Quizá es el modo fundamental en que la promesa promete.

“Lo que va a venir, quizá, no es sólo esto o aquello, es finalmente, el pensamiento del quizá, el quizá mismo. Lo que llega llegará quizá, pues no se debe estar seguro jamás, ya que se trata de un llegar, pero lo que llega sería también el quizá mismo, la experiencia inaudita, completamente nueva, del quizá… pero el pensamiento del “quizá” involucra quizá el único pensamiento posible del acontecimiento. De la amistad por venir y de la amistad para el porvenir. Pues para amar la amistad no basta con llevar al otro en el duelo, hay que amar el porvenir. Y no hay categoría más justa para el porvenir que la del “quizá”. Tal pensamiento conjuga la amistad, el porvenir y el quizá para abrirse a la venida de lo que viene, es decir, necesariamente bajo el régimen de un posible cuya posibilitación debe triunfar sobre lo imposible. Pues un posible que sería solamente posible (no imposible), un posible seguramente y ciertamente posible, de antemano posible, sería un mal posible, un posible sin porvenir, un posible ya dejado de lado, cabe decir, afianzado en la vida. Sería un programa o una casualidad, un desarrollo, un desplegarse sin acontecimiento”.

Desde el momento en que uno tiene necesidad o deseo a sus enemigos, no se puede contar más que con amigos. Incluyendo ahí los enemigos, y a la inversa, es ésta la locura que nos acecha.

Ninguna respuesta, ninguna responsabilidad abolirá jamás el quizá. Que un quizá abra y preceda para siempre el preguntar, que deje en suspenso de antemano, no para neutralizarlos e inhibirlos, sino para hacerlos posibles, todos los órdenes determinados y determinantes que dependen del preguntar (investigación, el saber… la política y la ética), y he aquí una necesidad a la que intentamos hacer justicia de diversas maneras.

1. Recordando esa aquiescencia más originaria que la pregunta y que, sin decir sí a nada positivo, sólo puede afirmar la posibilidad del porvenir abriéndose a la determinalidad, en consecuencia acogiendo lo que sigue siendo determinado e indeterminable. Es realmente un quizá que no puede ser determinado todavía como dubitativo o escéptico, el quizá de lo que queda por pensar, por hacer, por vivir (hasta la muerte). Este quizá hace posible la pregunta.

2.“Lo que hay, si es que lo hay, no es necesariamente. Eso quizá no existe ni se presenta jamás, y sin embargo lo hay, puede que haya”.

El quizá es un riesgo, una anticipación incalculable. Salir de sí mismo como de sí mismo, cosa que no puede hacerse sino es dejando venir al otro, cosa que no es posible más que si el otro me precede y me previene: sólo posible si el otro es la condición de mi inmanencia.

El increíble quizá no significa lo vago y la movilidad, la confusión que precede al saber con que renuncia a toda verdad. Si es indecidible y sin verdad en su momento propio (pero precisamente es difícil asignarle un momento propio), es por ser la condición de la decisión, de la interrupción, de la revolución, de la responsabilidad y de la verdad. Los amigos del quizá son amigos de la verdad.