La idea es que esa tradición no puede pensarse como una “oralidad residual”, que es un proceso comunicativo vivo, un espacio donde también se define el sujeto popular moderno, el hijo de migrantes, que hereda así un conjunto de valores y creencias contenidas precisamente en esa transmisión oral. Uno de los relatos atestiguaba la vitalidad en la urbe de una tradición colonial, de origen andino-cristiano. El tema es la aldea que es sumergida como castigo. En la tradición cristiana (Sodoma y Gomorra) las ciudades son destruidas por un desenfreno sexual ofensivo a la moralidad que Dios celosamente impone. En la tradición andina, la falta es el orgullo y la indiferencia hacia el pobre. No ser hospitalarios. La otra narrativa tiene como núcleo la relación del hombre con lo misterioso. El abuelo no cree en el poder del “tunchi”. Cuando este aparece, lo imita y ridiculiza. Pronto, sin embargo, se da cuenta que ha ido demasiado lejos. El tunchi está furioso y amenaza con matar al temerario abuelo. Finalmente, el abuelo logra ponerse a buen cubierto y escapa de la furia del fantasma. La lección es que los fantasmas no son tan poderosos pero que la temeridad del abuelo estuvo a punto de costarle la vida. Hay una suerte de empate. El “tunchi” muestra su poder que no es tanto y el abuelo logra escapar tras un susto que no había previsto.
Estos relatos no se suelen contar como mitos o leyendas sino como una reconstrucción fiel de sucesos realmente acaecidos. Esto significa que el racionalismo no tiene una presencia definitoria en la mentalidad popular. El mundo está permeado de “encanto”. Lo maravilloso es cotidiano. La tradición oral puede vitalizarse gracias al lenguaje audiovisual. El film sobre las Qarqachas reproduce las creencias sobre seres malignos. Los espectadores ven el film no como una ficción sino como una reconstrucción documental de hechos verídicos. El propio director piensa que las qarqachas son seres reales.
En conjunto tenemos pues un “proceso comunicativo subterráneo”, fundamentalmente oral y comunitario. Aunque puede también trasladarse a lo escrito y audiovisual.
La lectura de Gee “oralidad y literacidad: de El pensamiento salvaje a ways with words” tiene las siguientes ideas centrales: a) Las maneras de usar el lenguaje, los modos de comunicación de la gente se forman en la infancia temprana, b) estos modos están jerarquizados, siendo el más valorado el ensayístico, c) en realidad esta jerarquización es arbitraria pues no podría decirse que un modo de comunicación sea superior al otro, en realidad cada uno corresponde a una forma de vida; entonces puede decirse que esta jerarquización reproduce y legitima una estructura de poder, d) los modos de comunicación estructuran la subjetividad, condicionan el futuro de las personas.
El texto de Gee es totalmente contra intuitivo y muy discutible. La socialización de las clases medias está dirigida a crear un sujeto que pueda comunicarse de forma “ensayística”. Se trata de formar las habilidades que permitan al niño expresarse de una manera elaborada, precisa y económica, de forma que el discurso enunciado pueda entenderse por sí mismo, sin importar el contexto. Se valora la capacidad de síntesis, el orden expositivo, el punto de vista personal, la inexistencia de reiteraciones. La culminación de este telos es el ensayo escrito. No obstante, el género discursivo ensayístico “invade” otras situaciones comunicativas. Ahora bien, estas habilidades empiezan a formarse muy temprano en las familias de clase media donde abundan los “eventos letrados” y donde se valora la lecto-escritura. La escritura implica una distanciación y reflexividad. Es un tipo de comunicación donde es preciso tener claro que se va a decir antes de decirlo.
La comunicación en las clases populares favorece la expresión inmediata de la sensibilidad. Las relaciones pasan más por la “piel” y menos por la palabra y la escritura. El uso del lenguaje tiende a ser pragmático. Se trata de comunicar algo a alguien inmediato. Entonces se emplea los recursos de la oralidad: los gestos, la entonación, el código restringido. Aunque el mensaje no se entienda fuera de su contexto específico eso no importa. Interesa sobre todo la expresión de los estados anímicos. En este modo de comunicarse hay mucha creatividad y poesía. En la realidad, el mundo popular no hace mucho uso de la literacidad. En principio, la literacidad es muy valorada en la conciencia de las gentes pues la asocian al progreso y al poder. No obstante, en la práctica no se la cultiva. El sujeto popular reconoce la superioridad de lo escrito pero no se afana demasiado en lograr una maestría en el uso de este modo de comunicación. Prefiere lo sensible y concreto, lo inmediato.
La gente “oral” tiende a trabajar con las manos. La gente “ensayística” lo hace, sobre todo, con su mente. Gee piensa que es muy difícil que una persona pueda dominar parejamente ambos modos de comunicación pues resultan de la socialización temprana. Se trataría de habilidades contrapuestas. Esta afirmación requiere ser discutida. ¿Puede hablarse de personas semi-orales o semi-escritas? Gee también dice que cada una de ellas es adecuada a una forma de vida. La idea de una superioridad intrínseca es un prejuicio a través del cuál los “ensayísticos” legitiman sus ventajas, sintiéndose superiores e interiorizando al resto. La “inteligencia” es un “fetiche” al que se le rinde un culto interesado. Así se justifica la estructura de las remuneraciones. Un médico o abogado gana diez veces más que un obrero porque su trabajo es más “productivo”. Esta afirmación también discutible pues la forma ensayo permite comunicar lo sustancial de un asunto de manera precisa y desarrollada. Es casi imposible que un “oral” pueda producir un alegato jurídico o una crónica o hasta un testimonio. Por ejemplo, todas las narraciones del informe de la CVR han pasado por una mediación letrada. Esta mediación ordena la oralidad de manera de hacerla accesible a públicos “no inmediatos”.
También podría discutirse el “valor de felicidad” de estos modos de comunicación. La oralidad permite una expresión más contundente del propio ánimo. El ensayo implica reflexión y distanciamiento. La relación con el cuerpo en la oralidad es más espontánea. Los orales bailan mejor que los mentales. La escritura supone un ir y venir entre lo que se está diciendo y lo que se quiere decir. El desarrollo de un “espacio interior”, una comunicación intrapersonal.
