Conclusiones de Michael Hardt sobre Deleuze
1. Ontología
El movimiento del ser es una progresión de diferencias internas por cuanto la causa siempre es inherente a su efecto. De este modo, el movimiento ontológico se libera del juego de las negaciones y se presenta como absolutamente positivo, con una diferenciación interna. El ser que debe procurarse un apoyo externo para marcar su diferencia, el ser que debe buscar su fundamento en la negación, no es ningún ser en absoluto. Como sabremos por los argumentos escolásticos sobre la productividad y la producibilidad del ser, sus actitudes para producir y ser producido, una cosa no puede ser la causa necesaria de algo exterior a ella, y un efecto no puede tener más perfección y más realidad que su causa. La dignidad del ser es, precisamente, su poder, su producción interna, es decir, la genealogía causal eficiente que surge desde adentro, la diferencia positiva que marca su singularidad. El ser real es singular y unívoco; es diferente en sí mismo. De esta diferencia eficiente que reside en el corazón mismo del ser fluye la multiplicidad real del mundo.
El materialismo es un repudio de la subordinación del mundo corporal al mental, también es una exaltación del ser respecto de esas dos esferas. El ser de Deleuze es lógicamente, anterior al pensamiento y lo contiene, y es, así mismo, anterior a la extensión. Siempre está plenamente expresado en el cuerpo y en el pensamiento. Una ontología materialista es, ante todo, una ontología del poder.
2. La Afirmación
La afirmación no se opone a la crítica, se basa en una crítica total y minuciosa que lleva hasta el límite las fuerzas de la negación. La afirmación está íntimamente vinculada con el antagonismo. La clave de esta concepción alternativa es el carácter absoluto, no dialéctico, del momento negativo.
La crítica total siempre es insurrecta, es un ataque irrestricto a los valores establecidos y a los poderes dominantes que tales valores sostienen; es una apuesta en cuestión de todo el horizonte contemporáneo. La destrucción sin reservas crea el espacio para que surjan fuerzas creativas, libres y originales. El sí del asno, el sí del que no sabe cómo decir que no, es meramente una caricatura de la afirmación. Por el contrario, sólo aquel que sabe cómo ejercer una poderosa negación puede proponer una real afirmación. El no de la crítica total, la expresión de una negación irrestricta, es liberadora, lo vuelve a uno más liviano.
“Afirmar no significa hacerse responsable de lo que es, hacerse cargo de lo que es sino liberar, dejar libre lo que vive. Afirmar es descargar, no cargar la vida con el peso de los valores más elevados, sino crear nuevos valores que son los de la vida, los que hacen que la vida sea liviana y activa. La afirmación es en verdad la creación del ser, el concepto de afirmación le permite a Deleuze transportar el poder de su ontología al terreno del sentido y del valor y formular así, una ética del ser. La ética es aquí, precisamente, una línea de conducta o una guía práctica para expresar el poder, para producir activamente el ser”.
3. La Práctica
“El sentimiento de alegría se presenta como el sentido propiamente ético; es a la práctica lo que la afirmación misma es a la especulación. Una filosofía de pura afirmación, la ética es también una filosofía de la alegría, correspondiente a tal afirmación”. La afirmación de la especulación debe, pues, complementarse con el goce de la práctica. La ética realiza su plena fuerza constructiva como una constitución práctica del ser. La alegría es el momento que crea el ser por venir.
El poder permite poner en marcha las fuerzas creativas. Deleuze identifica dos calidades de poder: el poder vinculado con lo que pueda ser, y el poder separado de lo que pueda ser. En el primer caso, tenemos lo adecuado, aquello que expresa o abarca o comprende su causa. En el segundo, lo inadecuado es mudo. Lo adecuado se vincula hacia delante con lo que pueda ser, pero también se vincula hacia atrás con su genealogía interna de afectos, la genealogía de su propia producción.
El poder de actuar y de existir tiene como fundamento el poder de ser afectado. El poder de ser afectado revela distinciones dentro de nuestro poder, mientras que el poder de actuar se presenta como espontaneidad pura, indiferenciado, y, por lo tanto, continúa siendo paco de nuestro análisis. En el poder de ser afectado se debe distinguir las afecciones activas y las afecciones pasivas. Dentro de estas últimas hay que distinguir, a su vez, las afecciones pasivas alegres y las afecciones pasivas tristes. Nuestro poder de ser afectados está dominado por afecciones pasivas, mayormente tristes. Este “pesimismo” es el punto de partida para una práctica alegre. Con esta evaluación realista de nuestra condición estamos preparados para empezar a recorrer el sendero que nos lleve a aumentar nuestro poder, que nos permita llegar a ser alegres, llegar a ser activos.
Deleuze comienza la elaboración de la práctica en el campo de los encuentros casuales y se concentra en los encuentros con cuerpos que concuerdan con nuestra naturaleza, que aumentan nuestro poder: encuentros que engendran pasiones alegres. Una pasión alegre, puesto que es una pasión, será siempre resultado de una causa externa, por lo tanto, siempre indicará una idea inadecuada; pero como es alegre, a pesar de todo, hay un camino hacia la adecuación: “por lo tanto, debemos, con ayuda de las pasiones alegres, formar la idea de lo que es común a algún cuerpo externo y nuestro propio cuerpo. Pues esta idea sola, esta noción común, es adecuada”. Las pasiones alegres son la condición previa para la práctica, son la materia prima de la construcción de la idea común. En efecto, la noción común ya está latente en la pasión alegre, porque la alegría necesariamente es el resultado del encuentro con un cuerpo que tiene una relación compatible o componible con nuestro propio cuerpo. La alegría del encuentro es, precisamente, la composición de los dos cuerpos en uno nuevo, más potente. Cuando nuestro espíritu se forma a la idea de la relación común compartida entre este cuerpo y nuestro cuerpo (una noción común), la afección alegre deja de ser pasiva y se vuelve activa. La construcción de la noción común es, en efecto, la inclusión o comprensión de la causa de la afección y una afección que expresa su causa ya no es pasiva sino activa. La alegría de la afección activa ya no es contingente de un encuentro causal; la alegría sustentada por la noción común es la alegría que retorna. Éste es el proceso práctico que desarrollan los mandatos éticos de Deleuze: llegar a ser alegre, llegar a ser activo.
El ser es una estructura híbrida construida mediante la práctica alegre. La práctica de la alegría es la constitución activa del ser.
