En: Víctor Vich. El discurso de la calle (pp. 138-139) Ed. Red para Desarrollo de las Ciencias Sociales, Lima 2001.

/yo digo a todos los hombres que nunca le peguen a una mujer / carajo / si hay acá alguna dama que me está escuchando / si su enamorado le mete la mano / hazle el pare / desahuévalo / “ahí no” / “nunca más” / termina ahí nomás / porque el hombre promete, promete hasta que te lo mete y luego cagao / porque el amor empieza con besos y abrazos / “mi vida” los primeros días / dos tres meses / cinco meses / ocho meses / “mi amor, mi vida, vamos a pasear” / todo es besos y abrazos / carajo alguien la mira y ese pata saca la cara por ti / “qué la miras a mi germa carajo” / “no la mires, no sabes que la puedes ojear / voy a tenerle que pasarle huevo toda la noche” / tanta huevada carajo / “vamos mi amor” / al cruzar la pista / “señor por favor pare su carro / va a pasar mi enamorada / va a pasar mi futura esposa / pasa mi vida / cuidado con ese papelito” /

/ así es cuando el amor recién empieza / pero cuando se casan vienen los hijos / ¿será igual? / las huevas / el hombre ya no te saca a pasear / el hombre camina solo adelante / la mujer tiene que ir corriendo con los hijos atrás / Roberto espera / “camina chucha de tu madre” / si cruza la pista / “mi amor el carro” / “muere bruja de mierda” / es así / el hombre aprovecha a esa mujer / a veces le chanca / le pega / por eso señorita estudien / prepárense / háganse de una profesión para que ese hombre no les pegue / porque ese hombre es una mierda / todos los hombres son una mierda / todos / menos yo / porque yo qué mierda le voy a pegar a una mujer / a mí me pisa / me caga /

/ el hombre carajo puta le pega a la mujer / se emborracha / pero el hombre es rata también pues / sabe a quién le pega / no le pega a cualquier mujer / no le pega a una profesional / ¿tú crees que el hombre le pegaría a una abogada? / ¿a una juez? / ¿a una psicóloga? / ¿a ver pégale a una psicóloga? / puta te cagas huón / no ves que ella sabe de cerebro / te mira / te concentra / huaaaa… / te vuelve loco / o pégale a Gaby Pérez del Solar / esa mujer que tira voley como mierda / “oye Gaby concha…” / ¿qué me has pegado? / puta ya te cagaste / más para allá / más para allá / esa mujer se hace atrás se concentra y alucina que tu cabeza es una pelota / se prepara / se acuerda de Seúl / “Manos peruanas…” / fuaaaa / punto / cagado / recoge tu cabeza en Comas huevón / o pégale a una mujer policía / ah tas huevón / a mí / concha… / ¿qué? ¿me has pegado? / ya documentos carajo mucha huevada / te desahueva / o ¿pégale a una abogada? / “¿qué Roberto me has pegado? / ya esto no se queda así / mañana se va a hinchar la mano mierda / ya te cagaste / a mí no me vas a meter la mano yo conozco mis derechos / mañana temprano te espero en el palacio” / te caga / esa mujer sabe de ley / agarra una máquina de papel / firma / tu firmas / cadena perpetua / ¿o no es así? /

/ yo digo por qué pegamos a la mujer si gracias a ella tenemos todo / gracias a ella no nos falta nada / alucina el mundo puro hombre / cómo mierda andaríamos / puta puro hombre / chucha / concha / pero gracias carajo a ella tenemos todo / por qué pegarle a una mujer si de ella salimos nosotros y tú sabes lo que aguanta una mujer nueve meses / tenerte acá adentro / encima que tú jodes huevón / pateas el hígado / jalas la tripa / puñeteas el corazón / quieres salir a cada rato / buscas hueco / tu mamá te lleva al mercado / eres una mierda / sacas la mano te robas la naranja / somos así / me haces hablar huevadas /

