la mujer es, sobre todo, objeto poseído.
La propuesta de Irigaray apunta a una “liberación de la diferencia”, a una complementariedad que se mantenga en la medida en que estimule la agencia y la creatividad de las personas. Por tanto, su propuesta apunta a un desarrollo de las capacidades.
Irigaray es muy persuasiva mostrando que las especulaciones de los grandes filósofos no son sino las elaboraciones de las fantasías masculinas de posesividad más comunes.

Hola, está muy bueno su blog, soy estudiante de filosofía en México y ahora realiza mi tesis sobre feminismo, en concreto prespectiva de género. Leer su blog me ha dado orientación. ¿Me podría pasar el post de Butler? No lo puedo abrir y justo en este momento estoy en ella y en Irigaray. Muchas gracias y felicidades!
Comment by Mayela A — 2008 12 @ 11:49 pm