Devenir nunca es imitar, ni hacer como, ni adaptarse a un modelo, ya sea el de la justicia o el de la verdad. Nunca hay un término del que se parte, ni al que se llegue o deba llegarse. Los devenires no son fenómenos de imitación ni de asimilación, son fenómenos de doble factura, de evolución no paralela, de bodas entre dos reinos… Los devenires, es lo más imperceptible, son actos que sólo pueden estar contenidos en una idea, y que sólo pueden ser expresados en un estilo.

Un estilo
no es una estructura significante, ni una organización bien pensada, ni una inspiración espontánea, … es un agenciamiento, un agenciamiento de enunciaciones. Tener estilo es llegar a tartamudear en su propia lengua… Hay que ser bilingües, incluso en una sola lengua, hay que tener una lengua menor en el interior de nuestra propia lengua, hay que hacer un uso menor de nuestra propia lengua… Las personas siempre piensan en un devenir mayoritario (cuando sea grande, cuando tenga el poder…), cuando en realidad el verdadero problema es el de un devenir minoritario: no aparentar, no hacer o imitar al niño, al loco, a la mujer, al animal, al tartamudo o al extranjero, sino devenir todo eso para inventar nuevas fuerzas o nuevas armas.

En la neurosis la vida no deja de ser mutilada, rebajada, personalizada, mortificada, y la escritura no deja de tomarse a sí misma como finalidad.

Históricamente, se ha constituido una imagen del pensamiento llamada filosofía que impide que las personas piensen… Todo lo que pertenece a un pensamiento sin imagen, el nomadismo, la máquina de guerra, los devenires, las bodas contranatura, las capturas y los robos, los entre dos reinos, las lenguas menores, etc. es aplastado y enunciado como nocivo.

La unidad real mínima es el agenciamiento. El enunciado es producto de un agenciamiento que siempre es colectivo, y que pone en juego, en nosotros y fuera de nosotros, poblaciones, multiplicidades, territorios, devenires, afectos, acontecimientos. El nombre propio no designa un sujeto, designa a algo que ocurre cuando menos entre dos términos, que no son sujetos, sino agentes, elementos… El escritor inventa agenciamientos a partir de agenciamientos que le han inventado, hace que una multiplicidad pase a formar parte de su obra. El agenciamiento es el co-funcionamiento, la simpatía, la simbiosis… El autor, como sujeto de enunciación, es fundamentalmente un espíritu: unas veces se identifica con sus personajes, o logra que nosotros nos identifiquemos con ellos o con la idea que encierran; otras, por el contrario, introduce una instancia que le permite, y nos permite, observar, criticar, prolongar… agenciar es eso: estar en el medio, en la línea de encuentro de un mundo interior con un mundo exterior.