/ a veces carambas yo digo gracias a la mujer que tenemos de todo y encima abusamos y le pegamos / mira yo digo hasta dónde es poderosa la mujer / cuando un hombre le deja a esa mujer no se mata ah / pero el hombre ¿se mata o no se mata? / el hombre se mata / ten por tu seguridad que el hombre se mata / ¿no has visto la mayoría qué hace? / “no, mi germa me ha dejado / María sin ti la vida no vale nada” / ¿has visto? / se corta / ¿has visto? / mi germa no / tas huevón / agarra una botella / por ti María / ya… / tú también / yo digo también a los hombres por qué llegar al extremo de cortar a nuestro amigo / ¿qué mierda te ha hecho este pobre angelito? / si él en las buenas y en las malas te acompaña / donde tú vayas va contigo / tú vas al tono / estás bailando eso goza chévere / él también baila / eso ahí / por qué carajo clausurarlo / estás en una bronca / oe concha a mí tas huevón / estás / él te ayuda / mete cabezazo / ¿sí o no? / si le meten un tabazo claro ahí lo cagaron / pero cómo lo vas a cortar / si donde vayas te acompaña / ¿es así o no amigo? / ¿o tú lo has dejado colgado en tu casa? / no, no, seamos francos / donde sea nos acompaña / señor ¿sí o no? / ¿usted lo ha traído? / claro / a ver sáquelo un ratito para verlo / más bien cuídalo / estímalo / está haciendo frío téjele su chalinita ahí / envuélvelo / no vaya ser que se resfríe / le agarre moquillo /

(Pompim, Jirón de la Unión, agosto 1996)
1. Cuanto más descentrado está un sujeto, tanto más escapa la significación de su intención conciente. En un sujeto descentrado hay varios lugares de enunciación que pueden convertirse en “voces” de las que el sujeto de la enunciación no tiene por qué tener conciencia. En este sentido, lo más interesante del discurso de Pompín es la tensión entre la explícita ideología patriarcal y, de otro lado, la constatación de un poder femenino del cual el hombre es dependiente. En el mismo discurso coexisten las usuales representaciones del hombre como el género dominante, con la admisión de que este mismo hombre es dependiente del poder femenino, sin cuyo amparo no podría sobrevivir.

2. En el discurso de Pompín se configura un vínculo que podríamos llamar “dominación dependiente”. El primer término del vínculo es visibilizado e incluso criticado por Pompín. El segundo término aparece como de pasada: “mira, yo digo ¿hasta dónde es poderosa la mujer? / cuando un hombre le deja a esa mujer no se mata, ah / pero el hombre ¿se mata o no se mata? / el hombre se mata”. Es significativo que este fragmento continúe con una queja de Pompín sobre las mujeres que cortan el miembro viril de sus compañeros. Y la propuesta que las mujeres lo consideren como un “pobre angelito que te acompaña”, al cual habría que proteger: “cuídalo / estímalo / está haciendo frío, téjele su chalinita ahí / envuélvelo / no vaya a ser que se resfríe / le agarre moquillo”. La conciencia oscura del poder femenino remite a una visión minimizada del miembro viril como absolutamente vulnerable y necesitado de cuidados, pues fácilmente puede enfermarse.

3. El discurso de Pompín va mucho más lejos de las representaciones del sentido común patriarcal que oscila entre la constatación del machismo del hombre y la necesidad de éste de un autocontrol y respeto para con la mujer. Pompín pone en evidencia algo reprimido, socialmente inaceptado, pero no por todo ello menos real: el poder femenino. Melanie Klein dice que el poder es fundamentalmente femenino, puesto que ningún ser humano llega a tener tanto poder sobre otro como la madre sobre el hijo. No obstante, este poder tiene su auge en un momento temprano, que no puede simbolizarse por la falta del lenguaje. Ambos, la madre y el hijo, son convocados a “olvidar” o no registrar este poder. No obstante, este poder femenino desconocido regresa negativizado bajo figuras femeninas malas: la bruja, la arpía. Mujeres que han hecho “pacto con el demonio” y que atentan contra el “orden natural de las cosas”. El poder femenino es, pues, satanizado como destructor y malévolo. Entonces, el poder femenino es un “real” sin una expresión simbólica adecuada, pues o bien es reprimido o satanizado. Sin embargo, pese a todo, ese poder existe. Según Pompín se fundamenta en la serenidad de la mujer y en su capacidad de cuidado. Si el hombre no está protegido por una mujer, su destino es la muerte. Desde el reconocimiento de esta dependencia, al hombre sólo le queda rogarle a la mujer que no estirpe su virilidad, sino que la cobije.

