El texto de Koketím se encuentra transcrito en el libro de Víctor Vich El discurso de la calle[1] (pp. 73-78). En el análisis respectivo llegamos las siguientes conclusiones.
1. La performance de Koketím puede ser valorada como un show business, es decir, como una mercancía cultural que se vende y se compra. En esta visión se enfatiza que el propósito “final” del cómico es vender un libro. Toda la performance estaría, entonces, destinada a persuadir a sus oyentes para que compren el producto respectivo. Koketím moviliza en sus oyentes sentimientos de:
a. Solidaridad: soy como tú, ayúdame.
b. Culpa: tú has gozado con mi show y ahora te toca retribuirme, no seas mezquino.
c. Piedad: mira, yo necesito, con esto me gano la vida. Esta invocación implica un rebajarse, un mostrar la propia vulnerabilidad.
2. La visión que enfatiza la utilidad del discurso es, sin embargo, muy insuficiente. La performance de Koketím es un proceso de comunicación, donde lo utilitario está estrechamente ligado a lo expresivo y gratuito. El público no sabe que le van a ofrecer un libro y Koketím ejecuta con mucho gusto su performance.
3. La posición de enunciación varía a lo largo de la performance:
a. Aparece primero un nosotros provinciano, serrano, “auténtico huaco”. Este nosotros orgulloso se contrapone a un ellos, compuesto por los provincianos alienados, acomplejados, que se olvidan de sus costumbres, de su lengua y que llaman a sus hijos John Smith o Michael Jackson.
b. Un segundo nosotros se refiere a los peruanos. Este colectivo merece una opinión básicamente negativa. “Los peruanos somos como el chancho, tú al chancho le pones basura, bazofia, qué rico lo come, pero al chancho le pones joyas, oro, ni lo huele, así somos los peruanos, la Biblioteca Nacional vacía, a los peruanos nos ponen libros y ni nos interesa, pero nos ponen calatas, tetas, eso nos gusta, o te vas al cine Colón para mirar ‘Juana la Destrocadora’, ‘Ana la Rompecatres’… eso nos gusta”.
c. Hay un tercer nosotros que remite al primero, al de provinciano no acomplejado. Es un nosotros compuesto por los que nos esforzamos, los que apostamos por una vida mejor para nuestros hijos, los que deseamos que ellos sean profesionales.
4. Por momentos el sujeto de la enunciación es un yo que es, sin embargo, plural y diverso.
a. Un yo remite a una experiencia de orfandad temprana, a la ausencia de oportunidades, pero también al esfuerzo por conseguirlas. Para este yo lo decisivo es “la universidad de la vida”: la calle. “En la calle si tú quieres te pierdes, si tú quieres te conduces por el buen camino, yo no quise perderme, acá estoy, te estoy demostrando, mírate en este espejo, si yo fuera violador, raptador, hace rato te hubiera violado mierda”.
b. Otro yo emerge bajo el nombre de padre. Entonces Koketím se presenta a sí mismo como un padre responsable, especialmente concernido por la educación de sus hijos. Sacrificándose para que estudien en colegios particulares, teniendo éxito porque sus hijos son ya los primeros de sus respectivas clases.
5. Hay una tensión central que recorre el discurso de Koketím:
a. De un lado él manifiesta una altísima valoración de la educación formal y del conocimiento. Ser profesional es superarse y acceder a “carro, buena casa, billete a montones”. La educación es, pues, la mejor herencia.
b. De otro lado, Koketím valora la “universidad de la vida”, el ser autodidacta.
En realidad, su apreciación de los estudios y la cultura es “fetichista”, pues les da un valor absoluto que no demuestra. Se refiere a los pensamientos inmortales de los “grandes hombres”, pero sin mencionar cuáles son esos pensamientos ni tampoco en qué medida ellos podrían contribuir a una superación personal. Koketím mistifica lo que no conoce. La cultura letrada le parece muy superior. Desde la perspectiva del éxito a través de la educación, él tendría que verse como un excluido, como alguien que trata de realizarse vicariamente a través del logro de sus hijos. No obstante, desde la valoración de la “calle”, Koketím se ve como una persona lograda. No ha caído en la delincuencia y sabe ganarse la vida honradamente. Está satisfecho. Entonces, de manera supersticiosa se aprecia lo que no se tiene, pero igual se estima lo que se ha logrado.
6. El discurso de Koketím lleva muchas marcas de la oralidad. Es una performance que tiene un público definido con el que se trata de entablar vínculos a partir de la enunciación de varios nosotros. A veces se burla de su público: “a la mierda, oye muchacho ¿por qué estás ahuevado?, ¿por qué no te tomas una sopa de espermatozoides?, ¿por qué no vas a la farmacia y te tomas una pastilla de desahuevina?”. Otras veces los exhorta a esforzarse para conseguir la superación de su familia. En otras ocasiones los critica porque les falta mayor voluntad y resolución. El discurso de Koketím se sitúa en las antípodas de el modo de comunicación ensayístico: la enunciación es reiterativa, no está sujeta a una estrategia definida, abunda en referencias que no son funcionales respecto a su objetivo final, da por supuesta una confianza que el propio discurso crea, supone que el yo es parte de un nosotros; antes que trasmitir elaboraciones propias, el discurso comunica estereotipos de un sentido común popular. Y lo hace de una manera graciosa que pretende capturar la atención de sus oyentes.
7. El discurso de Koketím puede considerarse representativo de la desgarrada subjetividad popular. La alta valoración de lo letrado legitima las diferencias sociales produciendo la conciencia de ser un ignorante que no merece mucho. A contrapelo de esta internalización está presente un orgullo por haber aprendido en la “universidad de la calle”. El mismo término “universidad de la calle” es muy significativo, pues trata de valorar el aprendizaje de la cultura popular como si fuera una institución letrada.
Conclusión
Algunos autores suponen que el mundo subalterno difícilmente puede acceder a una voz propia. Que en la medida en que su imaginario está colonizado por una ideología hegemónica, sus propias visiones de sí y del mundo están predeterminadas y no se corresponden a la realidad inmediata de su vida. Habría, pues, un divorcio entre las “condiciones objetivas” y la “representación subjetiva” de estas condiciones.
Antonio Gramsci, sin embargo, no piensa que esto sea una fatalidad.
El concepto de “intelectual orgánico” remite a la posibilidad de un sujeto que pueda verbalizar su experiencia a partir de la descolonización de su imaginario. Es decir, pueda conceptualizar la concepción del mundo que está implícita en su propia práctica. Por ejemplo, para Gramsci en el mundo popular existen una serie de prácticas solidarias que no están teorizadas, pues en la conciencia de las personas reina la ideología individualista. Entonces, la gente puede actuar solidariamente, pero pensarse de una manera totalmente individualista. Este desfase testimonia la “hegemonía” de la ideología burguesa que impide que la gente capte lo más específico de su propia vida.
¿En qué medida puede pensarse que Koketím es un “intelectual orgánico”? De un lado está “colonizado” por la idea de una superioridad intrínseca de la cultura letrada. No obstante, del otro, él defiende su autoestima y se percibe como una persona que ha alcanzado logros de importancia gracias a la “universidad de la vida”. Koketím, por tanto, si bien acepta en principio la superioridad de lo letrado, en la práctica no se ve como pobre o carente, defiende su autonomía, su posibilidad de agencia. Expuesto tempranamente a la dureza de la vida, no se ha “perdido”. Ha convertido su ingenio en medio de vida y en su performance reivindica implícitamente los valores de la cultura popular: la proximidad, la expresión desenfadada del deseo, el afán de progreso que no implica avergonzarse de sí mismo.
Koketím no elabora los valores implícitos en su modo de vida. En ese sentido no sería un intelectual orgánico portador de una “contracultura”, alternativa a la hegemónica. Pero tampoco se deja definir y colonizar. Por tanto, podemos figurarnos a Koketím como en un lugar intermedio entre una “colonización desubjetivadora” y una “apropiación subjetivadora” de la propia vida.
[1] Ed. Red para Desarrollo de las Ciencias Sociales, Lima 2001.