4. Se configura, entonces, el mencionado patrón de “dependencia dominante”. Aunque trate de ignorarlo, el hombre es oscuramente conciente de su dependencia respecto a la mujer y desde ahí le pide que no abuse de su poder, que no lo castre, que lo deje dominar. La prevalencia de la ideología patriarcal estimula a que la mujer acepte este contrato, no tomando conciencia de sus recursos y poder, y aceptando la dominación masculina.

5. El psicoanalista Jacques Lacan piensa que aquello que llamamos “realidad” está dado por una síntesis precaria, inestable entre lo simbólico y lo real. Lo real es lo que se resiste a ser simbolizado, es aquello que se expresa desfigurando el campo de lo simbólico. Lo simbólico, mientras tanto, es el campo de los signos y las representaciones que tienden a formar sistema, pero que no pueden llegar a cerrarse sobre sí por la intrusión de lo real. Lo real que no es integrado en lo simbólico regresa como fuerza desestructuradora que impide la coherencia de la representación. En el caso concreto al que nos estamos refiriendo, ocurre que el discurso de Pompín, que en un inicio se mueve en las coordenadas del orden patriarcal, se ve súbitamente desestabilizado por el afloramiento de una constatación que mina la propia enunciación patriarcal: ese poder femenino del cual los hombres, sin querer, dependemos.

6. En síntesis, encontramos dos voces en el discurso de Pompín. Desde una enunciación patriarcal Pompín constata que las mujeres son sistemáticamente maltratadas por los hombres. “Todos los hombres son una mierda”. No obstante, Pompín se piensa una decepción, “¿yo qué mierda le voy a pegar a una mujer? / a mí me pisa / me caga”. Para Pompín la raíz de esta situación está en la falta de educación de la mujer. El hombre abusa porque la mujer es ignorante. Por tanto, la manera de lograr relaciones más equitativas sería mediante un empoderamiento de la mujer que se fundaría en la educación profesional y que haría cambiar tanto su autopercepción como la propia percepción del hombre. En esta expectativa de la educación como elemento transformador de las relaciones de género, puede registrarse la actitud fetichista hacia cultura letrada, o la hegemonía de la ideología cientificista. El conocimiento de por sí, sin necesidad de que se compruebe su fecundidad, como por arte de magia, es concebido como fuente de poder y respetabilidad. Ésta es la idea de los conjuros, de las oraciones en latín, de las referencias a los grandes pensadores. La segunda voz pone en evidencia la sensibilidad de Pompín para registrar y expresar hechos “censurados”. Para revelar, aunque sea en forma precaria, lo invisibilizado. En este sentido, Pompín va mucho más allá que los diarios chicha que se mantienen en el campo de las representaciones oficiales. Sucede que, a contracorriente de lo que él tiene en la “punta de la lengua”, Pompín se da cuenta de que la mujer tiene un poder enorme del cual nadie quiere tomar nota. Desde esta constatación Pompín vivencia la fragilidad del miembro masculino y le solicita protección a la mujer.

7. El orden patriarcal tiene como meollo una “dependencia-dominante” del varón. La represión del poder femenino y de la dependencia masculina desestabilizan lo que aparentemente tendría que ser un funcionamiento patriarcal suave y sin contratiempos. Una forma de no reconocer la dependencia, invisibilizarla, es acentuar el polo de la dominación: golpes y maltratos, que vendrían a ser, precisamente, el síntoma de que el patriarcado es una función simbólica que, sin embargo, no es lo suficientemente “real” y que se ve, por tanto, sometido a esas turbulencias de lo real.

8. Pompín lo dice, pero no lo termina de saber. Expresa un real que no llega a articular simbólicamente. De cualquier forma, su sensibilidad le permite registrar hechos que “no deberían ser”.